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Al límite de la legalidad, un mecanismo de financiamiento de los consumidores comienza a hacerse notar y a encender alarmas entre empresarios que ponen dudas de si se trata de una simple “avivada” o un síntoma sobre la profundidad de situaciones no virtuosas de la economía argentina.

Aunque no es nuevo, el ardid fue descripto por el empresario Emmanuel Fernández, dueño de Zapatillas Kioshi. Según afirmó en una entrevista, algunos clientes compran varios pares en 12 cuotas y, apenas concretan la operación, piden cancelarla.

No se trata de un error, sino de un método para financiarse, una suerte de préstamo sin intereses que aparece en un contexto donde la inflación desacelera pero el endeudamiento de las familias sigue figurando entre las principales preocupaciones del sistema financiero.

La lógica detrás de la maniobra es sencilla. Durante años, las cuotas sin interés funcionaron como una herramienta para estimular el consumo. En un contexto de inflación elevada, quien compraba en cuotas terminaba devolviendo dinero que valía menos que al momento de la compra. Ahora algunos consumidores parecen haber encontrado una vuelta de tuerca: utilizar esa financiación para obtener liquidez inmediata sin recurrir a un préstamo personal o a una tarjeta refinanciada.

El propio FMI advirtió en su última revisión que los préstamos morosos continúan creciendo, especialmente en el segmento de consumo, en un contexto de salarios reales todavía débiles y crédito cada vez más utilizado para sostener gastos corrientes.

Los números muestran la magnitud del fenómeno. Según datos recopilados por CEPA a partir de información del Banco Central, la irregularidad del crédito a familias en entidades financieras pasó de 2,5% en octubre de 2024 a 11,5% en marzo de 2026, con un anticipo de abril que ya mostraba un nivel de 12%. Se trata del registro más elevado desde la crisis de 2001.

El problema es todavía más visible en proveedores no financieros, fintech y billeteras virtuales. Allí la morosidad escaló hasta 30,7%, incluso por encima de los picos observados durante la pandemia.

Cómo es el “rulo” de las cuotas

El economista Christian Buteler dialogó con El Cronista y señaló que el “rulo” no es nuevo, pero que ahora “sale de vuelta a la luz por el comentario de este empresario”.

“Lo que comenta el empresario es que le compran de a cinco pares de zapatillas y se las devuelven al toque. Supongamos una compra por 120 mil pesos. El consumidor, ese mes, va a tener una cuenta que dice que le entró una cuota de 10 mil pesos y le ingresaron 120 mil pesos”, explicó.

El resultado de la operación es que la persona “se quedó con 110 mil pesos y después los otros meses le van entrando cuotas de débito por 10 mil”.

“Lo que se gana es una financiación gratis. Es como sacar un crédito sin tasa de interés. Devolvés el mismo capital que tomás”, concluyó el economista.

La legalidad, el techo del rulo y el antídoto

El mecanismo, aunque se centra en explotar una falla del sistema, no es ilegal. Aun cuando las compras online y la financiación están pensadas para el consumo, no existe una regulación específica que impida este tipo de operatorias.

Pero, más que la operatoria no sea ilegal, especialistas consultados desaconsejan utilizarla como mecanismo habitual de financiamiento. Aún dejando de lado la ética, existen riesgos concretos para el consumidor, como la evolución de una deuda que puede ir sumándose a otras y complicando su estabilidad financiera. Esas deudas no se acaban cuando se desinstala una app, aclaran los especialistas.

La regla sigue siendo la misma: cuando una familia necesita usar el consumo para financiar gastos corrientes, el problema suele estar menos en la tarjeta que en la situación económica que la rodea.

Para los comercios el fenómeno genera además un problema adicional. Las ventas realizadas en cuotas suelen implicar costos financieros y administrativos que terminan siendo absorbidos por el vendedor. Cuando la operación se concreta con el único objetivo de obtener efectivo y luego se cancela, el comercio se transforma involuntariamente en una fuente de financiamiento para el cliente.

La solución que han encontrado algunas plataformas y comercios es devolver el monto también en cuotas. Si la compra fue de $ 120.000 financiada en 12 cuotas, se devuelven 12 cuotas de $ 10.000.

“Algunos comercios ya te devuelven en cuotas lo que comprás en cuotas, por ejemplo los supermercados, tal vez los primeros que sufrieron esas operaciones”, ejemplificó Buteler.

El “techo” del rulo, en tanto, es el monto disponible en la tarjeta utilizada, ya que la maniobra consume el cupo de cuotas y reduce la capacidad de realizar otras compras financiadas.

¿Avivada o síntoma?

Fernández, el empresario del calzado que levantó el tema, sostiene que el fenómeno empezó a hacerse más visible durante los últimos meses. Según relató, después de eventos de fuerte movimiento comercial como el Hot Sale aparecen jornadas con una caída abrupta de ventas reales, algo que alimenta la sospecha de que parte de las operaciones responden más a necesidades de liquidez que a decisiones genuinas de consumo.

“La semana pasada tuvimos el Hot Sale y se vendió bien, pero al fin de semana siguiente fue prácticamente cero, se derrumbó. La gente está comprando con las tarjetas en 12 cuotas para financiarse. Me compran en 12 cuotas, me cancelan la compra y se hacen un préstamo, un rulo. La gente no está llegando a fin de mes, se está financiando hasta con esas cosas”, afirmó.

La discusión de fondo es si la maniobra refleja simplemente un comportamiento oportunista o si empieza a transformarse en un síntoma económico.

“Es imposible saber por qué lo hace el que lo hace. Estas avivadas pueden haber funcionado así, como avivadas, pero este empresario lo detecta más reiterado y lo asocia a la situación económica”, comentó Buteler.

Para el economista, el contexto ayuda a entender por qué la práctica podría estar expandiéndose.

“Si vos juntás los datos que tenés, caída del salario real, incremento en la morosidad muy alto, el más grande en 15 años y la velocidad del salto de la mora, sería lógico que lo asociemos a un estado de necesidad. El resto de las variables te llevan a ese lado”, concluyó.