Zoom Editorial

Qué cambiará el censo en la economía de una Argentina convaleciente

La concreción del demorado censo nacional, que se demoró dos años como consecuencia de la pandemia, no solo significó el undécimo eslabón de una historia que se inició hace casi 153 años, con el primer relevamiento realizado durante la administración de Domingo Faustino Sarmiento

También mostró y revelará, por un lado, una parte de la evolución censal y tecnológica experimentada en el proceso a lo largo de todos estos años, en particular por la digitalización que, en millones de casos, permitió reducir exponencialmente el tiempo de captura y procesamiento de datos. Y por el otro lado, la involución de la situación socioeconómica que atravesó la vida nacional -en particular desde el último censo-, marcada por altísimos niveles de inflación, pobreza y deterioro del nivel educativo, entre otros puntos.

Se trata de tomarle una radiografía a la población de un país que desde aquel 15 de septiembre de 1869, fecha en que se inició el primer censo, vio surgir, crecer y decaer a una república convaleciente.

Con apenas ocho preguntas y solo 14 provincias relevadas, las únicas que se encontraban bajo el control del Estado nacional según recuerda el Indec, la Argentina mostraba en aquella primera estadística una población menor a 1,9 millones de personas, número comparable con quienes, por ejemplo, hoy habitan en el partido de La Matanza, según la proyección de los datos surgidos del censo 2010. 

Claro que ese último relavamiento hoy es objeto de una acción judicial por parte de algunos intendentes bonaerenses de Juntos por el Cambio, que acusan al Indec de manipular y engrosar aquellos datos para favorecer económicamente a los matanceros, un distrito cuyo propio peso es capaz de inclinar la balanza electoral provincial.

Y es que del resultado del censo dependen también decisiones económicas que pueden implicar un cambio futuro para muchos argentinos, incluyendo reparto de fondos, la disposición de obras para atender la falta de servicios y hasta la elaboración de indicadores y encuestas que nos marcan el pulso del país, tales como la Permanente de Hogares (EPH), que refleja la situación del mercado laboral o la Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo), que contribuye al cálculo de las ponderaciones del Índice de Precios al Consumidor y a la elaboración de la canasta de bienes y servicios, que traza las líneas de pobreza e indigencia.

Por ello es tan importante saber cuántos habitantes tiene el país, cómo están distribuidos, cuáles son sus ocupaciones, ingresos, niveles educativos y condiciones de vida como hacer un buen uso posterior de esa información.

Tras 12 años, la Argentina tendrá una nueva radiografía para afinar un diagnóstico que conoce desde hace años. Ahora necesita un buen tratamiento para sanar.

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