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En plena Puna salteña, a más de 4100 metros sobre el nivel del mar, existe un antiguo pueblo minero que llegó a albergar a 3000 personas y hoy conserva poco más que las huellas de su pasado industrial. La Casualidad creció alrededor de una explotación de azufre, pero el cierre de la actividad dejó sus edificios abandonados.

Durante su época de mayor desarrollo, la localidad contaba con viviendas, comercios y servicios que permitían sostener la vida cotidiana de trabajadores y familias en una zona de altura extrema. Entre sus instalaciones había una escuela, una iglesia, un cine, un hotel, una confitería, espacios deportivos y una oficina de correo. Una de sus obras más llamativas era un cable carril de 15 kilómetros, que conectaba la mina con la planta de procesamiento.

Cómo funcionaba la mina que dio vida a La Casualidad

La explotación comenzó en la década de 1940 y tuvo como centro la Mina Julia, ubicada en la cordillera salteña, cerca de la frontera con Chile y a más de 5000 metros de altura. Allí se extraía el azufre, que luego era transportado mediante el cable carril hasta La Casualidad. En el pueblo, el mineral llegaba a una planta donde se realizaba el procesamiento antes de continuar su recorrido.

Estación del Ramal 14 del Ferrocarril General Belgrano en Salta, Argentina.
Estación del Ramal 14 del Ferrocarril General Belgrano en Salta, Argentina.Wikimedia Commons

Una vez preparado, el material se cargaba en camiones que lo llevaban hasta la estación ferroviaria de Caipé. Desde allí, el azufre viajaba hacia la ciudad de Salta por el ramal C-14 del Ferrocarril Belgrano. El movimiento económico generado por esta cadena productiva impulsó el crecimiento del poblado, que llegó a reunir cerca de 3000 habitantes, entre operarios, técnicos, comerciantes y sus familias.

Por qué el pueblo quedó abandonado

La actividad minera comenzó a declinar durante la segunda mitad de la década de 1970, hasta que el establecimiento cerró. Sin la principal fuente de empleo, los habitantes se trasladaron progresivamente a otras localidades y La Casualidad perdió la población que había sostenido su desarrollo. Las casas, las instalaciones industriales y los edificios públicos quedaron expuestos al deterioro provocado por el paso del tiempo.

En la actualidad, el antiguo asentamiento conserva unas 100 construcciones en ruinas que permiten dimensionar la magnitud del pueblo que existió allí. Las estructuras abandonadas y los restos de la infraestructura minera permanecen en medio del paisaje de altura de los Andes salteños, como vestigios de una comunidad que se formó alrededor del azufre y desapareció después del cierre de la explotación.