Hoy, entre Gianni Infantino, estarán sentados Claudio “Chiqui” Tapia y Rafael Louzán, presidente de la Real Federación Española de Fútbol. En el palco del MetLife Stadium, de Nueva Jersey, seguramente también esté Alejandro Domínguez, inefable titular de la Conmebol.
Tapia y su par ibérico se juegan algo más que la final de la Copa del Mundo entre sus selecciones. La FIFA, todavía, debe definir si el Mundial de 2030 tendrá tres -como por ahora- o hasta seis sedes. El resultado entre la Argentina y España podrá ser determinante.
Lo que se sabe es que España, Portugal y Marruecos albergarán la próxima edición del torneo, el evento de mayor convocatoria del planeta.
Se calcula que, en estos días, más de 10 millones de personas visitaron sólo los Estados Unidos, según datos del Departamento de Estado. Son 1,24 millones de turistas internacionales adicionales, de acuerdo con cálculos de la consultora Oxford Economics, de los cuales 742.000 habrían realizado el viaje exclusivamente motivado por el torneo.
Se habló, también de más de 5 millones de personas que se desplazaron por los tres países sedes a lo largo de las seis semanas de competencia. Lo cierto, de momento, es que la FIFA informó que, antes de las semifinales, el de los Estados Unidos, Canadá y México ya había sido el Mundial de mayor concurrencia de la historia. Se esperaba que, después de la final de hoy, hayan sido más de 6 millones de personas los que hayan asistido a los estadios.
Se descarta que, en cuatro años, la asistencia será mayor. Sobre todo, si prospera el sueño de Infantino de, envalentonado después del primer Mundial de 48 equipos, llevar el número de participantes al récord de 64. Es decir, 24 selecciones nacionales más -con su consecuente afluencia de fanáticos-, que harán que el número de partidos crezca a 128. El que termina hoy ya tuvo un récord de 104.
La próxima Copa del Mundo no será una más. Será la edición centenario. Por tal razón, en octubre de 2023, la FIFA decidió que los festejos por los 100 años del torneo se hagan en Montevideo, en el mismo estadio donde se dio el puntapié inicial de esta historia. También, que haya un partido de fase de grupos en cada uno de estos tres países sudamericanos: Uruguay -además, primer campeón-, la Argentina -finalista de esa primera edición y campeón vigente al momento de la decisión- y Paraguay. El encuentro en Asunción, a modo de reconocimiento institucional al fútbol sudamericano. En la capital paraguaya reside la Conmebol. También, es el país de Domínguez, aliado clave de Infantino contra las ambiciones de la UEFA, la poderosa federación europea, de tener mucha más voz y, sobre todo, voto en Zurich.
Tapia anunció esa buena nueva en el predio de Ezeiza, con una conferencia compartida con el Secretario de Deportes de entonces, Matías Lammens, y el Ministro de Economía, Sergio Massa. “El Mundial 2030 arrancará en la Argentina, gobierne quien gobierne”, celebró el ya lanzado candidato presidencial de Unión por la Patria. No le faltó razón. En diciembre de 2024, el presidente de la AFA se sacó una foto con Karina Milei y Manuel Adorni, quienes viajaron a la sede de la Conmebol, en Asunción, tras la aprobación confirmación -por aclamación- de la Argentina como sede por parte del Congreso Extraordinario de la FIFA.
El español Louzán no se opuso a la idea. Pese a los inconvenientes que, organizacional y deportivamente, podría representar el traslado de planteles, dirigentes, organizadores, periodistas y, sobre todo, hinchas, con más de 10 horas de vuelo de distancia entre el húmedo invierno sudamericano y el tórrido y seco verano mediterráneo. Lo único que quiere asegurarse es que la final se juegue en su país, que financiará el 55% de los costos de organización del torneo. En tal sentido, tampoco planteó reparos a que la próxima edición se amplíe a 64 selecciones. “España está preparada para recibir un Mundial de 48 o 64, lo que sea más conveniente”, declaró en una entrevista con Cadena SER. Eso implica aceptar que, al menos, tres grupos enteros se jueguen en territorio sudamericano.
El entusiasmo de Infantino por los resultados del Mundial de 48 equipos da, casi como un hecho, que en el próximo Congreso de FIFA, en marzo del año próximo, se apruebe el formato de 64. El resultado que toda la Argentina espera hoy le dará un envión imparable a la pretensión de Tapia de recibir, al menos, los seis partidos de un grupo entero en el país. Lo cual plantea avanzar hacia la siguiente definición: dónde.

