

El anuncio no llegó a través de un comunicado oficial ni de un posteo en redes: un cartel colgado en el stand de la 50ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires fue la despedida: “Es nuestra última feria, y nuestro último año de actividad”.
Ediciones de la Flor fue fundada en 1966 por Daniel Divinsky y Ana María “Kuki” Miller y se consolidó como una referencia del campo editorial independiente argentino, con un catálogo que incluyó autores nacionales e internacionales de peso.
Durante décadas, publicó a Quino, Roberto Fontanarrosa, Caloi y Liniers, entre otros.
Por qué cerró la editorial que publicó a Mafalda durante 60 años
Los motivos son varios y se acumularon con el tiempo. El año pasado, los sobrinos y herederos de Quino anunciaron que toda la obra de Joaquín Lavado pasaría al sello Sudamericana, de la multinacional Penguin Random House.

Esto representó para la pequeña editorial un golpe profundo, ya que Mafalda era uno de sus principales “longsellers”.
A esto se sumó la caída en el consumo, el aumento en los costos, los cambios en los modos de editar, la edad de la directora, de 82 años, y la falta de sucesores.
En la carta de despedida, sus fundadores expresaron: “Nuestros autores más importantes han sido nuestra familia, pero sus herederos eligieron otros rumbos. Editar libros en la Argentina siempre fue una carrera con vallas y hasta aquí hemos llegado a los saltos”.
Asimismo expresaron: “Hoy la tecnología y el estado de la economía exigen nuevos y muy diferentes desafíos, que resultan determinantes para una editorial que ha mantenido su independencia como bandera. Es nuestra última feria, y nuestro último año de actividad“.
Kuki Miller aclaró que la editorial continuará operando hasta fines de 2026 para concluir trámites administrativos y recoger libros distribuidos en consignación. También fue tajante en un punto: nunca la venderían.
La industria editorial argentina en la actualidad
La industria editorial argentina atraviesa una situación compleja marcada por la combinación de dificultades económicas estructurales y cambios en los hábitos de consumo cultural.
Las editoriales, especialmente las pequeñas y medianas, enfrentan altos costos de producción debido a la inflación, el encarecimiento del papel y las limitaciones para importar insumos, lo que repercute directamente en el precio final de los libros.
Esto, sumado a la pérdida de poder adquisitivo del público, reduce las ventas y obliga a achicar tiradas, postergar lanzamientos o apostar por autores ya consolidados en lugar de nuevos proyectos.
A su vez, muchas librerías independientes tuvieron que cerrar o reinventarse, lo que restringe aún más los canales de distribución y visibilidad para la producción editorial local.


















