A prueba de tasas

El mercado cambiario mundial resistió la pandemia mejor que lo que se esperaba

Los analistas destacan que la volatilidad evidenciada en el mayor mercado financiero del mundo fue bastante inferior a la que sufrió en momentos de la crisis subprime en 2008.

Si la pandemia de coronavirus provocó severos trastornos en la economía mundial y en los distintos mercados financieros, hay uno de ellos que resistió mejor que lo esperado por los analistas.

Se trata del mercado internacional de divisas, el más grande por volumen, ya que cada día se negocian unos u$s 5 billones, equivalente a varios meses de operaciones en todo el mercado de acciones de Wall Street.

Pero, a pesar de su tamaño, la volatilidad que sufrió durante el año pasado fue significativamente inferior a la evidenciada durante la crisis subprime de 2008.

Si a lo largo de 2020 el tipo de cambio entre el euro y el dólar (el de mayor volumen negociado) osciló entre u$s 1,06 y u$s 1,22 (variación del 15%), en 2008 este movimiento había sido muy superior: entre u$s 1,07 y u$s 1,58 (47%).

Si se tiene en cuenta el enorme impacto que la pandemia ha traído a la humanidad entera, con fuertes caídas en el nivel de actividad en todos los países, llama la atención lo poco volátil que resultó el mercado cambiario en medio del torbellino.

Por supuesto, no todas las monedas tuvieron la misma reacción. En el caso de la libra esterlina, la aparición del Covid-19 coincidió con el final de la negociación del Reino Unido para separarse de la Unión Europea, lo que sin duda afectó a su divisa, debilitándola mucho más que el efecto negativo de la crisis sanitaria global. Fue así que, cuando apareció el coronavirus, el tipo de cambio de la libra contra el dólar se depreció a su mínimo valor de los últimos 35 años (u$s 1,14 por libra).

Pero en líneas generales, las principales monedas mundiales salieron bastante bien paradas de la pandemia, sobre todo porque se las consideró como valores refugio, como suele suceder ante cada crisis profunda.

El dólar volvió a ser visto por los inversores como una garantía de solidez, por más que la economía de Estados Unidos sufrió como pocos por la falta de una política sanitaria coordinada a nivel federal y que el nivel estratosférico de su deuda soberana genere inquietud en los inversores.

El euro, por su parte, también salió fortalecido de esta inédita coyuntura, puesto que se convirtió en una de las principales monedas de financiamiento de los enormes préstamos que varios gobiernos tuvieron que tomar para evitar el colapso de sus economías.

Ahora que las economías más desarrolladas ya empezaron a vacunar de manera intensiva a sus poblaciones, la confianza vuelve a cada uno de estos países, lo que va a repercutir también en el mercado cambiario mundial.

Sin embargo, en materia de volatilidad, para los analistas, las principales amenazas no provienen necesariamente de la segunda ola de covid que se abatió sobre el hemisferio norte a fines del año pasado. Esto obligó a muchos gobiernos a frenar las aperturas y retroceder varios casilleros en las medidas de confinamiento de sus habitantes.

CRIPTOMONEDAS

En cambio, como suele suceder en muchos de estos casos, el peor enemigo ya está adentro de la fortaleza y se refleja en el boom de las criptomonedas. Si bien su mercado ha venido sufriendo una volatilidad muy elevada, la burbuja especulativa que existe hoy en día (para muchos analistas no es tal) podría llevarse por delante al mercado de divisas, si la tendencia alcista logra sostenerse en el tiempo.

Porque después de la fenomenal apuesta de Elon Musk, dueño y fundador de Tesla, quien invirtió u$s 1500 millones en bitcoins a principios de febrero pasado, los inversores salieron disparados como si se tratara de la fiebre del oro. Por más que haya un claro efecto manada en este mercado, un gurú financiero como George Soros también invirtió en esta moneda virtual, que está fuera del control de los bancos centrales y que hoy cotiza en su nivel récord de u$s 57.000.

Si la fiebre por el bitcoin y las demás divisas virtuales sigue creciendo hasta el punto de que cada vez más inversores las elijan como valor refugio, el impacto sobre los mercados internacionales de divisas podría ser significativo. Y ahí sí que volvería con fuerza la volatilidad, que es una marca registrada de las criptomonedas.

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