El 9 de junio, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) firmó con River Plate el contrato de financiamiento para la ampliación y renovación del estadio Monumental.
Presentado al directorio del organismo el 20 de febrero y aprobado un mes después, se trata del otorgamiento de un préstamo sindicado de hasta u$s 100 millones, de los cuales u$s 50 millones los dará BID Invest -el brazo inversor privado del organismo- y aportará otros u$s 50 millones la CAF, sigla que conserva el Banco de Desarrollo de América latina y el Caribe de su denominación anterior (Corporación Andina de Fomento).
El proyecto es ampliar la capacidad del estadio a 101.000 espectadores y techarlo. Insumirá una inversión total de u$s 161 millones, de los cuales el club pondrá u$s 61 millones con recursos propios. Es la primera vez -al menos, en América latina- que un club de fútbol accede a fondos de organismos bilaterales de crédito.
Construido en 1938, el Monumental tuvo tres reformas en su historia. En 1958, con la tribuna Sívori, completó la “herradura” con la que, durante décadas, jugó con árboles y el Río de la Plata como paisaje de fondo detrás de uno de sus arcos. Veinte años después, se inauguró la renovación total que financió el Ente Autárquico Mundial 1978 (EAM ’78), para que el estadio sea sede de la Copa del Mundo. Y la más reciente, en 2024: se modernizó y amplió a 85.000 localidades, lo que lo convirtió en el de mayor capacidad de América del Sur.
Electo presidente en noviembre, Stéfano Di Carlo avanzó hacia la siguiente fase del proyecto iniciado durante el mandato de Jorge Brito, del que Di Carlo fue secretario general. Poner al Monumental en condiciones de albergar un partido del Mundial 2030 era prioridad.
Hacia fines de 2024, casi un año antes de que se anunciara su candidatura, tuvo las primeras reuniones para encontrar la forma de concretarlo. “Si era presidente, quería llevar el estadio a la última milla”, define alguien que conoció esos encuentros.
Ya en ese momento, se identificó a la infraestructura del techado como un key issue. “Para tener un partido del Mundial 2030, eso tenía que estar cerrado un año antes”, se explica la premura. “Por la envergadura de una inversión así, necesitaba ver alternativas de financiamiento, entender si eran posibles”, agregan quienes conocieron esos diálogos.

River había tenido trayectoria reciente y exitosa en el mercado financiero. En 2024, había colocado un fideicomiso financiero por $ 19.200 millones (u$s 20 millones del momento) y, a inicios de 2025, emitió obligaciones negociables por $ 12.000 millones. Una operación había sido a 30 meses y la otra, a 24.
“Pero, para esto, necesitaba algo de más plazo y otro tipo de estructura”, se cuenta sobre por qué esas opciones, en este caso, no eran las recomendables. Tampoco, préstamos de bancos privados, en los que la tasa es variable de ajuste del plazo y viceversa.
Fue, en ese momento, que entró en escena un nombre: Yinyang. No es el concepto taoísta de dualidad de fuerzas opuestas, sino una consultora con 20 años de experiencia, especializada en financiamiento de proyectos; en particular, los que necesitan de fondos de organismos públicos.
Fundada por Martín Soto y Brenda Pietraccone, dos ex BID que habían trabajado en Gobierno durante el último tramo de la Administración Macri, había llegado a Núñez por el contacto informal de un dirigente que, conociendo su expertise, les pidió su visión.
Soto y Pietraccone pidieron tiempo. Estudiaron a fondo los estatutos de los multilaterales y, a los 15 días, volvieron con una hoja de ruta de lo que, creían, sería posible conseguir en esa ventanilla, inexplorada para un club de fútbol.
“La elección de bancos multilaterales responde a una estrategia basada en la sostenibilidad financiera de largo plazo”, explica Di Carlo, ante la consulta de este cronista. “Este financiamiento nos permite acceder a plazos más extensos, alineando los tiempos de la obra con los recursos que genera”, amplía. Agrega que la participación de instituciones de primer nivel internacional, “con altos estándares de gobernanza y transparencia”, implica “una validación total del proyecto y del proceso”.
Fueron los argumentos con los que Yinyang lo convenció.
