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Este 21 de abril se cumple el primer aniversario del fallecimiento del Papa Francisco, y las conmemoraciones están a la orden del día en todo el mundo.
En este contexto, usuarios de redes sociales rescataron un documento que, fiel al estilo de Jorge Bergoglio, rompió con las estructuras habituales del mensaje vaticano: “Si pudieras hacer un milagro, ¿cuál sería?”, le propuso un niño.
La carta del Papa Francisco a un niño estadounidense
Se trató de la respuesta que el Pontífice le envió a William, un niño de 7 años residente en Estados Unidos, quien le hico una pregunta que interpeló por completo a Francisco: “Si pudieras hacer un milagro, ¿cuál sería?”.
Este intercambio no solo recobró notoriedad por la simpleza del planteo, sino porque expuso la postura del líder religioso ante uno de los dilemas más complejos de la teología: el origen del mal y el sufrimiento de los inocentes.

“Querido Papa Francisco”: el origen del intercambio
La correspondencia formó parte del proyecto literario “Querido Papa Francisco”. William acompañó su inquietud con un dibujo que incluyó una cruz, un arcoíris y un sol.
Según los registros de la editorial Loyola Press, Francisco no delegó la tarea: se sentó con cada carta y dictó sus respuestas, las cuales se transcribieron fielmente para mantener el sentido original de sus palabras.
La respuesta de Francisco y una confesión sobre el dolor
En su respuesta, Francisco reconoció la falta de respuestas racionales ante el sufrimiento de los niños, a quienes, de hecho, les cumpliría un milagro.
“Sanaría a los niños. Nunca entendí por qué los niños sufren. Es un misterio para mí. No tengo una explicación”.
En la misiva, explica que se cuestionó internamente sobre este tema.

“Me pregunto sobre esto y rezo por tu pregunta. ¿Por qué sufren los niños? Mi corazón se hace esa pregunta. Jesús lloró y, al llorar, entendió nuestras tragedias", continuó al tiempo que reforzó cuál sería el destino de su milagro: “Sí, si pudiera realizar un milagro, sanaría a cada niño”.
En cuando a cómo procesaba la injusticia propia del sufrimiento de los inocentes, Francisco sentenció: “Mi respuesta al dolor de los niños es el silencio, o quizás una palabra que surja de mis lágrimas”.
Hacia el final de la misiva, le dijo al niño: “No tuve miedo de llorar. Vos tampoco deberías tenerlo”.













