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No hay apuro por recuperar la confianza en una economía sin inversión

A los inversores les costará determinar si el discurso que pronunció ayer Alberto Fernández en el Congreso es una pieza de campaña, pensado para dañar a la oposición y restaurar su relación con Cristina Kirchner, o si responde a su pensamiento más fiel. 

La diferencia entre uno y otro es que si correspondiera aplicarlo en el primer caso, la gestión podría sumar objetivos que fueron excluidos de esta enunciación, solo para que no desentonen con el resto del discurso. Si el discurso describe todo lo que se propone hacer Alberto, sin otros complementos que lo maticen, la perspectiva es muy distinta.

Las palabras presidenciales no generaron entusiasmo entre los empresarios, excepto en aquellos que pueden alegrarse con el atraso tarifario y cambiario, y el aliento al consumo interno a través de un la prometida rebaja de Ganancias para los salarios altos.

Es cierto que las expectativas no eran grandes, pero las había. La economía rebotó en el cierre de 2020 más de lo esperado, y el viento de cola que trae la suba de los commodities ya está sumando dólares al Banco Central y pesos al Tesoro (por el impacto en las retenciones). Si el Gobierno trazaba objetivos claros de gestión que ayudaran a sostener o mejorar ese escenario, los beneficios sobre el 2021 podrían haberse cristalizado con mayor rapidez. 

Para eso hacía falta dar certidumbres sobre el plan de vacunación masiva contra el Covid (algo difícil, es cierto) y pistas más claras sobre la relación con el FMI, porque esa variable incide fuerte en el precio de los bonos y, en consecuencia, en el costo al que se financia el sector privado.

Mover esta cadena de eslabones ayudaría a reanimar la inversión privada, y con ella el empleo, factores vitales para un año electoral. Pero en la cosmovisión de Alberto sigue siendo más importante el Estado que gasta y subsidia que el empresario que invierte.

El Presidente prometió una nueva ley de hidrocarburos (otro cambio de reglas a uno de los sectores que necesitan tener reglas de largo plazo) y anunció una ley de Movilidad Sustentable (anticipada por El Cronista) que marcará una nueva regulación estatal, esta vez sobre el negocio del litio y los autos eléctricos.

La embestida a la Corte, así como a algunos jueces y fiscales, le suma interrogantes a la prometida reforma del Consejo de la Magistratura. Es difícil pensar, en ese contexto, en una norma que sume transparencia en la designación y remoción de jueces y aleje esa práctica de los humores de la política de turno.

La querella al macrismo por el acuerdo con el FMI terminó de desilusionar a aquellos que aspiraban a oír un discurso algo más racional. El problema de la deuda siempre es el gasto (votado en el Congreso). El FMI solo suplantó al mercado, que estaba cerrado por el temor de los bonistas al regreso del peronismo. Y por lo visto, no hay apuro por recuperar la confianza perdida.


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