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El Banco Central redujo el ritmo de compra de dólares en el comienzo de agosto. Viene de un período de fuerte acumulación, ya cumplió el objetivo de reservas netas correspondiente a la revisión de junio con el Fondo Monetario Internacional. Sin embargo, la dinámica cambió en las últimas ruedas y ahora se abrió un interrogante en el mercado: ¿cuánto margen tendrá para seguir acumulando reservas durante el segundo semestre?
Y es que la oferta de divisas pierde el impulso estacional en esta época del año y el Gobierno busca evitar que el tipo de cambio supere de manera sostenida los $ 1500. Si bien acumula alrededor de u$s 13.400 millones en compras y las reservas brutas se ubican en u$s 49.300 millones, después de comprar casi u$s 2000 millones durante julio, el Central sumó apenas u$s 95 millones en las primeras cuatro jornadas de agosto.
El freno no respondió a una restricción formal del esquema cambiario. El techo de la banda se ubica en torno a los $ 1.851, aproximadamente un 25% por encima del spot. En los hechos, sin embargo, el Gobierno parece haber convertido los $ 1.500 en una referencia implícita para el mercado.
Aunque el régimen permite una mayor flotación, el equipo económico busca evitar que el dólar se aleje de ese nivel por el impacto que podría tener sobre la inflación y las expectativas, especialmente a medida que se acerca el calendario electoral.
La estrategia introduce un dilema para el Central: cuanto más agresivamente salga a comprar dólares, mayor será la presión que puede ejercer sobre la cotización. Pero si prioriza mantener contenido el tipo de cambio y reduce sus intervenciones, también se desacelera la acumulación de reservas.
Menos dólares en el segundo semestre
A ese condicionante cambiario se suma la estacionalidad del mercado. Superados los meses de mayor liquidación de la cosecha gruesa, el ingreso de dólares del agro tiende naturalmente a moderarse. Y este año aparecen factores adicionales que pueden reducir esa oferta.
Federico Glustein advirtió que las lluvias afectaron campos y que la liquidación se encuentra por debajo de los niveles habituales para esta altura del año, en un período en el que el flujo de divisas del sector ya disminuye por la propia estacionalidad de la cosecha.
El economista también señaló el efecto del invierno sobre la balanza energética. La Argentina todavía necesita importar gas durante los meses de mayor demanda, lo que genera una salida de divisas en un contexto marcado por la volatilidad del petróleo y de los precios internacionales de sus derivados.
La menor liquidez del mercado agrega otra dificultad. Según Glustein, la escasez de pesos ayuda actualmente a reducir la presión cambiaria, pero al mismo tiempo limita la capacidad del Banco Central para comprar dólares. El escenario podría volverse más complejo si un menor rollover en las próximas licitaciones del Tesoro deja más pesos en circulación y aumenta la demanda de divisas.
El petróleo, entre el precio y las cantidades
La energía aparece como una de las variables centrales para determinar la disponibilidad de dólares durante los próximos meses.
La caída o volatilidad del precio internacional del petróleo puede reducir el valor de las exportaciones, aunque el crecimiento de las cantidades exportadas juega en sentido contrario.
Nicolás Sibecas, cofundador de Inversiones Andinas, destacó que el sector energético generó más de US$ 5.000 millones de superávit durante el primer semestre y consideró que no debe perderse de vista el incremento de los volúmenes exportados.
Hacia adelante, ese proceso podría profundizarse con proyectos como el Oleoducto Vaca Muerta Sur, cuya entrada en funcionamiento está prevista hacia fines de año.
Para Sibecas, por ese motivo, la volatilidad del crudo no implica necesariamente que la energía vaya a dejar de aportar dólares. El aumento de las cantidades podría compensar, al menos parcialmente, un escenario de precios internacionales menos favorable.
El agro y las ON, las otras fuentes de dólares
Sibecas tampoco observa, por ahora, un problema estructural para la acumulación de reservas.
En el frente agropecuario, señaló que las perspectivas de buenas lluvias permiten anticipar una campaña favorable. Aunque los precios internacionales no acompañan completamente, consideró que la reducción de las retenciones funciona como un incentivo para incrementar las cantidades exportadas.
El tercer factor que podría aportar divisas aparece por el lado financiero.
Sibecas espera que durante el segundo semestre muchas empresas aceleren la emisión de obligaciones negociables (ON) para conseguir financiamiento y dejar cerrados sus programas financieros de 2027 antes de ingresar plenamente en “modo electoral”.
Una parte de esos dólares podría terminar en el mercado cambiario y ampliar el margen para que el BCRA continúe comprando.
La meta con el FMI
Pese a la desaceleración reciente, Federico Machado, economista de OPEN, relativizó la presión que enfrenta el Central para acumular reservas de manera inmediata.
Machado sostuvo que el FMI viene mostrando una postura permisiva con la Argentina y consideró que la meta prevista para diciembre ya estaría asegurada. Bajo esa lectura, el BCRA no necesitaría mantener durante todo el segundo semestre el fuerte ritmo de compras registrado hasta ahora.
El economista vinculó el freno reciente con una mayor presión cambiaria propia del momento del año y con la caída del precio del petróleo, que implica un menor flujo de divisas proveniente del sector energético. Sin embargo, aclaró que por ahora no considera que esa situación pueda transformarse en un conflicto.
En caso de que la presión sobre el dólar persista, Machado consideró que el Central tendrá que permitir una mayor flotación de la moneda, pero manteniendo al menos un ritmo mínimo de compras.
Las elecciones, el otro condicionante
El calendario electoral agrega una dificultad adicional para la estrategia del Banco Central.
Glustein advirtió que ya comenzó a observarse un proceso de dolarización que podría intensificarse a medida que se acerquen las elecciones. Una mayor demanda privada de dólares implica que el BCRA deberá competir por una oferta de divisas más limitada si pretende continuar acumulando reservas sin convalidar una suba significativa del tipo de cambio.
Además, si la actividad económica continúa recuperándose, también podría aumentar la salida de dólares por importaciones. Para Glustein, ese efecto probablemente se haga más visible hacia adelante y constituye otro de los factores que pueden dificultar la acumulación.
El economista tampoco descartó que hacia fin de año aparezca alguna medida excepcional destinada a favorecer el ingreso de divisas, como ocurrió anteriormente con modificaciones transitorias de las retenciones, aunque aclaró que actualmente no existen señales de que el Gobierno vaya a avanzar en esa dirección.
El desafío para el BCRA
El escenario no implica necesariamente que el Central vaya a tener problemas para cumplir con el FMI. De hecho, el punto de partida es considerablemente más favorable que meses atrás.
Según datos de Arriazu, además, el shock generado por el conflicto con Irán mejoró fuertemente las perspectivas externas: la estimación de superávit comercial para 2026 pasó de US$ 13.500 millones a US$ 27.000 millones y la cuenta corriente arrojaría un resultado positivo de alrededor de US$ 9.000 millones.
La discusión pasa, entonces, por el ritmo al que el BCRA podrá continuar comprando dólares.
Durante el segundo semestre tendrá que hacerlo con una menor oferta estacional del agro, un escenario energético condicionado por la evolución del precio del petróleo, mayores importaciones si continúa recuperándose la actividad y una dolarización que puede profundizarse a medida que se acerquen las elecciones.
Todo eso mientras el Gobierno intenta mantener al dólar en torno a los $ 1.500.
El desafío será encontrar el equilibrio entre ambos objetivos: seguir fortaleciendo las reservas sin que las propias compras del Banco Central terminen empujando el tipo de cambio por encima del nivel que el equipo económico busca preservar.
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