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En las últimas ruedas, el dólar dejó de estar planchado y retomó una tendencia alcista que, si bien moderada, despertó a la divisa de la siesta. Si bien eso no supone una devaluación brusca, existe una coincidencia en el mercado que el propio Fondo Monetario Internacional ya señaló: algunos de los factores que hicieron la pax-cambiaria podrían deteriorarse o directamente convertirse en marginales en los próximos meses.

El segundo semestre podría ser más exigente para con un dólar que no deja de ser codiciado por los argentinos. El Banco Central, en los primeros meses del año, compró cerca de u$s 10.000 millones. Mientras tanto, la demanda privada de dólares para formación de activos externos sigue apareciendo como uno de los principales focos de atención para el mercado.

Se calcula que en los últimos dos años las empresas tomaron cerca de 29 mil millones de dólares de deuda, dólares que los argentinos tenían en el “colchón” o que fueron comprados e invertidos en Obligaciones Negociables.

Banco Comafi, Suramericana Visión y CEPA discrepan sobre la sustentabilidad del programa económico, pero -en los informes de la última semana- convergen en un punto: buena parte de los dólares que hoy sostienen la estabilidad cambiaria provienen de factores extraordinarios que podrían perder intensidad durante la segunda mitad del año.

El viento de cola que puede cambiar

Aquello que señaló el FMI fue remarcado, en la última semana, por tres documentos de muy diverso espectro ideológico. El reporte del Banco Comafi, el informe semanal de Suramericana Visión que conduce Martín Guzmán, y el análisis de CEPA hablan de la presión que puede sufrir el tipo de cambio en el segundo semestre.

Para todos ellos, la suerte de la divisa norteamericana está atada, en muy buena medida, a la suerte de cuatro aliados: la liquidación del agro, el superávit energético, los flujos financieros y las Obligaciones Negociables corporativas.

En estos momentos, el Gobierno Nacional atraviesa el período de mayor ingreso de divisas del año gracias a la liquidación de la cosecha gruesa, algo que, por estacionalidad, tenderá a bajar en los próximos meses.

No se trata de una coyuntura novedosa. Hace pocos días, una persona que supo trabajar muy cerca de Cristina Fernández de Kirichner recordaba, en diálogo con El Cronista, como ese ciclo lo afectaba todo en la gestión de gobierno. “Una cosa era el tercer bimestre y otra era en diciembre”.

La situación actual de la economía, tal como todos reconocen, no está sólo asentada en lo que pueda salir del agro, pero la merma de la cosecha dejará su marca. Desde Comafi recuerdan que el FMI proyecta una mejora de las reservas internacionales netas cercana a los u$s 10.000 millones para este año, una meta que se volverá más desafiante cuando desaparezca parte del flujo extraordinario proveniente del agro.

En Suramericana también ponen el foco sobre el carácter transitorio de esos dólares. La consultora destaca que las compras de divisas del Banco Central alcanzaron unos u$s 2.531 millones sólo en mayo y que buena parte de ese desempeño estuvo impulsado por la cosecha gruesa. Sin embargo, advierte que ese impulso difícilmente pueda repetirse durante la segunda mitad del año.

Las ON corporativas: los dólares que llegaron por deuda

Otro de los factores que ayudó a estabilizar el mercado cambiario durante los últimos meses fue el ingreso de dólares provenientes de emisiones de deuda privada. Comafi señala que una parte de la apreciación reciente del peso estuvo asociada a fuertes flujos financieros derivados de obligaciones negociables emitidas por empresas argentinas.

El informe advierte que, cuando ese flujo extraordinario disminuya, podrían reaparecer presiones para recomponer el tipo de cambio real.

Suramericana coincide en ese diagnóstico. El informe destaca que durante los primeros meses del año el financiamiento privado y las colocaciones de deuda contribuyeron a reforzar la oferta de dólares en el mercado. La consultora incluso remarca que buena parte del programa económico descansa sobre la continuidad de esos ingresos financieros y sobre el regreso gradual al crédito externo.

