El domingo 4 de octubre, más de 158 millones de brasileños irán a las urnas para elegir a su próximo presidente. Si ningún candidato supera el 50% de los votos válidos, habrá balotaje el 25 de octubre entre los dos más votados.
Todo indica que este último es el escenario más probable y que los dos nombres en las boletas van a ser el del actual presidente Luiz Inácio Lula da Silva, que busca su cuarto mandato, y el del senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro (que hoy se encuentra preso, cumpliendo una condena de 27 años y tres meses por liderar un intento de golpe de Estado en 2023).
Aunque hay una decena de candidatos que aparecerán en la pantalla de la urna electrónica —entre ellos el escritor Augusto Cury, que tuvo un repunte fugaz en las encuestas— ninguno parece capaz de superar el 10%.
La misma jornada también se renovará la Cámara de Diputados completa, dos tercios del Senado y 27 gobernaciones, aunque la atención está puesta en la pelea presidencial.
Si bien hace unos meses Lula lideraba las encuestas, con un amplio margen sobre su principal rival, una combinación de factores convirtió hoy esa certeza en un panorama impredecible.
Datafolha, con relevamiento del 8 al 10 de septiembre, ubica a Lula primero en un escenario de balotaje (46% a 44%). Nexus/BTG Pactual, con su medición del 11 al 13 de septiembre, también lo pone arriba, aunque por menos margen (47% a 46%). AtlasIntel, en cambio, mostró el vuelco más marcado: tras haber dado a Lula una ventaja de 47,1% a 42,6% a fines de agosto, su encuesta del 4 al 9 de septiembre lo dejó prácticamente empatado con Flávio, en torno al 46% cada uno.
La diferencia entre encuestadoras es menor al margen de error de todas ellas, así que la conclusión parece ser la misma: la elección está abierta.
La Corte Suprema, en el centro de la campaña
Uno de esos escándalos tiene como protagonistas al Supremo Tribunal Federal (STF), la Corte Suprema de Brasil, y a Alexandre de Moraes, el juez que condenó a Jair Bolsonaro por el intento de golpe de Estado.
La semana pasada salieron a la luz mensajes que muestran un vínculo cercano entre Moraes y Daniel Vorcaro, un banquero preso por el mayor fraude financiero de la historia de Brasil. La revelación generó una interna dentro de la Corte y abrió la puerta a una investigación contra el juez, una figura fuertemente asociada al lulismo.
En un acto de campaña por el Día de la Independencia el lunes 7 de septiembre, Flávio dijo que “quien vota a Lula vota a Alexandre de Moraes” y prometió, si gana, “rescatar la credibilidad” del Tribunal. Según Bloomberg, la disputa le dio a Flávio la chance de convertir la elección en un referéndum sobre el futuro de Moraes —a quien la derecha buscaba destituir hace tiempo— y explicaría buena parte de su salto en las encuestas esa semana.

