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Abrocharse los cinturones: los desafíos de la economía en 2023

Quienes asuman en una nueva administración el próximo año deben poder demostrar que están dispuestos a llevar adelante las políticas necesarias para una estabilización de la economía

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A esta altura la mayoría de los políticos saben que un programa de estabilización requiere un esfuerzo fiscal mayúsculo, corregir precios relativos , contar con un importante stock de reservas de intervención y elevar las tasas de interés en términos reales para "comprar estabilidad" en el corto plazo. Además, se requiere implementar un conjunto amplio de reformas macro y microeconómicas que indiquen que "esta vez será diferente" y que en particular la estabilidad y el crecimiento llegaron para quedarse. Naturalmente el listado es demasiado amplio como para que sea abrazado con entusiasmo por alguien que se está yendo del poder, como es el caso de la actual coalición de gobierno en cualquiera de sus variantes.

Por lo tanto habrá que esperar, y esperar a que quienes asuman en una nueva administración estén dispuestos a encarar el desafío, a riesgo de profundizar la represión en una eterna economía del cepo.

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Hay sin embargo otra cuestión que resulta central y bien conocida en los procesos de estabilización y que no aparece en el listado anterior. Es el tema de la inercia, en particular cuando se parte de niveles muy altos de inflación. Hay rezagos importantes en los mecanismos de ajuste de algunas variables y no se comprende adecuadamente la idea de "corregir precios relativos" que forma parte de la herencia de un proceso de alta inflación. La corrección de precios relativos requiere apoyarse en cambios de variables reales de la economía.

Es así que para obtener una mejora del tipo de cambio es imprescindible ya no solo una baja del déficit fiscal sino del gasto público en términos reales (las consecuencias no son las mismas de bajar el déficit subiendo impuestos o bajando el gasto). O sea que se requiere cortar el gasto de manera perdurable para que esa menor presión sobre los no transables permita sostener la mejora del tipo de cambio real. Por si no queda claro, el programa de estabilización habrá de requerir cortar empleo público, cerrar actividades que sustraen valor de la economía (el listado incluye empresas y organismos en los tres niveles de gobierno), y en general gasto en bienes y servicios improductivos, más que cortar inversión en infraestructura, que es el candidato preferido en los programas de ajuste.

Mejorar la productividad

Estabilizar no siempre implica mejorar en lo inmediato salarios reales y jubilaciones, y ese es otro tema que debe ser tenida particularmente en cuenta para quien lo intente. Una baja de la inflación protege mejor el poder de compra de los salarios, pero la remuneración al trabajo no es independiente de su productividad. Una economía como la Argentina que solo ha creado empleo público, informal y monotributistas sociales por más de una década paga los costos de una caída de productividad con ingresos que también caen. Y no subirán mágicamente por la estabilización.

Sin embargo aquí juega un rol la inercia. Dado que los mecanismos de ajuste de pensiones y salarios formales suelen "mirar hacia atrás", ajustando en el periodo t con información de t-1. Durante la actual administración, el gobierno del FDT jugó con la idea de que la inflación "hasta aquí llegó y no va a subir más", pero la inflación sigue subiendo, los salarios privados formales y las pensiones están cayendo, 3,5% anual al mes de agosto en el primer caso (Ripte) y casi 9% las pensiones no subsidiadas hacia octubre. Eso cambia si la inflación se desacelera porque, entonces, el ajuste "mirando hacia atrás" sube salarios y jubilaciones. Lo que plantea un nuevo desafío.

No podemos descartar completamente que durante 2023 se intente algún episodio de "estabilización de facto" antes de las elecciones, con controles y prohibiciones generalizadas y mayor atraso cambiario. La probabilidad de ese frenazo inflacionario que podría dar un par de meses con inflación de 4 o 5% mensual es cada vez más baja, ya que en una economía del cepo las reservas mandan y dejan poco lugar a estas aventuras que preanuncian una crisis más profunda aún. Pero la estrategia de represión y controles en modalidad extrema no estará ya disponible en 2024, por lo que allí muy probablemente tengamos un primer período de aceleración inflacionaria seguido -en caso de un programa consistente- de una desaceleración más o menos marcada. Es entonces que el tema de cómo encarar los problemas de inercia será importante, porque planteará un desafío al ajuste fiscal (jubilaciones y salarios públicos que podrían subir en términos reales durante el segundo semestre de estabilización) y al sector privado, en la medida que no se avance rápido en medidas que mejoren la productividad.

Si la macro de 2024 es compleja, la de 2023 no deja mucho espacio a algo que no sea simplemente tratar de llegar de alguna manera hasta la otra orilla. Ello implica objetivos muy modestos que definen un escenario de extrema debilidad en materia de crecimiento, déficit, deuda, inflación e ingresos.

Caída del PBI

La estrategia del cepo lleva a frenar la economía por el lado de la represión generalizada y el hecho de que se maximiza la incertidumbre post-2023. Ya para el cuarto trimestre de este año estamos proyectando una caída ajustada por estacionalidad del PBI y desde el primer cuarto de 2023 tendremos contracción interanual del producto. La caída del PBI que en un escenario base (favorable) supera el 2% tendrá la contrapartida de aumentar el déficit, y con ello requerirá una mayor financiación monetaria para el Tesoro. No es el mejor escenario para la deuda interna, y menos aún para la inflación, aunque los precios "cuidados y justos" hagan su mejor esfuerzo. Es poco probable que la caída en la actividad contribuya a reducir la inflación (la oferta de bienes puede caer más rápido que la demanda, y la demanda de pesos puede caer más rápido que su oferta), ya que en el plano monetario predominará el impacto de mayor emisión y caída de la demanda de pesos. Nadie pensará en ese contexto en este gobierno y en la coalición de gobierno -si es que a esa altura siguen estando juntos- en un programa de estabilización, por lo que el segundo semestre de 2023 ofrece todas las características de un final abierto, eventualmente con inflación más elevada que la del primer semestre.

La estrategia de los agentes económicos deberá necesariamente ser conservadora, ya que si bien las oportunidades aparecen en las crisis, los riesgos de fracaso y de errores de evaluación también aumentan. ¡Cinturones abrochados!. 

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