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El equipo económico se apresta a cerrar el financiamiento por u$s 3000 millones aproximadamente, fondos que canalizarán bancos extranjeros pero cuyos pagos estarán garantizados por el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo. Hoy precisamente el directorio de la primera entidad tratará y aprobará la garantía a la Argentina y mañana será el turno del BID.
A estos organismos, se sumarán la CAF y la agencia del Banco Mundial encargada de brindar garantías, el Organismo Multilateral de Garantía de Inversiones (MIGA).
Esta operación se gestó cuando Luis Caputo viajó a Washington a mediados de abril. En el marco de las reuniones de primavera del FMI y el Banco Mundial, el ministro de Economía selló en 48 horas dos compromisos de garantía que sumaron u$s 2550 millones, los que apuntaban directamente a despejar el vencimiento de julio por el pago de amortizaciones e intereses de los bonares y los globales.
El jueves 16 de ese mes, Caputo se sentó con el presidente del Banco Mundial, Ajay Banga, y el organismo difundió un comunicado que sorprendió: otorgaba una garantía de hasta u$s 2000 millones a la deuda argentina.
El mecanismo es muy distinto a la emisión de un bono. Los multilaterales no desembolsan fondos propios, sino que ponen su nombre —y su calificación crediticia— como aval frente a bancos privados internacionales. La diferencia es crucial: la firma del Banco Mundial o del BID permite que fondos de inversión, aseguradoras y bancos comerciales presten a tasas que la Argentina hoy no puede conseguir en el mercado. Se estima que el costo financiero de la operación es del 6,5% anual en dólares.
El BID anunció también en abril el otorgamiento de una garantía de u$s 550 millones destinada a cancelar o refinanciar vencimientos de deuda con acreedores privados. El instrumento, como el del BM, no implica un desembolso directo del organismo sino que habilita al Gobierno a tomar préstamos con bancos comerciales internacionales y fondos de inversión bajo el paraguas crediticio del BID. El triple objetivo detrás del esquema es claro: reducir el costo financiero del Tesoro, evitar la sangría de reservas del BCRA y mejorar el perfil crediticio del país de cara a un eventual reingreso a los mercados voluntarios de deuda internacional.
Ayer, Luis Caputo se refirió en X a la deuda argentina. Fue en relación con la afirmación de Darío Epstein que destacó que “cuando el riesgo país estaba cercano a 600 puntos muchos analistas decían que había que salir al mercado para que termine de bajar. Nunca entendí el concepto, pero hubiéramos pagado 175 puntos básicos de tasa innecesarios. Buena decisión del Gobierno. Los cambios llevan tiempo y la ansiedad no es buena consejera”.
Argentina como ejemplo
El titular de la cartera económica señaló que “desde que los bonos rendían 12% que varios analistas y gente de mercado repetían ese argumento, sin ninguna mala intención, pero pensando más en el pasado. Siempre expliqué lo mismo: cuando la macroeconomía está en orden, el paso del tiempo juega a favor, no en contra. Argentina es hoy un ejemplo de prudencia fiscal y monetaria. Las mejoras crediticias de Fitch y S&P son la consecuencia lógica de este nuevo orden, y el riesgo país está ajustando de manera acorde”.
Ayer, este indicador cerró en baja a 425 puntos. La estrategia oficial contempla que los bonos argentinos se vayan tornando “escasos”, ante el pago de los vencimientos mediante diferentes mecanismos, desde el uso de reservas del BCRA en el pasado a esta garantía de organismos internacionales a préstamos directos de bancos.
Estos préstamos no tienen cotización en el mercado secundario. El 8 de julio los bonistas recibirán u$s 4500 millones por los intereses y amortizaciones de los bonares y globales. ¿Qué harán con esos dólares? Sólo con que se reinvierta un bajo porcentaje gatillará nuevas subas de los bonos y caída del riesgo país.
Luz verde.
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