Opinión

En Brasil ya ganó el progreso

Luego de una campaña jamás vista en Brasil por su polarización desde la redemocratización en los años ochenta, las urnas "electrónicas" hablaron en la gran nación sudamericana. Dos gladiadores populistas y antagónicos se enfrentaron en una elección que resultó en la victoria del expresidente Lula en la primera vuelta por un margen cercano al 6% sobre el actual presidente Bolsonaro, que busca su reeleción. 

Para un país acostumbrado a un sistema multipartidista, donde siempre existía el predominio de dos partidos de elite, nunca se había vivido una experiencia donde los extremos literalmente fagocitaron al resto de los candidatos, llevándose, entre los dos primeros, más del 90% de los votos. 

Sin embargo, lo más interesante de la primera vuelta electoral, fue la lógica territorial de victoria de ambos candidatos presidenciales, y principal- mente la elección de un poder legislativo mucho más conservador en sus ideas morales y liberal en su postura económica. 

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Posiblemente Bolsonaro nunca imaginó que lograría un Congreso Nacional tan calcado a su propia necesidad de gobernabilidad para los próximos cuatro años. Si analizamos el mapa electoral tanto para presidente como gobernador a lo largo de Brasil, nos encontramos que Lula logró su mayor victoria, con márgenes amplios, en los estados del norte y nordeste brasileño. Regiones históricamente atrasadas, lideradas por caudillos, donde el empleo público y la movilidad social vie- nen de la mano con el poder político de turno. 

Cualquier similitud al "Norte Grande Argentino" es pura coincidencia. Por otro lado, Bolsonaro se impuso en el Sur, Sudeste y Centro-Oeste de Brasil, regiones industriales, donde la frontera agrícola se expande, donde la propiedad privada, la movilidad social ascendente, la libertad de prensa y el clima de negocios e inversión puede más que el voluntarismo político de turno. 

En síntesis, regiones con un índice de desarrollo humano, en algunos casos similares a los del mundo desarrollado. Nueva- mente, cualquier similitud con provincias como Córdoba, Santa Fe o Mendoza es "pura coincidencia". Pero, además, si profundizamos la elección de los legisladores nacionales y los gobernadores electos, o en segunda vuelta con altas chances de elección, encontramos que la centro-derecha tanto en diputados como en el senado tendrá casi la mitad de los escaños. 

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Si a esto agregamos partidos de centro/liberales, con frentes parlamentarios como la agroindustria, evangélicos, seguridad y anticorrupción entre otros, ya existen mayorías simples instaladas a partir de enero de 2023. 

Como ejemplo, la elección en primera vuelta del gobernador Romeu Zema de Minas Gerais, el ‘swing state' brasileño, el electorado votó a un gobernador en casi un 60%, que apoya explícitamente a Bolsonaro en la segunda vuelta, y eligió legisladores nacionales y estaduales de centro derecha y, sin embargo, una porción voto a Lula o terceras fuerzas para presidente. 

Este escenario se ha visto en muchos estados brasileños, mostrando que posiblemente Bolsonaro tendería más a capturar de las terceras fuerzas que Lula. Pero también muestra un desgaste de la imagen presidencial frente a un electorado que quiere más futuro que pasado. 

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UN BRASIL MÁS LIBERAL 

Las urnas hablaron y la mayoría del pueblo brasileño se declaró de centro derecha. Ahora las encuestas, faltando una semana para la elección del domingo, muestran un empate técnico entre ambos candidatos presidenciales. 

Sin embargo, lo que la elección en primera vuelta muestra es que existe un rechazo significativo por la centro- izquierda populista encarnada en los liderazgos del PT y su séquito, con un discurso algo arcaico para los tiempos que corren. Lula es un caso aparte -debido a que como muchos históricos del partido siempre recuerdan- ya desde sus inicios en la organización político- sindical ha sido más pragmático que dogmático. 

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Sin embargo, el desgaste es evidente. Pero con este escenario, lo que emerge a la superficie política brasileña, independientemente de las figuras presidenciables actuales, es que la centro izquierda "progresista", aquella de base obrera y sindical, de la democracia y participación popular, estatista, soberana, del sueño de la clase media amplia en los grandes cinturones productivos brasileño se ha transformado básicamente en un movimiento populista conservador caudillista. 

Un sacrilegio lo que digo, si pensamos en ese "Lula hijo del Brasil" de Carlos Barreto, que formó una fuerza política que en su primera elección allá en el año ‘89 luchaba contra un Fernando Collor, venido de la más rancia oligarquía caudillista del nordeste pobre brasileño. 

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Y frente a ello, un Partido de los Trabajadores (PT) se erguía, valiente desde el ABC paulista industrial, desde las bases sindicales, desde una clase media que quería cambios luego de años de gobierno militar, desde los estados con movilidad social ascendente como San Pablo o Rio Grande do Sul. Ese PT, es ahora una tenue sombra de lo que fue, con un perfil conservador de raigambre caudillista, anclado en ideas de redistribución estatal colmada de corrupción e ideologías de otro siglo. Ese PT que ahora se jacta de tener su base electoral en regiones donde el caudillismo sigue siendo el dedo del político que no protege la iniciativa privada, sino que arrastra clientelismo en un toma-daca por el voto ciudadano. 

La izquierda en Brasil envejeció dentro de marcos arcaicos que no tienen relación con la economía global y principalmente con el mercado de trabajo actual y futuro. No entiende, los desafíos del futuro y no logra oxigenar sus cuadros, ya que Lula como un árbol de mango frondoso no deja que ni el pasto crezca a su alrededor. 

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Por otro lado, la centro derecha y/o liberales, muchísimos anti-Bolsonaro, crecen cada vez más en el Brasil industrial, integrado al mundo, desregulado, que lucha por achicar la burocracia y los impuestos, donde la propiedad privada está directamente ligada al ascenso social, donde el dedo del político de turno es incapaz de impactar fuertemente debido al descomunal tejido productivo y social existente. Este espacio, que algunos llaman de centro derecha, donde confluyen un crisol de valores ha salido victorioso de la elección en Brasil

Es un cuadro innegable para cualquiera de los candidatos a presidente que vaya a gobernar a partir del primero de enero próximo. Y desde ya, el marco geográfico no es excluyente para definir un perfil, pero nos trae la pregunta sobre el envejecimiento de los mitos progresistas de antaño que hoy son redefinidos, y donde Lula y el PT no han logrado redefinirse. 

El domingo, puede ser electo Lula o Bolsonaro, pero ambos seguramente tendrán que gestionar con un Congreso más cohesionado, con nuevos liderazgos y más reformista. Para ambos será un desafío, pero posiblemente para Lula resulte aun mayor la colina a escalar para lograr gobernabilidad.

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Comentarios

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  • RN

    Raul Nieto

    28/10/22

    Que buen articulo, donde expone el desafío de la sociedad la movilidad social asociada al esfuerzo personal y la libertades individuales, donde los caudillismo y la dependencia del ciudadano pobre deben desaparecer en pos de un estado mas racionalizado donde la educación debe ser lo prioritario Mas allá de quien gane en Brasil están con futuro promisorio

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