El S&P 500 alcanzó un máximo histórico impulsado por los resultados corporativos y el optimismo en torno a un acuerdo de paz entre Estados Unidos e Irán, en un fuerte rebote tras las pérdidas sufridas durante las primeras semanas del conflicto.
El índice de referencia subió un 0,5% hasta los 7.004 puntos el miércoles, superando su máximo intradía previo registrado a finales de enero.
El nuevo récord —que llegó después de que el presidente Donald Trump afirmara que la guerra podría terminar “casi de inmediato”— corona la mayor ganancia en 10 días del S&P 500 desde el rebote posterior al desplome por la pandemia de Covid-19 en 2020. Los inversores desvían así su atención del shock energético en Medio Oriente hacia las perspectivas alcistas de crecimiento de beneficios en las empresas estadounidenses.
“Los mercados están desafiando a la guerra”, señaló Nanette Abuhoff Jacobson, estratega global de inversiones de Hartford Funds. “El mercado está descartando el peor escenario posible con el alto al fuego en vigor”, añadió.
Las grandes tecnológicas han liderado el rally en las últimas sesiones. Mientras el S&P 500 ha subido más del 10% desde su mínimo del conflicto —alcanzado el 30 de marzo—, las acciones tecnológicas del índice han escalado más de un 15% en ese período. El fabricante de chips Nvidia se ha disparado un 19%.
“El rally de las últimas dos semanas está completamente justificado”, afirmó Max Kettner, estratega jefe de múltiples activos de HSBC. “Lo que realmente importa es lo que están haciendo los beneficios, y ahí hemos visto revisiones al alza en marzo, especialmente en inteligencia artificial y tecnología”.
En el pico de la crisis en Oriente Medio, el S&P 500 había caído casi un 10% desde su máximo de enero, mientras los precios del petróleo y el gas se disparaban y los inversores comenzaban a descontar subidas de tasas de interés por parte de la Reserva Federal para contener la inflación resultante.
Las pérdidas en Wall Street fueron menos pronunciadas que en Europa y Asia, ya que se esperaba que la condición de Estados Unidos como importador neto de energía lo blindara frente al shock energético global.

Aun así, la magnitud del rebote ha sido “impresionante”, según analistas de Deutsche Bank.
“Esto ocurre en medio de todo. Creo que lo estamos haciendo muy bien”, dijo Trump a Fox Business el miércoles. “Nadie pensaba que podríamos estar en... 7.000 en el S&P”.
En el último mes, los inversores han destinado más de u$s 111.000 millones netos a fondos de renta variable estadounidense, según datos de Bloomberg. Los fondos europeos y asiáticos, en cambio, han registrado salidas netas.
Una encuesta de referencia entre inversores realizada esta semana por Bank of America mostró que los gestores de fondos globales aumentaron en abril su exposición a activos estadounidenses y al sector tecnológico, mientras reducían posiciones en activos japoneses y de la eurozona.
Los inversores señalan las menores valoraciones de las acciones estadounidenses como motor del renovado interés en el mercado. La caída de las cotizaciones durante la guerra con Irán, combinada con el alza de las expectativas de beneficios, ha llevado el ratio precio-beneficio del índice a su nivel más bajo desde el desplome del “día de la liberación” el pasado abril.
La encuesta de BofA también reveló que el porcentaje de gestores que considera sobrevalorada la renta variable estadounidense se encuentra en su nivel más bajo desde 2019.
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