Las expectativas del mercado sobre la marcha de la economía continúan deteriorándose, y el relevamiento que el Banco Central realiza entre analistas aportó esta semana una nueva muestra de ese pesimismo creciente. La proyección de crecimiento para 2026 se recortó hasta apenas el 1,5%, seis décimas por debajo de la estimación del sondeo anterior, en un ajuste que refleja la persistente debilidad de la actividad. El dato más elocuente, sin embargo, es que los analistas ya anticipan una contracción del 1% para el tercer trimestre, medida en la serie sin estacionalidad, lo que confirmaría que la economía no solo dejó de crecer, sino que comenzó a retroceder en el tramo central del año.

Ese enfriamiento de las perspectivas resulta coherente con el cúmulo de indicadores adversos que se fueron conociendo en las últimas semanas, y marca un contraste notorio con el optimismo que el propio mercado exhibía a comienzos del año. La sucesiva revisión a la baja de los pronósticos da cuenta de un proceso en el que la recuperación esperada se fue postergando una y otra vez, hasta dar paso a la expectativa de una recesión en el corto plazo. La economía real, en definitiva, se consolida como la principal asignatura pendiente del programa.

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En el frente de los precios, en cambio, el panorama luce más estable. El mismo relevamiento proyecta una inflación mensual del 1,9% para septiembre, con un componente núcleo del 1,8%, y un cierre de 2026 en torno al 30% anual, prácticamente sin cambios respecto de la medición previa. El anticipo de la inflación porteña aportó una señal en la misma línea, ya que el índice de la Ciudad de Buenos Aires marcó un 1,8% en septiembre, apenas una décima por encima del mes anterior, con los bienes subiendo un 1,6% y los servicios un 2%. Más alentador aún fue el comportamiento de la medición núcleo porteña, que descendió al 1,7%, cuatro décimas menos que en agosto. Entre los rubros de mayor aumento se ubicaron la educación, con un 2,9%, la indumentaria y el calzado, con un 2,3%, y la vivienda junto con los servicios públicos, también con un 2,3%, mientras que el equipamiento del hogar registró la menor suba, de apenas un 0,3%.

El terreno monetario volvió a mostrar la tendencia a la remonetización que se viene insinuando en los últimos meses, un fenómeno que podría tener consecuencias favorables sobre el financiamiento. El dinero transaccional en manos de los privados creció un 0,5% mensual en términos reales y desestacionalizados, traccionado sobre todo por el circulante, que avanzó un 1,6%. Los depósitos a plazo, por su parte, se expandieron un 1,8%, impulsados principalmente por las colocaciones de las empresas, lo que elevó el agregado monetario más amplio en manos privadas un 0,7%. La base monetaria, si bien cerró el período con una leve caída, mostró en su promedio mensual un aumento del 2,6%, el segundo incremento consecutivo, lo que confirma que la economía continúa recuperando de manera gradual la cantidad de dinero en circulación que había perdido durante la etapa de mayor restricción.

No todo fue positivo en el plano financiero, sin embargo, y el crédito volvió a dar una señal de debilidad. Los préstamos en pesos al sector privado se contrajeron un 0,8% en el mes, con el retroceso concentrado principalmente en el financiamiento al consumo. Ese comportamiento es coherente con una demanda interna que no termina de reaccionar y con el efecto que las elevadas tasas de interés siguen ejerciendo sobre el acceso al crédito. La recuperación de la cantidad de dinero, por lo tanto, todavía no logra traducirse en una expansión sostenida del financiamiento a las familias y las empresas, que es la vía por la cual esa mayor liquidez podría apuntalar la actividad.

Las reservas del Banco Central, en tanto, cerraron la semana con una mejora. El stock bruto se ubicó en 49.701 millones de dólares, tras un incremento de 1044 millones respecto de la semana anterior. Se trató de una variación favorable que mantiene a las reservas en una posición relativamente sólida dentro del cuadro reciente, apuntalada por el desempeño del sector externo y por el respaldo del financiamiento disponible.

En el plano de los anuncios, la novedad fue la apertura de las ofertas económicas por la privatización de la empresa que abastece de agua potable y cloacas al área metropolitana. El esquema contempla el traspaso del 90% del paquete accionario a inversores privados, mientras que el 10% restante quedaría en manos de los trabajadores a través de un programa de propiedad participada. El consorcio que resultó adjudicatario presentó una oferta de 340,2 millones de dólares, un 19,4% superior a la de su competidor, que había ofrecido 285 millones. El contrato de concesión exige, además, un ambicioso plan de inversiones para el período que va de 2027 a 2031, por un total cercano a los 2,9 billones de pesos a precios de fines de 2025, repartidos entre obras de expansión y tareas de mantenimiento, con metas de cobertura para 2031 del 75,3% en agua potable y del 63,9% en cloacas.

El balance de la semana consolida un diagnóstico que ya resulta familiar, pero que cada nuevo dato vuelve más nítido. La economía argentina preserva sus fundamentos más sólidos, como una inflación contenida, unas reservas en recuperación y un proceso incipiente de remonetización, pero no consigue traducir esa estabilidad en un repunte de la actividad. El recorte sucesivo de las proyecciones de crecimiento y la expectativa de una contracción en el tercer trimestre confirman que el principal desafío sigue estando en la economía real. Mientras el crédito no se reactive y la demanda interna no encuentre un piso, la recuperación que el país necesita continuará postergándose, y con ella la mejora en las condiciones de vida.

Federico Pablo Vacalebre es profesor de la Universidad del CEMA.