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La política argentina entra en una pausa extraña. Durante los próximos días, varios legisladores de La Libertad Avanza, el PRO y el radicalismo viajarán a Estados Unidos para seguir las elecciones legislativas del martes y, apenas regresen, la agenda quedará absorbida por la visita de León XIV, prevista entre el 8 y el 11. En el oficialismo calculan unos diez días de actividad legislativa reducida, pese a que las reformas y el Presupuesto apremian. Pero detrás de ese impasse hay menos descanso que acumulación: la Casa Rosada empieza a ordenar las piezas con las que Javier Milei pretende llegar competitivo a las elecciones 2027.
La discusión tiene tres planos que se pisan entre sí. Patricia Bullrich busca conservar margen propio sin romper con el Presidente; los primos Menem intentan cuidar la estructura de La Libertad Avanza mientras negocian voto por voto con Diego Santilli el Presupuesto y la reforma política; y el Gobierno profundiza una relación con sectores evangélicos que puede convertirse en otra vía de construcción territorial. Todo ocurre mientras -todo un signo novedoso- algunos gestos del Presidente empiezan a generar ruidos dentro del partido que hasta hace poco no se manifestaban.
En el entorno más cercano a Bullrich hoy descartan una salida inmediata del Gobierno. No porque las diferencias con Milei hayan desaparecido, sino porque la cuenta electoral no cierra: creen que, más allá de las peleas actuales entre el kirchnerismo, Axel Kicillof y los sectores del peronismo federal, cuando llegue la elección el PJ tenderá a buscar una síntesis.
“Si el peronismo se divide, ahí sí tenemos una oportunidad de jugar por afuera”, resume una fuente cercana a la senadora. El problema es el escenario inverso: si Bullrich rompe, Milei pierde una parte de su electorado y el peronismo termina unificado, “solamente podemos perder”.
Por eso la estrategia es acumular todo lo posible antes que definir. Al bullrichismo le sirve estirar la discusión sobre las PASO porque quiere conservar dos caminos abiertos: si Milei se debilita, reclamar una competencia interna; si el Presidente retiene una mayoría abrumadora del espacio, utilizar el capital propio para discutir lugares, representación y condiciones de convivencia.
Martín Menem salió esta semana a cerrar esa puerta en público. “El único candidato de LLA es Javier Milei”, dijo el presidente de Diputados y vicepresidente del partido, una definición que el propio Presidente convalida en cada oportunidad en la que se muestra como la opción opuesta a la política tradicional. Una línea que no solo apunta hacia el otro lado de la grieta pero también hacia el interior de sus filas.
Cerca de Bullrich hablan de la “teoría del árbol”: hay un tronco común, pero ramas que representan sensibilidades diferentes. Bullrich no quiere -y no puede- perder al electorado que la acompañó en 2023 y que puede compartir el rumbo económico del Gobierno sin sentirse cómodo con todas las formas o expresiones de Milei.
La diferenciación se volvió más visible después de que el Presidente hablara de “la hoguera” al referirse a periodistas en la cena de la Fundación Faro. Bullrich dijo públicamente que la frase cruzaba un límite. Luego se diferenció también con las elecciones en Brasil, aunque le dio un margen de 48 horas a la Casa Rosada para que fije su postura.
El dato nuevo, no obstante, aparece puertas adentro: una fuente del bloque asegura que por primera vez escuchó a legisladores ajenos al bullrichismo decir en privado que algunas expresiones presidenciales ya son “demasiado”. No es una rebelión. De momento, apenas ruido. Pero uno que non se percibía hasta hace tanto en una tropa que no se caracteriza por la abundancia de librepensadores.
La gente decide en las urnas y su voluntad se respeta. Ese es el principio fundamental de toda democracia.
— Patricia Bullrich (@PatoBullrich) October 28, 2026
Tenemos profundas diferencias políticas con el nuevo gobierno de Brasil, pero nuestros países comparten una historia, intereses estratégicos y enormes oportunidades de…
Karina, Patricia y el control de la tropa
La relación más áspera no parece estar hoy entre Milei y Bullrich, sino entre la senadora y Karina Milei. En la Mesa Política esa tensión no se disimula. Tampoco la incomodidad cada vez más evidente de la jefa de bloque. Un episodio que circula internamente ocurrió después de uno de los videos con los que Bullrich buscó marcar posición con la canción de Lali Espósito: Karina la habría interpelado delante del resto y le habría pedido explicaciones sobre sus piezas creativas. “¿Nos explicás cómo es esto del video, Patricia..?“ -recrean aquel momento algunas fuentes-; ya no hay mensajes tácitos.
La preocupación de fondo no es sólo personal. “Hay que llevarla a Patricia porque si rompe se vuelve un peligro enorme”, dice una fuente del Congreso que se esfuerza por desescalar. La cuenta es sencilla: Bullrich no necesita ganarle a Milei para complicarlo; le alcanza con conservar una porción suficiente del electorado para quitarle al Presidente votos decisivos frente a un peronismo reunificado. Le pasó a Sergio Massa en la primera vuelta electoral de 2023: los puntos que se llevó Juan Schiaretti le hubieran dado la victoria en primera vuelta.
El nerviosismo dentro del mundo libertario también se observa en episodios menores. En Catamarca, el legislador Adrián Brizuela dijo que Milei había sido golpeado durante un tumulto y cuestionó la seguridad; el partido lo desmintió, no sin exponerlo antes. Según una fuente oficialista, Karina vio el video y ordenó que el propio responsable se desmintiera a sí mismo.
En el mismo viaje, otro diputado fue obligado a borrar fotos que había tomado del Presidente dentro del avión. ¿No saben lo celoso que son los responsables de la Comunicación con la estética del Presidente? “Algunos siguen muy verdes”, se lamenta un dirigente parlamentario sobre parte de la tropa propia.

