Enfoque

El árbol no nos deja ver el bosque de la pospandemia

Las elecciones definirán la política económica de los próximos meses. El objetivo es llegar con la economía a pleno para ese momento. A medida que se acerque la primavera el clima y la creciente inmunización ayudará a reducir los contagios, lo cual permitirá flexibilizar las restricciones. Pero también la política económica será mucho más laxa, se aumentará el gasto público y habrá una mayor expansión monetaria.

Este combo ayudará a recomponer la economía un poco, pero también se correrá riesgos en materia de dólar y generarán mayores distorsiones que complicarán el post-Covid. Porque, no hay que engañarse para que se recupere la situación previa a la pandemia, la Argentina necesitará volver a crecer de forma genuina y eso sólo se logra con inversión y productividad. Eso debería ser en lo que tendríamos que enfocarnos ahora.

En efecto, es muy probable que una vez que termine el invierno experimentemos algún rebote largo, si todo sale bien. Pero el la OCDE ya estableció que la Argentina estará entre los últimos países en recuperar el PBI per cápita tras la pandemia. La verdad es que el país ya lleva 10 años consecutivos de caída del producto por habitante y, eso claramente, viene de antes de la pandemia. Sucede que el contexto global empeoró todo. No solo por la pérdida de negocios y trabajos, sino por los fuertes aumentos de impuestos que ponen en peligro la atracción de capitales. El mayor factor de atracción hoy en día es el bajo valor de los salarios.

Claramente la Argentina ya tiene una "enfermedad preexistente" en materia económica. El PBI per cápita viene cayendo desde el 2011, lo mismo la productividad del trabajador promedio y la inversión no alcanza a cubrir la amortización. Estos son datos que garantizan cierta debilidad estructural de la economía. Por otra parte la presión tributaria no ha dejado de crecer en la última década. Para las empresas, la Argentina es uno de los países más caros para invertir en términos impositivos según el informe de PWC. Pero no solo eso sino que además, para las familias la presión tributaria formal también es muy elevada. Según estimaciones de Iaraf y la Fundación Norte y Sur, las familias pagan en impuestos la mitad de sus ingresos. O sea, por cada hora de trabajo, el Estado se queda entre 29 y 34 minutos de sus ingresos, dependiendo del ingreso familiar.

En términos generales, la presión tributaria formal en Argentina es semejante a la de los países nórdicos. En términos del PBI y blanco la presión tributaria alcanza el 52%. Ahora bien a diferencia de los países nórdicos, en nuestro territorio las empresas pagan altísimos impuestos, cosa que no sucede en Noruega, por ejemplo. Porque para ellos resulta una mala idea cargar de impuestos a sector productivo. La racionalidad detrás de esta idea es que son los ciudadanos los que tienen que mantener al estado y no es una buena idea cargar de impuestos aquello que genera la riqueza. La Argentina, por el contrario, carga de impuestos a casi todas las actividades humanas lo que genera un sistema tributario muy complicado y quita capacidad de generar recursos para la sociedad.

En otras palabras, mientras que en los países desarrollados primero se genera la riqueza y después se cobran impuestos, en la Argentina primero se cobran impuestos y después se verá cómo se genera la riqueza.

Esto ha estado minando la capacidad productiva del país. La necesidad de elevados impuestos que muestra Argentina proviene de un elevado gasto público. De hecho, cuando el gasto público consolidado entre la Nación, las provincias y los municipios superó el 40% del PBI, también empezamos a ver cómo el crecimiento económico comenzaba a frenarse hasta detenerse. Resulta que el tamaño de este Estado es demasiado grande e improductivo como para generar crecimiento económico. Pero también es cierto que este gasto público se ha usado mayormente para sostener cierto nivel de vida de la sociedad. Si consolidamos el gasto público veremos que la mayor parte de los gastos son salarios jubilaciones y subsidios. Como consecuencia resulta difícil bajar el gasto sin tener un impacto social. A menos que esta reducción del gasto se integré con un programa integral que permita crear empleos rápidamente.

Pero eso requiere un verdadero plan económico completo, que ataque los temas fiscales, productivos y cambiarios, como una sola cosa. Pero eso lleva tiempo y muchos acuerdos. La era post-Covid se acerca y no estamos discutiendo lo que vamos hacer después. Hoy solo nos enfocamos en las elecciones.

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Comentarios

  • EC

    Emanuel Cabezas

    14/06/21

    Muy buena esta columna!, un gran y conciso resumen de lo que nos afecta. En particular, me quedo con este parrafo:
    "En otras palabras, mientras que en los países desarrollados primero se genera la riqueza y después se cobran impuestos, en la Argentina primero se cobran impuestos y después se verá cómo se genera la riqueza. "

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