ANÁLISIS

La muerte de los promedios

Esto no es una llamada de atención, es mucho más que eso, es una sacudida terrible con una enorme incertidumbre", describió Rafael Fernández de Castro, director del Centro de Estudios México-Estados Unidos de la Universidad de California. Qué desafío el de los intelectuales encontrar categorías de análisis que puedan contener el momento actual que atraviesa el planeta. El instrumento de agrupar también es excluir, y es un método efectivo, pese a su reduccionismo, para dar cuenta de un todo de manera sintética.

Sin embargo, este momento histórico requiere la conformación de una inteligencia intuitiva que nos permita identificar los escenarios y las narrativas correctas para desafíos que son particulares. De no ser así, caeremos en la tentación de seguir las señales que nos dan los "promedios" que de poco sirven a la hora de desentrañar un mundo complejo, heterogéneo y disperso, donde riesgos y oportunidades conviven superpuestos.

A tres meses del comienzo de la Guerra, mientras se sigue conformando un Nuevo Normal con una agenda pandémica aún activa, contamos con buenos análisis sobre cuáles serán los "promedios" que signarán el futuro cercano en la economía global.

Menor crecimiento, mayor volatilidad, son los indicadores que nos alertan sobre lo próximo. En promedio, la economía global crecerá casi un punto menos que lo que se esperaba en enero y el índice Vix que mide la volatilidad financiera, se estabiliza en niveles dos veces más altos que antes de la pandemia. Detrás de estas variables, vemos un "vuelo a la calidad", que genera una apreciación del dólar y se combina con las presiones inflacionarias sostenidas por problemas de oferta y abastecimiento.

Ahora bien, estos "promedios" lejos están de completar los insumos necesarios para el mundo de los negocios y las empresas. No alcanza con el forecast macro estándar para tener una mirada prospectiva en lo específico. Debemos sumar una visión más integral de los procesos que se están iniciando y retroalimentan una transformación constante y vertiginosa.

En este sentido, McKinsey reconoce doce disrupciones trascendentes que marcarán la fisonomía del mundo. Desde la crisis humanitaria, la dimensión de nueva población vulnerable, la seguridad alimentaria, el abastecimiento de insumos críticos y las cadenas de suministro, los gastos en defensa, la ciberseguridad, la relocalización de corporaciones globales líderes, la dinámica financiera, todo conformando un mundo mucho más volátil e incierto.

¿Cómo pensar toda esta complejidad desde una Argentina abstraída en el índice de inflación?

Un primer acercamiento requiere al menos cuatro puntos de apoyo: la cuestión de "congeniar plazos", la fragilidad local, la tracción diferencial sobre los sectores de la nueva geopolítica, y el talento como uno de los bienes renovables de Latam/Argentina en la nueva era tecnológica/digital.

En primer lugar, la manera en qué habitualmente organizamos los procesos según la línea de tiempo nos queda vieja, el corto y el mediano plazo no dan cuenta de una relación intrincada entre coyuntura y estructura. Adicionalmente, enfrentamos una gran incertidumbre sobre qué es duradero y qué transitorio, cuándo impactarán las nuevas oportunidades, y si eventualmente ellas apalancarán una nueva dinámica en la gestión de lo local.

Sobre esta iteración entre el corto y el mediano plazo, emergen riesgos de una escalada de inestabilidad en la economía argentina. El fogonazo inflacionario de los últimos meses pone en serias dificultades el cumplimiento del acuerdo con el FMI, hoy la única ancla que disponemos. En ese contexto, la fragmentación en la coalición de gobierno abre espacios para un malhumor social que representa a una gran parte de la población con serias dificultades económicas.

Pero al mismo tiempo que los riesgos de corto aumentan, aparecen señales muy claras de un horizonte positivo de la mano de sectores estratégicos. En energía, las búsquedas de fuentes alternativas a las provisiones rusas abren oportunidades para países como Argentina, pudiendo llegar en algunos años a incrementar en 18MM de dólares nuestras exportaciones.

De la misma manera, la escasez y el alza de precios en insumos críticos (acero, níquel, paladio, carbón y cobre) reconfigura la transición energética y la movilidad, con potenciales beneficios para nuestra industria metalífera y el litio. Las mayores demandas para los agronegocios locales que ya se registran dado el contexto de escasez y problemas de seguridad alimentaria, es también parte una dinámica que saltea el corset de la macro para aprovechar el nuevo mapa de comercio global.

Estos movimientos hacen sinergia con el verdadero potencial que presenta Latam en su conjunto. La región del planeta más grande, conectada idiomática y culturalmente, con un huso horario alineado al mayor mercado del mundo, con una diversidad y una creatividad extraordinaria y un talento que se alinea con la nueva matriz de producción donde una idea y una computadora lo pueden.

Cuándo esta potencialidad impactará en los "promedios" es difícil saberlo, probablemente los fundamentals macroeconómicos continuarán mostrando signos de debilidad hasta que se inicie un nuevo ciclo. Sin embargo, el impacto del nuevo mundo en los negocios y los proyectos productivos ya está latiendo con los testimonios de los emprendedores, de los unicornios, de las pymes y con las miles de historias particulares que están ahí, por revelarse y expandirse.

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