La consultora tuvo en diciembre de 2024 su primera reunión con un organismo de crédito para presentarle la idea. Dos meses después, firmaron las cartas mandato para empezar a analizar opciones. En el primer semestre de 2025, avanzó más directamente con BID y CAF. Había una tercera ventanilla recomendada. Pero se cerró por falta de interés de ese organismo.
“La obra, en sí misma, ya tenía muchos riesgos. Pero, en el caso del fútbol, y del fútbol argentino, el riesgo reputacional era uno de los principales problemas”, explica Soto, quien, como Subsecretario de Relaciones Financieras Internacionales, había coordinado la relación de la Argentina con los organismos de crédito en los cuatro años de gobierno de Macri.
“Al principio, hubo resistencia: esto era abrir una nueva unidad de negocios dentro de los organismos. Pero nosotros creíamos mucho en el proyecto. Ahí, empezaron a preguntarse hacia dónde podía llegar esto. Después, todos quisieron subirse: era la primera vez que se producía algo similar en la región”, agrega.
Yinyang tiene estructurados más de u$s 5000 millones para sus clientes. Entre ellos, la Provincia de Santa Fe, con los Juegos Odesur que se harán en septiembre, con financiamiento de la CAF. Esa trayectoria fue un factor de confianza. Otro, la posibilidad de prestarle fondos a una asociación civil sin fines de lucro para un proyecto que tiene un hito de altísimo impacto: el Mundial 2030.
Con las complejidades de traducirle a un equipo acostumbrado a trabajar en proyectos corporativos la información recopilaban en una asociación civil cuyo core es el fútbol y, además, el fútbol argentino, hubo que construir metodología e indicadores para presentar los datos. También, y quizás el mayor desafío por quiénes son los lenders, diseñar dos matrices para dimensionar el impacto de desarrollo que tendría el proyecto. Tanto en materia educativa y social como ambiental.
En el comunicado de firma del contrato, BID Invest destacó que el financiamiento era “para el desarrollo de infraestructura social, educativa y deportiva en la Argentina”.
“Se trata de una operación pionera de financiamiento multilateral directo a una asociación civil sin fines de lucro, destinada a fortalecer infraestructura con alto impacto en la comunicad”, remarcó.
Especificó que el proyecto respaldará la ampliación del nuevo edificio del Instituto River Plate y la residencia juvenil Casa River. En segundo orden, menciona que el plan “también incluye” la modernización y ampliación del estadio “para mejorar la comodidad de los asistentes, aumentar y diversificar las fuentes de ingresos, incrementar la capacidad para eventos, reducir el ruido y aumentar su uso durante todo el año”.
Precisó que River destinará, “al menos”, el 25% de los ingresos adicionales provenientes de la ampliación del estadio a becas adicionales y al desarrollo de infraestructura deportiva y social adicional, a través de un Fondo de Reinversión Social.
Este fondo fue un elemento vital. En diciembre último, uno de los dos organismos de crédito, todavía, tenía dudas del impacto que el proyecto de River podía generar. La propuesta de crear ese fondo de reinversión social terminó siendo un punto de inflexión para que la conversación vaya a algo más ambicioso y amplio que la obra del estadio en sí misma.
“La operación proyecta las mejoras en infraestructura como una plataforma de desarrollo con impacto a escala urbana, contribuyendo a dinamizar la economía local, fortalecer cadenas de valor, potenciar el turismo y el impacto económico y social”, enfatiza el comunicado oficial del BID sobre la firma del acuerdo.
En materia de impacto, la documentación de la entidad describe que las obras en el estadio permitirán “la extensión de la vida útil de la instalación, la mejora de la acústica, el aumento de la capacidad a 100.000 espectadores y la instalación de un techo parcial para mejorar la experiencia de asistencia”.
Por los riesgos y características de la obra -en especial, el movimiento de personas, materiales y maquinaria, y todo lo que eso generará durante los trabajos-, BID Invest calificó al proyecto en la Categoría B de su política de sostenibilidad ambiental y social. La entidad estimó que, una vez en operación, el mayor desplazamiento de gente, mayor tránsito vehicular y el mayor consumo de servicios asociados -como agua y saneamiento- serán “moderados o de baja significancia”. En materia de cambio climático, destacó las obras de drenaje y evacuación pluvial ya hechas durante las reformas de 2020-2024. “El techado del estadio también actuará como un mitigante ante el aumento de frecuencia de las olas de calor”, describe.
