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El ministro de Economía, Luis Caputo, busca que la Argentina alcance una calificación de grado de inversión hacia el 2031. En la City la gran pregunta es ¿qué tan realista es pensar que Argentina puede volver a ese nivel en ocho años?
Cabe mencionar que las evaluaciones de las calificadoras de riesgo suelen concentrarse en cuatro grandes dimensiones: la fortaleza estructural de la economía, incluyendo la calidad institucional, la gobernanza y la capacidad del país para resistir shocks externos. También las firmas observan el desempeño macroeconómico, la consistencia de las políticas económicas, la estabilidad y las perspectivas de crecimiento.
A ello se suman la sostenibilidad de las cuentas públicas y la situación externa, que comprende la balanza de pagos, las reservas internacionales, el acceso al financiamiento y el perfil de la deuda externa. Las calificadoras buscan señales de que las mejoras económicas son sostenibles y pueden mantenerse más allá de la política.
Una meta ambiciosa
Para Juan Pedro Mazza, economista de Cohen Aliados Financieros, “se trata de una meta ambiciosa, pero vale la pena poner en perspectiva el punto de partida”. Indicó que, en los casi tres años de gestión libertaria, la Argentina logró avanzar desde categorías asociadas a un riesgo de default muy elevado hasta la de altamente especulativo. “Para alcanzar el investment grade (de B- a BBB-) antes de 2031 todavía sería necesario avanzar entre seis y siete notches adicionales, es decir, sostener un ritmo de mejora algo superior a un escalón por año”, dijo Mazza.
Además, advirtió que cada mejora vuelve más exigente el proceso. “El desafío es significativo porque, a medida que el rating asciende, las agencias elevan el nivel de exigencia y ponen cada vez más el foco en la consolidación de las reformas, la fortaleza institucional y la sostenibilidad de largo plazo”, apuntó.
En la misma línea, Pedro Siaba Serrate, director de Research de PPI, recordó que, para S&P Global Ratings como para Fitch Ratings, el grado de inversión comienza en BBB-, por lo que Argentina todavía se encuentra seis escalones por debajo de ese umbral.
Para Marcelo Bastante, experto en mercado de capitales, justamente ese es el principal desafío. “No hay una regla exacta que establezca que si en ocho años se continúa ininterrumpidamente en este sendero se alcanza el investment grade”, dijo.
Detalló que, generalmente, las calificadoras tienen para cada peldaño una serie de estándares que deben cumplir los países. “El primer gran desafío es que la Argentina pueda sostener esta política fiscal y este marco macroeconómico de manera consistente en el tiempo”, opinó.
La experiencia internacional
La experiencia internacional muestra que no existe un camino único para recuperar el grado de inversión. Uno de los ejemplos más cercanos es Perú. Según recuerda Siaba Serrate, el país perdió el investment grade en 1999 al caer de BBB- a BB+ y necesitó nueve años para recuperarlo, en 2008, luego de consolidar la estabilidad macroeconómica, el crecimiento y la disciplina fiscal.
Otro caso ilustrativo es el de Chile. “Dentro del propio investment grade, la calificación subió seis escalones, desde BBB en 1992 hasta AA en 2012, pero ese proceso demandó veinte años”, explicó el analista de PPI. Uruguay recuperó el grado de inversión en 2012, una década después de la crisis financiera de 2002, mientras que Paraguay lo obtuvo recién en 2024.
Los principales desafíos para Argentina
Santiago López Alfaro, director de Patente de Valores, la Argentina dijo que el desafío será sostener el superávit fiscal, recuperar plenamente el acceso a los mercados internacionales y asegurar el roll over de la deuda pública. Para Adrián Yarde Buller, economista jefe de Facimex Valores, la continuidad resulta determinante.
“Creo que es un excelente objetivo y debiera ser una política de Estado”, aseguró. Además, recordó que las mejoras aceleradas son poco frecuentes. “En general es poco frecuente que las calificadoras suban la nota en más de uno o dos escalones por año”, comentó.
En tanto, Christian Buteler considera que fijar una meta de largo plazo es positivo, pero advierte que todavía falta demasiado camino como para hacer pronósticos. “Estamos muy lejos. ¿Es posible? Sí. ¿Estamos hoy en condiciones de evaluar si dentro de ocho años vamos a ser investment grade? No”, sostuvo.
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