La paradoja aparece cuando la conversación pasa de la interna a los votos y la agenda pendiente en las dos cámaras. Más allá que la relación de Bullrich con Martín y Lule Menem es naturalmente tensa, una fuente de altísima llegada al Congreso asegura que coinciden en algo sustancial: no creen conveniente cerrar ahora un acuerdo general con los gobernadores que comprometa toda la gobernabilidad hasta octubre de 2027. Solo porque es imposible prever una estrategia tan a largo plazo.
Esa mirada, según las fuentes, los diferencia de Luis “Toto” Caputo, más proclive a tejer estos pactos previsibles con las provincias que despejen cualquier incertidumbre. Los operadores políticos creen que todavía es temprano y prefieren avanzar paso a paso. Las prioridades son el Presupuesto 2027, la reforma política y el proyecto vinculado con Malvinas donde el armisticio de los primos se extiende al otro vértice del Triángulo de Hierro.
La discusión legislativa y la electoral no están separadas. Lo que una provincia consiga en recursos, obras o partidas condicionará inevitablemente el clima para discutir después la suspensión o eliminación de las PASO. Diego Santilli transmite que los votos están, pero los negociadores no descartan que se dé una votación a tres bandas a la inversa de los últimos tiempos: que el Senado avance con buena parte de la reforma política y deje afuera las primarias y sea Diputados el que fuerce su incorporación para que la cámara original la revise después.
El problema es que casi no existen interlocutores capaces de garantizar un bloque completo. “Con los radicales tenés que cerrar uno a uno. Los únicos partidos fuertes hoy son el peronismo y nosotros”, resumen desde el ecosistema libertario del Congreso. Por eso tampoco es posible negociar en espejo: lo que se acuerda en Diputados no necesariamente llega blindado al Senado. Y el Presupuesto puede seguir el mismo camino que la reforma política, con las cámaras invertidas.
En ese esquema, cada provincia se vuelve un caso distinto. Solo para citar un ejemplo de rutilante actualidad por la foto compartida con Karina, en Santa Fe ven margen para construir algún acuerdo con Maximiliano Pullaro, aunque todavía evalúan si será con una lista colectora y una cabecera compartida para gobernador. En otros distritos el formato puede ser diferente, similar al esquema 2025 donde todo era violeta bajo el signo de Alianza LLA.
Los evangélicos y otra construcción territorial a días de la visita del Papa
Mientras arriba se discuten candidaturas, gobernadores y bancas, el Gobierno ensaya otra forma de territorialidad. El lunes, Javier y Karina Milei participaron en Casa Rosada del acto por el Día Nacional de las Iglesias Evangélicas y Protestantes junto a referentes nacionales de ACIERA y de las provincias. No se comunicó por vía institucional como el primer encuentro con rezos del año pasado.
Al día siguiente hubo un reconocimiento similar en Diputados. Y ayer, además, Milei viajó especialmente a Neuquén para inaugurar el nuevo auditorio de más de 6.000 m2 de la iglesia Jesús es Rey, conducida por el pastor Hugo Márquez, padre de la senadora libertaria Nadia Márquez, de extrema cercanía con Karina Milei.
Si bien desde ACIERA rechazan cualquier etiqueta de “voto evangélico” como un bloque uniforme, existe una afinidad importante entre parte de su línea pastoral con aquellos sectores políticos donde se refleja una agenda similar de valores, especialmente en la pulseada contra el aborto y el matrimonio igualitario. Aunque no son banderas actuales de la gestión libertaria, hubo expresiones en esa dirección en el pasado y hay elecciones el año próximo donde podrían volver a instalarse como temas de una agenda compartida.
El dato político más sensible circula, sin embargo, por fuera de los actos. Una fuente con llegada al mundo pastoral asegura que desde el Gobierno impulsan la conformación de consejos evangélicos provinciales que funcionen como interlocutores directos y permitan canalizar programas y ayudas con menor dependencia de resortes políticos tradicionales, como los intendentes. No hay todavía documentación pública que formalice ese esquema, apenas conversaciones. Pero se emparenta con una estrategia de mayor capilaridad territorial hacia 2027.

La apuesta tiene lógica política: las iglesias cuentan con presencia barrial, comedores, trabajo con adicciones y cárceles y una organización extendida por buena parte del país, una tarea social que la propia ACIERA reivindica. No convierte a las congregaciones en una maquinaria electoral, pero sí ofrece al Gobierno una red social con la que viene profundizando su vínculo.
Todo ello en el marco de una fe que crece en todo el territorio, de forma ininterrumpida desde comienzos de milenio. Acorde a las Encuestas Nacionales sobre Creencias y Actitudes Religiosas coordinadas por investigadores del CEIL-CONICET, sus devotos pasaron del 5% a fines de los ‘90 al 15,3% a nivel nacional. Estimaciones y proyecciones universitarias posteriores lo elevan hoy aún más, hasta cerca del 18%, cerca de 8 millones de personas. Pero en la Patagonia, donde hizo pie el Presidente, el promedio llega al 24%.
La coincidencia temporal agrega otra imagen. Milei refuerza esa relación justo antes de recibir al Sumo Pontífice, que estará en la Argentina en exactamente una semana, cuando el Presidente lo reciba a los pies de la escalera del avión que lo depositará en suelo argentino luego de 39 años sin la visita de un Papa. Todo un hito para la gestión libertaria.

Por Mariano Beldyk
Editor Jefe de Política
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