La reelección de Lula en Brasil pone en discusión la interpretación de si están perdiendo los oficialismos o se trata de una nueva era en la política global.

Quienes impulsan la vigencia de una visión más tradicional sobre el proceso político que está en desarrollo sostenían que no había un cambio ideológico ni un cuestionamiento al sistema de democracia representativa, encuadrando en este concepto el giro a la derecha que muestran las victorias de esta orientación en el mundo occidental.

La visión contraria es que tiene lugar una profunda transformación política generada por cambios producidos por las nuevas tecnologías y redes sociales, que tienen efectos culturales e ideológicos que favorecen a la derecha y cuestionan el sistema de representación política tradicional.

El triunfo de Lula -Brasil es el segundo electorado del mundo occidental después de Estados Unidos- rompe esta dicotomía. Ha ganado un oficialismo, lo que no venía sucediendo, y al mismo tiempo una expresión de la política tradicional, lo que tampoco era común. Es decir, la reelección de Lula para su cuarto mandato no encaja con las interpretaciones precedentes.

En Brasil ha ganado un oficialismo, lo que no venía sucediendo.
En Brasil ha ganado un oficialismo, lo que no venía sucediendo..

Las encuestas hasta el día previo a la elección mostraban un empate en torno al 50%, pero finalmente Lula se impuso por más de tres puntos. Pero ya desde el jueves 22 las redes sociales mostraban que Lula estaba ganando en este ámbito. Esta fue la clave de su triunfo.

El apoyo a Bolsonaro en las redes sociales se vio interrumpido por el conflicto que se dio en torno al rol de Meta en la campaña y las denuncias contra su titular, Mark Zuckerberg. Este fue intimado por la justicia brasileña por inclinar su empresa, potenciando la presencia de Bolsonaro y disminuyendo la de Lula.

Esta denuncia fue corroborada hasta por la propia Comisión de Evaluación de Contenidos de la compañía. Ello paralizó la acción de Bolsonaro en una red social que le era afín. Las encuestas no mostraron este cambio de tendencia, que sí se estaba dando en ese ámbito.

El congresista André Janones, apodado “El General”, fue el encargado de organizar el activismo del PT, tanto en el ámbito digital como en las calles. Al frente del canal de WhatsApp “Ejército de Lula”, organizó la presencia en línea de sus simpatizantes, donde comenzó a competir con los de Bolsonaro, quienes tradicionalmente obtenían mejores resultados que la izquierda en estos espacios de difusión.

El canal alcanzó más de 10 millones de seguidores. El congresista enviaba diariamente “misiones” a sus simpatizantes, que incluían republicar videos y promover consignas contra Flávio Bolsonaro.

El congresista también animaba a los votantes a sumarse a “tendencias”, como las que consistían en publicar votos con la bandera brasileña y hacer el gesto característico del presidente, la “L” con los dedos. En la recta final, Janones recurrió a transmisiones en vivo con Lula y artistas, que duraron hasta 24 horas antes de la elección.

Cabe señalar que en la primera vuelta en Minas Gerais ganó el candidato de Flávio Bolsonaro, Cleitinho, un músico y youtuber de 28 años sin trayectoria política. Tras la primera vuelta, Lula trabajó eficazmente para modificar la situación en el segundo estado más poblado del país, que ahora dejará de estar gobernado por el PT.

Janones impulsó tendencias digitales y Lula revirtió resultados en Minas Gerais.
Janones impulsó tendencias digitales y Lula revirtió resultados en Minas Gerais.EFE

Una de las causas podría deberse a que un operador afín a la derecha en la región como Fernando Cerimedo, que venía actuando a favor de Bolsonaro y que en Argentina había apoyado a Milei, en Perú a Fujimori y en Bolivia a Paz, se encuentra ahora detenido y sin capacidad real de influir en este ámbito.

La presidente de México, Claudia Sheinbaum, reconoció rápidamente el triunfo de Lula en el balotaje. Esta no había asumido ningún rol protagónico durante la campaña del presidente brasileño, a pesar de su afinidad ideológica, aunque sí había expresado públicamente sus simpatías.

El problema para Donald Trump es que Brasil, México y Canadá -países no alineados con él- constituyen en el hemisferio americano el 48,1% del territorio, el 36,4% de la población y el 17,3% del PBI.

Proyectos como el Escudo de las Américas que impulsa Estados Unidos en la región, destinado a combatir el narcotráfico y el crimen organizado y la insurgencia de izquierda, quedarán a partir de ahora limitados en su alcance. Probablemente habrá países que buscarán ubicarse en un punto intermedio entre Estados Unidos por un lado y Brasil y México por el otro.

En el ámbito global, China ganará terreno con un gobierno brasileño más libre para desarrollar su rol en los BRICS. La política estadounidense para frenar el desarrollo de la influencia de la potencia asiática en la región se verá disminuida.

Posiblemente la Administración Trump busque impulsar la relación con el gobierno de Milei en Argentina para que ocupe el liderazgo de los gobiernos de derecha y centroderecha en la región.

Pero el rol regional del presidente argentino se verá limitado por el triunfo de Lula en Brasil. Además, este tiene lugar en momentos en que el plan económico argentino es materia de controversia y la imagen positiva de Javier Milei ha decrecido.

Trump buscaría posicionar a Milei regionalmente, pero Lula limita su influencia.
Trump buscaría posicionar a Milei regionalmente, pero Lula limita su influencia.Ilustración creada con IA

Parece así dibujarse un escenario de polarización entre el partido del presidente, La Libertad Avanza, y el peronismo, que ha representado la corriente populista durante los últimos ochenta años. Una eventual derrota de Trump en la elección de medio mandato estadounidense, sumada al triunfo de Lula, debilitará el efecto político de los triunfos de derecha en las últimas elecciones de América Latina.

El gobierno argentino se mantiene en silencio frente al resultado electoral brasileño, pero es claro que Milei no está dispuesto a mejorar su mala relación con Lula. El vínculo comercial entre Buenos Aires y Brasilia no se alterará, pero sí puede dificultar los acuerdos regionales, como el del MERCOSUR con la Unión Europea.

En cuanto a la elección estadounidense de medio mandato, si pierde Trump, ello implicará un efecto negativo para la Administración de Javier Milei. Lo mismo ha sucedido con el resultado de la elección israelí, en la que una eventual alianza entre los partidos opositores a Netanyahu y los árabes-israelíes podría formar un nuevo gobierno.

La huida de Flávio Bolsonaro de Brasil es el primer hecho que pondrá a prueba la convivencia de Lula con Trump y Milei, si será posible un terreno común entre ellos o si la confrontación seguirá escalando.