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La combinación de baja de tasas, acumulación récord de reservas y superávit fiscal sostiene el relato oficial sobre el cierre de la primera etapa del programa.

La economía atraviesa un punto de inflexión y, desde el Gobierno se esfuerzan por mostrar una transición: de la contención de la crisis que generó la “dolarización” de 2025 - en la previa a las legislativas- a la proyección de desarrollo con foco en los números positivos de 2026.

En este marco, la definición clave gira en torno al “cierre de la etapa de estabilización”, dando paso a una nueva fase centrada de manera exclusiva en acelerar la tasa de crecimiento, ver mayores resultados de las inversiones a largo plazo e integrar a la Argentina en el comercio global.

El sostén técnico de esta transición es lo que José Luis Daza, viceministro de Economía, destacó como “equilibrio virtuoso” durante su exposición en el Coloquio Empresarial de La Rural, en el marco del 160° Aniversario de la fundación de la Sociedad Rural Argentina (SRA).

Según explicó se trata de una dinámica macroeconómica “inédita” en la historia reciente del país que permitió desacelerar la inflación sin recurrir a las anclas artificiales que caracterizaron a los planes del pasado.

Los pilares del “equilibrio virtuoso”

Según el diagnóstico oficial a diferencia de otros momentos el ordenamiento actual se apoyó en cuatro variables simultáneas:

Descenso de tasas de interés y dólar calmo. “La tasa de referencia cedió cerca de 25 puntos porcentuales sin desencadenar una corrida hacia la divisa estadounidense, mostrando signos de apreciación y una marcada caída en las expectativas de depreciación”, dijo Daza.

Luego habló del “sobrecumplimiento” con el FMI y contó que el Banco Central aceleró la compra de divisas hasta rozar los u$s 13.000 millones, superando holgadamente la meta base de u$s 10.000 millones pactada con el organismo internacional.

A esto sumó el giro de utilidades sin tensión cambiaria:“Por primera vez en años, las empresas pudieron girar dividendos al exterior por un monto aproximado de u$s 3500 millones sin desestabilizar el mercado oficial”, agregó.

Por último, hizo referencia ala solidez de los “tres frentes” en relación al equilibrio en la cuenta corriente, superávit fiscal primario y un sistema bancario “saneado y sin fuga de depósitos en dólares, los cuales permanecieron dentro del circuito financiero nacional”.

Aval internacional y chau “parches”

A horas de la confirmación por parte de Moody’s de la recalificación para la Argentina, el viceministro, explicó que ese ordenamiento es el que ven las calificadoras que buscan las “debilidades” en las economías de los países. “Las agencias internacionales -como Moody’s, S&P y Fitch- convalidaran la mejora en el perfil crediticio argentino”, afirmó en referencia a la categoria riesgo B que logró la Argentina.

El elemento distintivo que marcan los analistas externos es la “sustentabilidad estructural”, insitió.

Y, según agregó, a diferencia de las experiencias de las últimas décadas, el ajuste en marcha no se sostiene sobre diferimientos de pagos o controles artificiales, sino sobre un consenso social en torno al superávit fiscal que trasciende el ciclo político inmediato.

El efecto catch-up y la convergencia

Uno de los ejes más ambiciosos para la etapa post crisis 2025 es la proyección de una tasa de expansión del Producto Bruto Interno. Según Daza, la Argentina “va hacia un crecimiento de 5 a 7 por ciento”.

El economista argumentó que esa aceleración se fundamenta en tres motores de convergencia (o catch-up).

“Argentina es un país que quedó aislado del mundo... Lo que tenemos que hacer es crear las condiciones para que, sin hacer nada especial, podamos converger a esos países, converger a Uruguay, converger a Chile", dijo y agregó que “como tenemos mucha más riqueza, vamos a poder crecer mucho más rápido”.

Además, explicó que por que el presidente Milei habla de convergencia: “¿Qué quiere decir? Para producir necesitamos tierra, capital y recursos humanos. En Argentina matamos las condiciones para que hubiera inversión. Si eliminamos eso, el stock de capital por trabajador va a converger al resto del mundo, y eso nos va a hacer crecer a tasas mucho más altas".

A la par, puso el foco en que la Argentina continúa entre los países más cerrados del mundo. “Chile se abrió, eliminó las distorsiones y dejó que el mercado asignara los recursos en la economía. No hay ninguna razón por la cual Argentina tenga que tener producción por habitante más baja que todos estos países”, señaló.

En un guño al campo, agradeció que el sector sostuvo por 30 años la economía pero destacó que ahora, con impulso del RIGI se amplía las fuentes de ingreso de divisas. “Los sectores que están atrayendo inversión son los que generan dólares”, mencionó.

“Tenemos el campo, la energía, la minería y un capital humano extraordinario. Tenemos una riqueza que está por explotarse. Lo que tenemos que hacer es crear las condiciones para que eso pase”, añadió.

Reformas estructurales y costo de capital

Con el horizonte de estabilización cerrado, el foco operativo para la segunda fase del programa del Gobierno se traslada a la remoción de las trabas que condicionan la competitividad estructural.

En ese sentido, Daza apuntó a la Reforma tributaria, y planteó la urgencia de eliminar progresiva los impuestos considerados “anti-producción”, con foco en la quita de retenciones a las exportaciones, Ingresos Brutos y tasas municipales disruptivas.

También aseguró que es necesario seguir bajando el riesgo país para abaratar el costo del capital, un paso indispensable para que el crédito privado a largo plazo vuelva a operar a tasas internacionales. “Significa un hipotecario a una tasa de 2%”, graficó.

Entre las deudas, el viceministro se refirió a infraestructura de nueva generación y planteó como oportunidad saltar la brecha del deterioro físico actual para adoptar directamente estándares logísticos del siglo XXI: automatización de puertos, corredores inteligentes y conectividad. “En 10 años, los camiones van a ser autónomos”, señaló.

En este contexto valoró la consolidación del régimen de incentivos, como el RIGI, que aspira a movilizar u$s 150.000 millones y la convergencia con modelos regionales de apertura representan la apuesta para que, superada la fase de contención, la Argentina ingrese finalmente en un sendero sostenido de desarrollo.