

La desaceleración de la inflación modificó buena parte de la conversación económica en la Argentina. Con los precios creciendo a un ritmo menor, el Gobierno sostiene que la estabilidad y las reformas impulsarán una recuperación del empleo privado.
Sin embargo, distintos indicadores muestran que esa mejora todavía no se traduce en un cambio sustancial para quienes enfrentan mayores dificultades para insertarse en el mercado laboral.
La discusión también atraviesa el debate político. Mientras el oficialismo defiende la reforma laboral como una herramienta para facilitar el acceso al primer empleo y reducir las barreras a la contratación, sindicatos y buena parte de la oposición sostienen que la flexibilización no resolverá la falta de empleo registrado y puede profundizar la precarización.
En ese contexto, un nuevo estudio de la Universidad de Buenos Aires ofrece una radiografía de cómo trabajan hoy los jóvenes de entre 18 y 29 años que viven en condiciones de mayor vulnerabilidad social.

Lejos de la idea de que la principal dificultad es no conseguir trabajo, el informe muestra otra realidad: casi siete de cada diez jóvenes relevados están ocupados. El problema no es tanto acceder a un empleo, sino el tipo de empleo al que logran acceder.
Según el estudio “Jóvenes vulnerables en la Argentina: Condiciones de vida, creencias y expectativas de futuro”, elaborado por investigadores del Ciclo Básico Común de la UBA, el 69,4% de estos jóvenes trabaja actualmente. Pero esos puestos se concentran casi exclusivamente en actividades de baja calificación y con elevados niveles de informalidad.
El rubro que más empleo concentra es comercio y restaurantes, con el 28,5% de los casos. Le siguen la construcción (19,8%), la venta en ferias, ambulante, desde la casa o por Internet (15,6%) y los trabajos de limpieza y cuidados (11,2%).
Más atrás aparecen seguridad (6%), peluquería y manicuría (5,2%), plataformas de reparto o transporte como delivery y Uber (4,9%), fábricas y talleres (3,4%) y talleres mecánicos (3%).
Más que una elección vocacional, esa distribución refleja las oportunidades reales que ofrece hoy el mercado laboral para quienes llegan con menores credenciales educativas.
“Más que preferencias, es una fotografía de la inserción laboral de los jóvenes vulnerables”, explicó a El Cronista Juan Cruz Esquivel, doctor en Sociología, investigador principal del CONICET y director de la investigación.
“En general, todos estos trabajos están signados por una alta informalidad. En algunos casos incluso se trata de autoempleo o trabajo por cuenta propia, como la venta ambulante o desde la casa”, señaló.
Consultado sobre por qué esos sectores concentran la mayor parte de las ocupaciones, Esquivel sostuvo que la explicación está menos vinculada con una decisión personal que con las posibilidades concretas de inserción.
“Estamos hablando de trabajos que concentran alta informalidad, tanto en el comercio y los restaurantes como en la construcción. Más que una elección, son los trabajos que están al alcance de estos jóvenes, en función de sus credenciales educativas y de su nivel de calificación”, afirmó.
Mucho más informal que el promedio del mercado laboral
El informe muestra que, entre quienes trabajan, apenas el 15% tiene un empleo registrado. Si se considera al total de los jóvenes vulnerables relevados, solo uno de cada diez tiene un trabajo completamente formal.
En cambio, el 76% trabaja sin registrar o desarrolla actividades por cuenta propia, generalmente sin aportes previsionales, cobertura social ni estabilidad laboral.
La diferencia con el conjunto del mercado de trabajo es significativa. Según la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC, la informalidad laboral alcanzó al 44,2% de los ocupados durante el primer trimestre de 2026, un aumento de 2,2 puntos porcentuales respecto del mismo período del año anterior.

En otras palabras, mientras la informalidad ya afecta a casi la mitad de los trabajadores argentinos, entre estos jóvenes se convierte prácticamente en la norma.
El estudio también muestra que la inserción laboral no alcanza para superar las dificultades económicas. Para el 75% de los jóvenes, el trabajo propio o el de otro integrante del hogar constituye la principal fuente de ingresos familiares. Sin embargo, el 57% asegura que esos ingresos no alcanzan para llegar a fin de mes.
La baja capacitación aparece como otro factor que limita las oportunidades. Apenas el 15% realizó algún curso de formación en oficios, una proporción que refleja la escasa incorporación a instancias de capacitación laboral alternativas para quienes abandonaron tempranamente la educación formal.
Un mercado laboral que absorbe, pero no integra
La distribución de los empleos también deja otro dato llamativo: la industria prácticamente no aparece entre los principales destinos laborales de estos jóvenes.
Predominan actividades intensivas en mano de obra, con bajas barreras de ingreso, escasos requisitos de calificación y elevados niveles de rotación. Comercio, gastronomía, construcción, ventas ambulantes, servicios personales y plataformas digitales funcionan como puertas de entrada al mercado laboral, aunque rara vez ofrecen trayectorias de estabilidad o movilidad social.
Ese diagnóstico dialoga con otra tendencia observada por el INDEC. Mientras el empleo total prácticamente no mostró cambios durante el último año, la informalidad siguió creciendo y alcanzó su nivel más alto de los últimos trimestres.
A su vez, la brecha de ingresos entre trabajadores formales e informales continúa siendo amplia. En el primer trimestre de 2026, el ingreso promedio de un asalariado con descuento jubilatorio fue de $1.375.143, mientras que quienes trabajaban sin aportes percibieron en promedio $731.150.

El debate sobre las políticas públicas
Los resultados del informe también reavivan la discusión sobre las herramientas del Estado para facilitar la inserción laboral juvenil.
En abril de 2025, el Gobierno eliminó el Programa Nacional de Inclusión e Integración de Jóvenes, destinado precisamente a personas de entre 18 y 29 años en situación de vulnerabilidad. La decisión fue justificada por el Ministerio de Capital Humano en el marco del proceso de reorganización de programas sociales, al considerar que existían superposiciones, falta de evaluación de resultados y duplicación de recursos.
Desde entonces, la estrategia oficial se concentró en otros instrumentos vinculados a la empleabilidad. Entre ellos figura Fomentar Empleo, que ofrece orientación laboral, capacitación, certificación de competencias e intermediación con empresas para personas con dificultades de inserción laboral. También continúa funcionando el Portal Empleo, que reúne búsquedas laborales, cursos y distintos programas de capacitación del Estado nacional.

En paralelo, el Gobierno sostiene que la reforma laboral aprobada contribuirá a facilitar la contratación, especialmente de trabajadores sin experiencia previa y de quienes buscan ingresar por primera vez al empleo formal.
La oposición y las centrales sindicales, en cambio, sostienen que reducir los costos de contratación no garantiza por sí solo la creación de empleo registrado y advierten que la flexibilización puede ampliar la precarización en segmentos que ya presentan altos niveles de informalidad.
















