El IPC de agosto podría volver a empezar con el 1 adelante. El mercado sigue viendo que existen argumentos para ver mayor desinflación, a pesar del rebote del IPC al 2,1% en julio, desde el 1,9% de junio.
Cual es la expectativa de los inversores y como preparan las carteras en pesos de cara a la segunda parte del año.
Regreso de la desinflación
La inflación de julio fue de 2,1% mensual, acelerando 0,2pp contra el dato de junio.
De esta manera, la inflación general mensual acelera tras 3 meses consecutivos de desaceleración, a la vez que vuelve a ubicarse por encima de 2,0% mensual tras el 1,9% de junio, afectada principalmente por estacionales.
En términos interanuales, la inflación aceleró 0,3pp a 33,8% interanual y acumula en 2026 una inflación de 19,3% cuando en igual período de 2025 había acumulado 17,4%.

Pese a que el ultimo registro de inflación apuntó al alza, los datos de alta frecuencia vienen mostrando buenas señales para el gobierno.
Según el IPC-OJF, la medición de punta a punta de las últimas cuatro semanas cayó con fuerza durante julio, pasando de niveles superiores al 2% mensual a ubicarse por debajo del 1%.
El movimiento estuvo acompañado por registros semanales muy bajos e incluso por una semana de variación negativa, lo que sugiere una moderación significativa en el ritmo de aumento de los precios más recientes.
La mejora también empieza a trasladarse al promedio móvil mensual, una medida menos volátil y que permite observar mejor la tendencia.
Tras mantenerse durante buena parte de mayo y junio en torno al 2,2%-2,4%, el indicador comenzó a descender con mayor velocidad y se aproxima al 1,5% mensual.
De sostenerse esta dinámica, los datos anticipan un escenario de desinflación más marcada en el corto plazo, aunque será clave confirmar que los bajos registros semanales se mantengan durante las próximas mediciones y no respondan únicamente a factores transitorios.
Los analistas de Facimex Valores resalaron que los datos de alta frecuencia evolucionan de manera muy favorable.
De esta manera, y mirando hacia lo que queda del año, desde Facimex Valores indicaron que se mantienen más optimistas que el REM.
“Nuestro escenario base contempla que la inflación mensual podrá perforar el 1,5% mensual en el cuarto trimestre del año y que el año cerrará en 28,4%, más optimista que el 29,8% del consenso del REM”, dijeron.

Los analistas de IEB consideraron que el dato de julio fue un rebote puntual y no marca un cambio de tendencia.
“Con una política monetaria con sesgo contractivo, el tipo de cambio contenido y la estacionalidad favorable en carnes, esperamos que la inflación regrese a su sendero descendente. Igualmente, la desinflación no será abrupta ya que una parte de la canasta está indexada y el Gobierno continúa con el ajuste de los precios regulados”, explicaron.
Los analistas de Max Capital señalaron que el ultimo IPC por encima de las expectativas estuvo explicado principalmente por factores estacionales, seguidos por los precios regulados, mientras que la dinámica subyacente continuó ejerciendo presión a la baja sobre el índice.
Hacia adelante, desde Max Capital indicaron que para julio esperan que la inflación se ubique en torno a 1,7% mensual.
“Los indicadores de alta frecuencia apuntan a una inflación mensual en el rango de 1,6% mensual a1,8% mensual, debido a una desaceleración de los precios estacionales, y la última encuesta de expectativas del banco central apunta a 1,8% mensual. Para el año, esperamos una inflación de 28,8%”, remarcaron.
Lo que indica el REM y los break even
La expectativa de menor inflación también está incluida en las proyecciones del REM.
Los economistas encuestados en el REM proyectaron una inflación promedio del 1,9% para el tercer trimestre y se cerraría el año con un promedio de 1,7% en el último cuarto del año.
Además, la inflación implícita en los precios de bonos tiene incorporada ahora un IPC en niveles de 1,8% mensual en los próximos meses y apuntando al 1,6% promedio en el último trimestre del año.

