Gianni Infantino llegó al poder en la FIFA hace una década, con la promesa de limpiar al organismo rector tras un escándalo de corrupción que derribó a la conducción del fútbol mundial y puso en riesgo la existencia misma de la entidad.

Pero ahora el presidente de la FIFA se encuentra en medio de una polémica sobre si la influencia política está empezando a alterar los resultados dentro de la cancha, un nuevo tipo de crisis que lleva a la organización a aguas desconocidas.

Los críticos sostienen que el último episodio es síntoma de problemas más profundos en la FIFA de Infantino, donde, según argumentan, la toma de decisiones está cada vez más orientada a favorecer objetivos políticos y comerciales.

En este caso, Folarin Balogun, máximo goleador de EE.UU. en el Mundial, recibió una suspensión automática de un partido tras ser expulsado con tarjeta roja en el encuentro anterior del equipo. Sin embargo, la FIFA suspendió abruptamente esa sanción por un año, un día después de una llamada telefónica del presidente Donald Trump, lo que le permitió a Balogun jugar los octavos de final ante Bélgica en Seattle el lunes.

La medida es apenas “una prueba más de que la FIFA es un sistema de reglas sin Estado de derecho”, afirmó Miguel Maduro, ex jefe de ética de la FIFA. “Las reglas se aplican de manera desigual... y parecen ajustarse a criterios de intereses políticos y financieros.” Maduro fue contratado por Infantino en 2016, pero fue desplazado antes de cumplir un año en el cargo.

Hasta el momento, la FIFA no dio ninguna explicación sobre la decisión de levantar la sanción a Balogun, y solo señaló que fue tomada por su comité disciplinario independiente, integrado por funcionarios internacionales del fútbol y expertos legales. La FIFA citó el Artículo 27 de su código disciplinario, que le otorga al comité la facultad de “suspender total o parcialmente la ejecución de una medida disciplinaria”.

Pero la decisión generó indignación y denuncias de injerencia política.

La UEFA, el organismo rector del fútbol europeo, calificó la decisión de “inédita, incomprensible e injustificable” y aseguró que “se cruzó una línea roja”. “Está en juego la integridad del juego”, sostuvo.

La FIFA suspendió abruptamente la sanción a Balogun por un año, un día después de una llamada telefónica del presidente Donald Trump
La FIFA suspendió abruptamente la sanción a Balogun por un año, un día después de una llamada telefónica del presidente Donald TrumpArchivo

Trump confirmó el lunes que le había pedido a Infantino que revisara la suspensión de Balogun. “Lo único que hice fue pedir una revisión. No dije ‘tenés que hacer esto’”, afirmó el presidente estadounidense.

El lunes por la tarde, Infantino rechazó las acusaciones de injerencia política y aseguró que durante la llamada le había explicado a Trump que el asunto sería resuelto por un organismo independiente. Infantino dijo que siempre iba a “respetar esas decisiones y la autonomía de los organismos que las toman”.

“El respeto por las instituciones independientes y por el Estado de derecho es lo que protege en todo momento la integridad de nuestras competencias y la credibilidad de la FIFA”, agregó.

La federación de fútbol de Bélgica se comprometió a impugnar la decisión.

Simon Leaf, socio del estudio jurídico especializado en deportes Three Points Law, dijo que la decisión de la FIFA de levantar una sanción en medio de un torneo fue “extraordinaria” y “verdaderamente inédita”.

Según él, el reglamento “no podría ser más claro” respecto de las consecuencias de una tarjeta roja, y agregó que la FIFA “dejó que una norma interna prevalezca sobre otra para favorecer al goleador de la selección anfitriona”.

“La FIFA debe publicar ahora los fundamentos completos por escrito de su decisión”, agregó Leaf. “Sin eso, nadie puede evaluar correctamente si el Artículo 27 se aplicó de manera legítima o si esto fue simplemente un ejercicio de poder disfrazado de proceso.”

Infantino fue elegido por primera vez con la promesa de limpiar la cultura de la FIFA y en 2017 encabezó una profunda reforma de las estructuras de gobierno de la entidad. “Las reformas representan un paso esencial hacia la modernización de la cultura institucional de la FIFA en áreas clave, como la clara separación entre las funciones políticas y las de gestión”, había dicho la FIFA en ese momento.

Desde entonces, la FIFA no volvió a enfrentar denuncias de sobornos o corrupción de la magnitud de los escándalos de 2015. Pero los críticos vienen señalando desde hace tiempo que el organismo rector fue retrocediendo en sus reformas, con un poder cada vez más concentrado en manos de la presidencia y poca transparencia sobre cómo se toman las decisiones clave.

Por ejemplo, las normas que limitan los mandatos presidenciales, un punto central de las reformas de 2017, fueron significativamente debilitadas en 2022.

En 2023, el comité ejecutivo de la FIFA anunció cambios de último momento en las reglas de licitación para quienes buscaban ser sede del Mundial 2034, medidas que en los hechos le permitieron a Arabia Saudita presentarse como candidata sin competencia.

La petrolera estatal Saudi Aramco se convirtió después en el mayor sponsor corporativo de la FIFA, mientras que la plataforma de streaming DAZN, respaldada por capitales sauditas, compró por u$s 1.000 millones los derechos de TV del nuevo Mundial de Clubes de la FIFA.

Infantino enfrentó luego acusaciones de abandonar la independencia política de la FIFA, consagrada en sus estatutos, cuando le entregó a Trump el primer “premio FIFA a la paz” en el sorteo del Mundial realizado en Washington en diciembre. Menos de tres meses después, EE.UU. e Israel lanzaron ataques aéreos contra Irán.

Si bien la FIFA rara vez interviene para revertir decisiones disciplinarias —todos los demás jugadores expulsados con tarjeta roja en lo que va de este Mundial cumplieron sus sanciones—, ya lo había hecho a fines del año pasado, cuando el delantero portugués Cristiano Ronaldo fue expulsado durante un partido clasificatorio al Mundial. Su sanción de tres partidos se levantó después de que cumpliera uno solo, lo que le permitió disputar todos los partidos de Portugal en el Mundial que se disputa en EE.UU., México y Canadá.

La decisión de la FIFA en ese caso llegó una semana después de que Ronaldo, quien juega en la Liga Saudita, visitara la Casa Blanca como parte de una delegación saudita encabezada por el príncipe heredero Mohammed bin Salman.

Maduro, el ex jefe de ética, dijo que el comité disciplinario perdió credibilidad. “No es verdaderamente independiente y, como consecuencia, nadie confía en que se trate de una decisión independiente y objetiva, sino de una decisión con motivación política”, afirmó.

Nicholas McGeehan, director del grupo de campaña FairSquare, dijo que la FIFA está hoy, en cierto modo, “más disfuncional que nunca”, pero que pocos dentro del ambiente del fútbol están dispuestos a hablar sobre el tema.

“La FIFA nunca tuvo una gran reputación. Creo que mucha gente involucrada directamente lo toma como parte del juego”, dijo. “Cruzás el Rubicón cuando empezás a meterte con el juego de una manera tan evidente”.