Sin embargo, el episodio no es necesariamente un punto a favor para el candidato de derecha, ya que Bolsonaro también se encuentra investigado por haber pedido dinero a Vorcaro para financiar una película sobre su padre, sin rendir cuentas claras al respecto.
El escándalo expone tensiones reales, pero no tomó a nadie por sorpresa: casi 7 de cada 10 brasileños ya consideraba muy probable que salieran a la luz nuevos casos de corrupción en los próximos meses, según un relevamiento de AtlasIntel para Bloomberg. Eso podría explicar por qué otros factores, más que este episodio puntual, terminan pesando más a la hora de votar.
Marcelo Tokarski, CEO de la encuestadora Nexus, coincide con esa lectura. Según explicó a El Cronista, el escándalo afecta a los dos candidatos por igual y podría generar más desinterés que definición de voto. “En mi opinión”, agregó, “la reciente mejora de Flávio pasa más por la economía que por la crisis en el STF”.
La economía como campo de batalla
Según Tokarski, más de la mitad de los brasileños (52%) considera que la economía del país está mal o muy mal, pero solo un 22% dice lo mismo de su propia situación financiera. “El brasileño medio le echa la culpa al gobierno por el estado de la economía, pero cree que su propia situación mejoró por mérito propio”, explicó a El Cronista.
Un relevamiento de AtlasIntel para Bloomberg muestra un patrón similar: el 59% califica de mala la situación del país, aunque las expectativas a futuro son bastante más optimistas —la mitad cree que la economía, el empleo y su propia familia van a mejorar en los próximos seis meses—.
Es esa desconexión, dice Tokarski, la que termina pesando en la campaña: aunque el brasileño promedio no se sienta personalmente perjudicado, el desgaste de la imagen económica del gobierno le da aire al discurso de ajuste de Flávio, que promete recortar el gasto público para bajar la tasa de interés, hoy en 14% anual, y aliviar el endeudamiento de las familias.
Los números duros, de hecho, respaldan la parte más pesimista de esa percepción. Según JPMorgan, el PBI de Brasil se desaceleró fuerte en el segundo trimestre del año, a un 1,9% anualizado desde el 4,5% del trimestre anterior, arrastrado por una caída del consumo privado del 1,8% —una de las peores rachas en año y medio, que el banco atribuye a la tasa de interés alta—. JPMorgan proyecta que la economía va a crecer apenas 2% en 2026 y 1,3% en 2027, mientras la deuda pública sube del 78,7% del PBI actual a 86% en dos años.
Lula, por su parte, mantiene el “arcabouço fiscal”, su propio marco de ajuste de las cuentas públicas. Pero ni siquiera esa política tiene consenso puertas adentro: el mismo relevamiento de AtlasIntel muestra un empate exacto entre quienes la consideran un acierto y quienes la consideran un error (44% y 44%).
Y más allá de las promesas de campaña de uno y otro, el mercado ya da por hecho que el próximo gobierno —sea cual sea— vendrá con ajuste: según un informe de Bradesco BBI, banco de inversión brasileño, las casas de apuestas le asignan un 70% de probabilidad a un ajuste fiscal severo, contra apenas 30% a uno moderado, sin importar quién gane en octubre.
Seguridad, el otro gran tema
El miedo a la violencia es casi universal en Brasil: 96% de la población dice temer al menos una situación de delito, según una encuesta del Foro Brasileño de Seguridad Pública y Datafolha realizada específicamente de cara a esta elección. Ese temor no acompaña a los datos objetivos —las muertes violentas bajaron 8,7% entre 2022 y 2024, según la misma fuente—, pero sí tiene una base concreta: 4 de cada 10 brasileños dicen que hay bandas o milicias operando en su propio barrio.

El Comando Vermelho, una de las mayores facciones narcocriminales del país, quedó en el centro de la escena en octubre de 2025, cuando un operativo policial en su contra en Río de Janeiro terminó con unas 120 muertes, la cifra más alta registrada en un solo procedimiento en la historia de Brasil. El episodio anticipó el debate que hoy domina la campaña: qué tan lejos debe llegar el Estado para enfrentar a este tipo de organizaciones.
Lula promete profundizar el plan contra el crimen organizado que lanzó en mayo, con el que dice haber causado ya más de R$ 35.000 millones en pérdidas a organizaciones criminales desde 2023 mediante la asfixia financiera de sus estructuras. Flávio, en cambio, propone declarar al PCC, al Comando Vermelho y a las milicias “organizaciones narcoterroristas”, bajar de 18 a 16 años la edad de imputabilidad penal para delitos graves y construir cinco nuevas cárceles de máxima seguridad inspiradas en el modelo de Nayib Bukele en El Salvador, que se sumarían a las cinco federales existentes.
En su propio plan de gobierno, el senador apunta directo contra su rival: “no se combate el crimen a cuatro meses de una elección con discurso y PowerPoint, como hace Lula”.
La disputa también se juega en el Congreso: una reforma de seguridad impulsada por el Gobierno, a la que Flávio se opone, obtuvo dictamen favorable en el Senado a comienzos de septiembre, pero su votación definitiva quedó pospuesta hasta después de la primera vuelta electoral.
Con un mes por delante, el propio Tokarski es categórico: “Es imposible apuntar siquiera a algún favorito”. Por ahora, lo único seguro es que Brasil llega a octubre con la contienda más pareja de los últimos años.

- Accedé a todos los análisis sin límite de lectura
- Lectura sin publicidad
- App + edición impresa incluidas
- Acceso al foro de la comunidad
Más Videos

