Los analistas de PPI afirmaron en un informe enviado a sus clientes que no creen que el proceso de desinflación haya llegado a su fin.
En esa línea, remarcaron que julio parece haber sido una pausa en una tendencia que, como sabemos, no tiene por qué ser lineal.
“De cara a los próximos meses, la principal variable a monitorear seguirá siendo el tipo de cambio y, por extensión, su impacto sobre la inflación. En este sentido, la última licitación del Tesoro puede leerse como una señal de que el Gobierno continúa priorizando un escenario de dólar por debajo de los $1500, aun a costa de mantener las tasas de interés más altas que hace dos semanas. Si la estabilidad cambiaria continúa, la inflación podría retomar su tendencia descendente en agosto”, estimaron.
Juan Manuel Franco, economista jefe de Grupo SBS, detalló que para el mes de agosto, su seguimiento de precios de alta frecuencia indica que, en el arranque del mes, la inflación habría arrancado el mes con una desaceleración en el ritmo de 4 semanas contra 4 semanas respecto al nivel de cierre de julio.
De todas formas, advierte que existen factores de riesgo locales que pueden complicar la dinámica inflacionaria como la agenda de regulados comprenderá incrementos colectivos y subte en el AMBA, aumentos en peajes, AySA y otros servicios pú-blicos como gas y electricidad, así como prepagas, colegios y telecomunicaciones, entre otros.
Por otro lado, entre los factores externos, la clave pasa por lo que suceda con los combustibles, cuya trayectoria vendrá dada por el mix entre la política de YPF, los precios internacionales del Brent y el tipo de cambio.
Para lo que queda del año, Franco estimó que la inflación de 2026 cerrará en la zona de 29% a 30%, con un segundo semestre cuya trayectoria dependerá de la interacción entre los factores repasados.
“La combinación de orden fiscal y prudencia monetaria continúa siendo la condición necesaria para consolidar el proceso de desinflación iniciado en 2024, ahora con el desafío adicional de calibrar liquidez, tipo de cambio y crédito, en un momento en la actividad en los sectores rezagados aún no muestra señales de impulso concreto. Los factores exógenos, con el crudo y el sesgo de la Fed a la cabeza, seguirán aportando ruido coyuntural que también habrá que monitorear”, detalló Franco.

La velocidad de la desinflación
Al margen del rebote en la inflación en el corto plazo, el Gobierno no desvía el rumbo y se muestra decidido en bajar la inflación lo más rápido posible, sin embargo, la experiencia no muestra que ello sea posible.
Según un relevamiento de Grupo IEB, la experiencia latinoamericana muestra que llevar la inflación desde niveles superiores al 30% anual hasta un dígito suele ser un proceso prolongado, aunque con importantes diferencias entre países.
Ecuador y Brasil fueron los casos de desinflación más rápida, al necesitar apenas dos años para alcanzar registros inferiores al 10%, mientras que México, Perú y Uruguay demoraron cuatro años.
En otros casos, el camino fue considerablemente más extenso: Guatemala necesitó seis años, Paraguay y Colombia nueve, y Chile, El Salvador y Honduras alrededor de una década.
Los antecedentes regionales muestran así que reducir inicialmente una inflación muy elevada no garantiza una rápida convergencia hacia niveles bajos y sostenibles. De hecho, la etapa final del proceso de desinflación puede resultar más lenta y desafiante, ya que requiere consolidar expectativas, mantener la disciplina macroeconómica y evitar nuevos shocks que vuelvan a impulsar los precios.
En ese sentido, la historia de la región refleja que alcanzar una inflación de un dígito y sostenerla en el tiempo puede demandar varios años, incluso después de haber conseguido una fuerte desaceleración inicial.