“A diferencia de las ventanillas privadas, que son project finance que generan sus propios flujos de fondos, acá, con todo este impacto, era un híbrido entre operación de sector privado y de sector público”, contextualiza Soto. Esa proyección de repago del proyecto, agrega, no podía hacerse con las butacas extras porque no estaban pre-vendidas, como habían hecho otros clubes con la construcción de palcos y tribunas nuevas. “Pero sí se podía explicar con mucho derrame económico en la zona”, agrega.
La generación de empleo fue una variable clave en esa ecuación. Un estado ampliado es necesidad de más personal de seguridad, de mantenimiento y en puestos de venta. Se abrirán más restaurantes, un mirador y la obra alrededor del estadio incluye un centro de fan fest. Un derrame de economías creativas, se lo define.
También fueron claves otros fondos que recibe el club: sponsoreo, naming y el reciente acuerdo para recitales con Live Nation, DF Entertainment y Dale Play. Firmado en febrero, es por 10 años. Al club le dejará u$s 30 millones.
“Todo eso viene a traer un flujo que permite garantizar un financiamiento que habría sido inviable de otra manera”, explica Soto. Los préstamos de BID Invest y CAF a River son, precisamente, a 10 años, por encima del promedio que habitualmente dan a empresas (siete u ocho años) y por debajo de lo que otorgan a sector público (15).
Aunque la AFA, todavía, nunca lo expresó explícitamente, la Patria futbolera da por hecho que el partido de 2030 se jugará en el Monumental ampliado, techado y modernizado. La puja será por otra sede, en caso de jugarse un grupo entero. Se necesitará, por lo menos, un segundo estadio -preferentemente, en otra ciudad-, ya que los dos encuentros de las dos primeras fechas suelen darse en el mismo día y la última son en simultáneo.
“Me encantaría que ese partido lo hagamos en Santiago, Córdoba o Mendoza”, le había pedido públicamente Massa a Tapia en aquella conferencia conjunta. La primera ciudad, Madre de finales del fútbol argentino, es el sueño de Pablo Toviggino, tesorero de la AFA.
Sin embargo, en septiembre pasado, Axel Kicillof anunció la cesión de la Provincia de Buenos Aires a la entidad que preside Tapia del uso y explotación del Estadio Único de La Plata. El acuerdo es de cinco años, a cambio de un canon de $ 1000 millones anuales -actualizable por IPC-, que se podrá compensar con obras.
La AFA, que renombró el estadio como “Diego Armando Maradona – Tricampeones del Mundo”, ya inició trabajos para reparar y concluir el techo, instalar un campo de juego fijo con estándares FIFA y sumar tecnología para transmisiones internacionales. Además del compromiso para que haya, por lo menos, un partido anual de la Selección, Tapia -que definió al estadio platense como la futura “casa de la Selección”- sugirió que podría ser una de las sedes del Mundial 2030. La otra podría ser en el interior.
O, quizás, más cerca.
En los últimos días, los medios marplatenses informaron el ingreso de Marcelo Fígoli a Minella Stadium, la sociedad que, el año pasado, se quedó con la concesión del estado mundialista. El dueño de Fénix Entertainment Group se hizo cargo de una sociedad que había acumulado 14 cheques sin fondos, por más de $ 221 millones, consignaron los diarios de MdQ.
Con la adjudicación por 30 años, la empresa había asumido un compromiso de inversión de u$s 40 millones. Pero su dueño, el grupo brasileño Revee sucumbió arrastrado por el mayor fraude bancario de la historia de Brasil (u$s 2200 millones, tras la caída del Banco Master), en el que es investigado su controlante, el grupo REAG.
Minella Stadium había sido constituida en diciembre de 2024. Su creador, Rafael Trevisán, un abogado especializado en derecho deportivo, de activa colaboración con la AFA. El 6 de julio, renunciaron él y todo el directorio de la sociedad, según publicó el Boletín Oficial el miércoles de la semana pasada.
Entre los que dimitieron, el presidente: Eduardo Juan Spinosa, tres veces presidente de Banfield, y nexo para que el proyecto tenga el respaldo de la AFA. Los reemplazó gente del nuevo inversor. También, Diego Ávila, presidente de Proenter, en su momento, empresa de licensing de Torneos, mientras fue la idea de su padre, Carlos. Hoy dedicada a más actividades en el negocio deportivo, como la organización de grandes eventos, Proenter había empezado a jugar este partido con los socios brasileños.
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