Julio Conte Grand lleva casi una década al frente de la Procuración General bonaerense, el cargo que también ocupó en la Ciudad de Buenos Aires antes de pasar a la provincia.
Pasó además por la Secretaría Legal y Técnica de la Gobernación y acumula una trayectoria que, dice, le enseñó algo fundamental: el equilibrio.
Pero hay una situación que, según admite, lo desvela y que excede cualquier equilibrio posible: la Suprema Corte de la provincia funciona hoy con cuatro vacantes sobre siete cargos. Los lugares vacíos se cubren con subrogantes de la Cámara de Casación, lo que derivó en fallos donde los jueces propios del máximo tribunal fueron minoría. “Puede ocurrir que una sentencia tenga tres votos de miembros de la Corte y cuatro de jueces de Casación, incluso en sentidos distintos”, describe. Para Conte Grand, se trata de un problema político que nadie termina de asumir como tal: “No existe una plena conciencia sobre la importancia institucional de cubrir las vacantes en los máximos tribunales”.
A continuación, los tramos centrales de la charla que mantuvo Conte Grand en exclusiva con El Cronista.

-Usted viene planteando la necesidad de cubrir las vacantes en la Justicia. ¿Qué tan grave es la situación actual?
-Nosotros, desde el Ministerio Público, tenemos reuniones permanentes con el Poder Ejecutivo, particularmente con el Ministerio de Justicia, que es nuestro interlocutor natural, y con la Suprema Corte, con la que integramos el Poder Judicial.
Hemos renovado el trabajo de la denominada Mesa del Mapa Judicial y venimos insistiendo en un pedido que compartimos todos los actores institucionales: la integración de la Suprema Corte de la provincia.
Hoy la Corte tiene cuatro vacantes sobre siete cargos. Eso constituye un problema institucional y también de funcionamiento. Las coberturas se realizan mediante subrogaciones de integrantes de la Cámara de Casación y puede ocurrir, como ya ha sucedido, que un fallo termine teniendo tres votos de miembros de la Corte y cuatro de jueces de Casación, incluso en sentidos distintos.
Realmente estamos clamando al cielo que se adopte una resolución desde la política respecto la institucionalidad en el Poder Judicial bonaerense.

-Es decir que puede haber un fallo de la Suprema Corte sin votos de jueces de la propia Corte.
-Exactamente. Y eso muestra la magnitud del problema.
-En la Nación ocurre algo similar y también en juzgados inferiores. ¿Qué explica esta situación? ¿Es un problema político?
-Es político, sin duda. Existe una dificultad para construir los consensos necesarios que permitan completar las estructuras del Poder Judicial. Pero, además de la falta de acuerdos, percibo que no existe una plena conciencia sobre la importancia institucional de cubrir las vacantes en los máximos tribunales.
Esto no sucede en ningún otro poder del Estado. Si hay una vacante en un gabinete ministerial, se cubre inmediatamente. En el Poder Legislativo existen mecanismos de reemplazo. El Poder Judicial no tiene esas herramientas. Por eso las vacantes son una anomalía que genera problemas de funcionamiento y afecta al sistema institucional en su conjunto.
La clave es comprender la verdadera dimensión del problema y actuar en consecuencia.
-En varias oportunidades prefirió no responder algunas cuestiones de coyuntura. ¿Hay que hacer equilibrio para ocupar un cargo como el suyo?
-Mucho equilibrio. La imagen es muy adecuada. Siempre recuerdo a un equilibrista que vi cuando era niño, caminando por un cable suspendido. Esa impresión me quedó grabada.
Pero el equilibrio tiene un fundamento filosófico. Un integrante del Poder Judicial debe actuar conforme a las cuatro virtudes cardinales: justicia, prudencia, templanza y fortaleza. Si esas virtudes están verdaderamente incorporadas, ayudan a encontrar el equilibrio necesario.
Después está la experiencia. Uno puede ser justo, prudente y fuerte, pero responder algo y luego pensar que no debió hacerlo. Llevo nueve años en este cargo, fui secretario Legal y Técnico de la Gobernación, procurador general de la Ciudad de Buenos Aires y tuve mucho contacto con medios y legisladores. La experiencia también cuenta.

-¿Cómo es su vínculo con el gobernador Axel Kicillof?
-Excelente. No tenemos una relación personal frecuente. Nos reunimos excepcionalmente, generalmente en actos institucionales. Pero el vínculo es muy bueno.
-¿Le interesa el funcionamiento de la Justicia?
-Sí, sin ninguna duda. He conversado con él sobre estos temas. Aunque mi interlocutor directo es el ministro de Justicia, Juan Martín Mena. Y también el asesor general de Gobierno, Santiago Pérez Teruel, con quien hablo habitualmente sobre estas cuestiones. Ambos tienen una convicción muy fuerte respecto de la necesidad de avanzar en estos temas.
-Después de casi una década al frente de la Procuración, ¿en qué momento de su gestión se encuentra?
-Si me permite decirlo, estamos en el mejor momento. Lo digo en plural porque se trata de una gestión colectiva. El Ministerio Público tiene 8.900 personas y dentro de la Procuración existe un equipo que ha trabajado intensamente.
Hemos construido un diseño institucional de vanguardia y avanzado mucho pese a las restricciones presupuestarias. No tengo dudas de que este es el mejor momento de la gestión.
-¿Y cómo ve a la Justicia bonaerense en general?
-La veo atravesando un retroceso significativo, fundamentalmente por las vacantes. El deterioro institucional que producen es innegable.
Aun así, la organización sigue funcionando gracias al enorme esfuerzo de los magistrados, fiscales, defensores, asesores y curadores. Todos hacen un trabajo extraordinario.
A veces pienso en la frase de Martin Luther King: “Tengo un sueño”. Mi sueño es imaginar qué podría hacer este sistema si tuviera todas las vacantes cubiertas, más fiscalías, defensorías y juzgados, y recursos suficientes para desarrollar plenamente la tecnología. Sería un sistema extraordinario.
-El Gobierno impulsa una baja en la edad de imputabilidad. Usted ha dicho que no es la solución. ¿Por qué?
-Porque las políticas públicas no pueden construirse observando solo una parte del problema.
Hay una enseñanza muy interesante en el capítulo 41 de Don Quijote de la Mancha. Don Quijote y Sancho Panza participan de una ficción en la que creen realizar un viaje extraordinario sobre un caballo de madera llamado Clavileño. Al terminar, le preguntan a Sancho qué había visto y él describe la Tierra como si fuera una avellana. Entonces le recuerdan que tenía los ojos vendados. Sancho responde que se había corrido un poco la venda para mirar por un costado. Y la reina le dice: “Por el ladito no se ven todas las cosas”.
La enseñanza es clara: no se puede comprender la realidad observando apenas un fragmento.
Existe también en sociología la llamada “paradoja del farol”. Una persona busca algo perdido bajo una lámpara porque allí hay luz, aunque no sea el lugar donde lo perdió. En las políticas públicas ocurre algo parecido: no podemos limitarnos a mirar solo aquello que resulta más visible o más cómodo de abordar.
Por eso, cuando hablamos de delincuencia juvenil o de cualquier otro problema complejo, debemos analizar el fenómeno de manera integral y atender todas sus dimensiones, no solamente una parte.
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