Hacia adelante, desde IEB indicaron que generalmente los procesos de desinflación no son lineales, y el tramo final suele ser el más difícil.
Según sus análisis, la experiencia regional demuestra que, salvo Ecuador (dolarización, 2000) y Brasil (Plan Real, 1994), al resto de la región le llevó entre 4 y 10 años bajar la inflación desde niveles cercanos al 30% hasta un dígito de forma sostenida.
Los analistas de Research Mariva afirmaron que, a pesar de un ligero aumento de la inflación subyacente (1,8% de julio frente al 1,6% de junio), mantienen la confianza en el proceso de desinflación.
“Los tres principales factores que contribuyeron al repunte de la inflación en los primeros cuatro meses del año (productos cárnicos, combustibles y facturas de servicios públicos) parecen haber superado sus impactos idiosincrásicos. La política monetaria se mantiene restrictiva en un contexto de desaceleración de la demanda agregada”, detallaron.
En cuanto a la velocidad de la desinflación, los analistas de Research Mariva coincidieron en que si bien los precios deberían bajar con el tiempo, el proceso puede ser doloroso e inestable.
“La debilidad en la demanda de dinero, derivada de la incertidumbre previa a las elecciones presidenciales, podría representar otro revés. Por lo tanto, si las expectativas de inflación persisten y el peso se debilita, el costo de una desinflación rápida podría resultar insostenible, lo que llevaría a las autoridades a optar por un enfoque más lento”, agregaron.
Inversiones en pesos
La curva de bonos CER presenta una pendiente fuertemente positiva, con rendimientos reales que aumentan de manera considerable a medida que se extienden los vencimientos.
En el tramo más corto, las Lecer y los títulos con vencimientos cercanos ofrecen tasas del orden de CER +2% a +4% anual, mientras que hacia 2027 los retornos comienzan a ubicarse entre CER +5% y CER +7,5%.
El salto se vuelve todavía más evidente en los vencimientos de mayor plazo.
Los bonos hacia 2028, como el TX28, TZX28 y TZXS8, muestran rendimientos que se ubican aproximadamente entre CER +7,5% y CER +9% anual.
Es decir, además del ajuste del capital por inflación, estos instrumentos ofrecen una tasa real considerablemente elevada.
La fuerte pendiente de la curva refleja que el mercado exige una prima cada vez mayor para extender duración, especialmente para los vencimientos posteriores a 2027.
De esta manera, las elevadas tasas reales del tramo largo pueden representar una oportunidad ante una eventual compresión de rendimientos, aunque también reflejan que los inversores asignan un mayor riesgo crediticio y soberano a esos plazos.
Dadas las proyecciones de inflación y las tasas de interés de los bonos CER, el mercado evalúa las alternativas de inversión.

En cuanto a posicionamiento, desde IEB ven mayor atractivo en los bonos con ajuste TAMAR.
Estos bonos no sólo porque devengan una tasa atractiva y otorgan el beneficio de la cobertura en casos de suba de tasas, sino también porque el desarme de estos bonos las últimas semanas les dejó un margen atractivo. El dual CER/TAMAR a junio 2029, por caso, rinde TAMAR +9,25%, con la opcionalidad del ajuste CER + 6,7%. Para liquidez de corto plazo, el TTD26 rinde +1,9% respectivamente y vence en 4 meses”, dijeron desde IEB.
Las tasas de interés de corto plazo en pesos muestran actualmente un escenario de mayor estabilidad y menor volatilidad, luego de las fuertes oscilaciones registradas entre fines de 2025 y los primeros meses de 2026.
La caución a un día, la TAMAR, las Lecap de corto plazo y los pases entre terceros convergieron hacia niveles cercanos al 1,7% a 2% de tasa efectiva mensual (TEM), dejando atrás los picos que, en algunos casos, habían superado ampliamente el 3% mensual a comienzos del año.
En el margen, sin embargo, se observa un leve repunte de las tasas cortas, consistente con un escenario de menor liquidez excedente en el sistema financiero. A fines de julio, por ejemplo, la caución llegó a operar en torno al 24% TNA, mientras que los pases entre terceros y la TAMAR de bancos privados se ubicaron alrededor del 23%.
Aun así, el movimiento luce mucho más acotado que los episodios de volatilidad de comienzos de año y las tasas continúan concentrándose alrededor del 2% TEM.
De esta manera, el mercado monetario parece haber encontrado un nuevo equilibrio para el costo del dinero de muy corto plazo, con rendimientos nominales que vuelven a ofrecer cierto atractivo para las estrategias de liquidez y carry en pesos.
La contrapartida es que, con tasas mucho más comprimidas que las observadas a comienzos de 2026, el margen de protección frente a una eventual aceleración del dólar también resulta más reducido.

En cuanto al posicionamiento, los especialistas de Facimex Valores consideran que estos niveles de valuación restan atractivo al CER largo haciendo más razonable concentrar la exposición pura a CER en vencimientos previos a junio de 2027.
A ello lo combinan con la estrategia de concentrar la exposición a TAMAR para vencimientos durante el tercer trimestre de 2027 y luego canalizar la exposición a instrumentos más largos esencialmente a través de Duales CER-TAMAR a 2028 y el Dual DL-TAMAR a enero 2028.
En cuanto a las inversiones, desde IOL se inclinan por bonos CER de corto plazo.
“A pesar de la reciente corrección de la inflación break-even al alza (convergiendo a nuestro escenario estimado), continuamos observando un diferencial a favor de la deuda CER en términos de rendimiento bajo nuestro escenario base. Nos mantenemos sobreponderando la X30N6 a la espera de mayores indicios que nos permitan concluir que el ritmo de inflación podría desacelerarse aún más”, dijeron.