CEPA observa ese mismo fenómeno desde una perspectiva más crítica. El centro de estudios sostiene que la estrategia oficial depende cada vez más del acceso a financiamiento privado y remarca que el propio FMI incorpora en sus proyecciones nuevos flujos de deuda internacional para los próximos años.

El superávit energético: Vaca Muerta y el invierno

El tercer aliado del dólar es Vaca Muerta. Durante los últimos meses el complejo energético aportó un flujo creciente de divisas gracias a exportaciones récord de petróleo y gas.

Sin embargo, Comafi advierte que durante el invierno parte de ese excedente se reducirá por el aumento de la demanda doméstica de energía. Esa situación podría disminuir el aporte del sector energético a la acumulación de reservas durante el segundo semestre.

Suramericana viene siguiendo la misma dinámica. En sus informes recientes destacó que el complejo energético se transformó en uno de los principales motores del superávit comercial y llegó a explicar cerca de la mitad del saldo positivo acumulado durante el primer cuatrimestre.

Pero también reconoce que parte de ese desempeño responde a condiciones excepcionales de precios internacionales y producción récord.

Allí la guerra en Irán tiene mucho que decir y una paz, aunque precaria, podría hacer descender el valor del petróleo. La normalización en el estrecho de Ormuz haría desacelerar el interés exponencial que está depositado en la cuenca neuquina.

Eso no quiere decir que el fenómeno se detenga. De hecho, es el CEPA quién afirma que la energía aparece como uno de los pocos sectores capaces de generar divisas estructurales en el mediano plazo.

Milei y Trump en Davos
Milei y Trump en DavosFuente: EPA/KEYSTONEGIAN EHRENZELLER

Los dólares financieros: el factor que más mira el FMI

El cuarto aliado es el financiamiento externo. La segunda revisión del acuerdo muestra que el FMI ya proyecta para los próximos años emisiones de deuda, financiamiento de organismos multilaterales y préstamos privados para sostener el programa económico.

Comafi destaca que el organismo considera fundamental aprovechar la actual ventana financiera para comenzar a refinanciar vencimientos y reconstruir el acceso a los mercados internacionales.

Suramericana cuantifica esa apuesta. Según sus cálculos basados en el Staff Report, el programa supone que Argentina volverá a captar miles de millones de dólares mediante emisiones internacionales y financiamiento privado. Para la consultora, buena parte de la viabilidad del esquema depende de que ese regreso al mercado efectivamente ocurra.

CEPA es el más escéptico de los tres. El informe sostiene que el FMI construyó una hoja de ruta basada en supuestos muy exigentes de acceso al crédito y acumulación de reservas. Desde esa mirada, el principal interrogante no es si esos dólares son necesarios, sino si efectivamente estarán disponibles cuando Argentina los necesite.

La elección en Estados Unidos, una bisagra

Luego de lo que sucedió en 2025, cuando el gobierno de Donald Trump salió en apoyo de Javier Milei para sostener el programa durante el proceso electoral, la administración republicana quedó en el rol de prestamista de última instancia de la economía argentina.

Todos los analistas coinciden en que las elecciones de medio término en norteamérica pueden tener repercusión en todo el mundo, pero especialmente en el extremo sur del continente. Un resultado adverso para la Casa Blanca dejará a un presidente más débil, que puede llegar a enfrentar un impeachment parlamentario que concluya en su destitución.

Una nueva administración podría o no tener la sintonía tan fina con Milei como la que hoy tiene Donald Trump. Pero sólo la incertidumbre es un factor que debe tenerse en cuenta. Si no queda tan claro que Estados Unidos tiene el deseo de ser el guardián del modelo libertario, eso también podría generar una migración al dólar más acerada y, como consecuencia indeseada, la partida de capitales.