Las proyecciones del día después reavivan grietas

Con la espada de Damocles sobre la espada por el capítulo de la deuda en una semana clave tanto para el Gobierno como para el sector privado, las entidades empresarias empiezan a mover sus fichas pensando en el día después.

En las "call conferences" que cada día realizan las cúpulas de las principales empresas del país y las entidades sectoriales a diario se suman números preocupantes. Pero también lo hacen todos los espacios políticos; el gobierno nacional y la oposición, y, según parece, la primera batalla post coronavirus sería en territorio porteño.

La Unión Industrial (UIA) ya alertó con un duro informe que el 72% de las empresas admitió una caída superior al 60% en sus ventas y el 87% señaló que no podrá pagar sueldos. La Cámara de Comercio (CAC) también realizó su propio sondeo y arrojó resultados igualmente alarmantes. El 92,5% señaló que desde el comienzo de la cuarentena obligatoria y preventiva, que sumó poco más de un mes, las ventas cayeron un 64,3%.

Hay un punto recurrente y común en todos los reclamos privados: que se baje la presión impositiva que desde antes de la pandemia es la más alta de toda América Latina en relación al PBI. Reclaman, especialmente diferimientos en el pago del IVA y de Ingresos Brutos, además de mejor acceso al crédito y asistencia oficial para pagar suelos y aportes patronales.

Estos últimos son dos senderos que el Gobierno ya empezó a poner en marcha pero que, en la práctica, las compañías siguen observando dilaciones y trabas, en especial dentro de las pequeñas y medianas empresas. El Observatorio Pyme también señaló que en las micropymes el costo diario de la inactividad orilla los $ 115.000 millones y pone en riesgo unos 190.000 puestos de trabajo.

Con este contexto que incrementa la ansiedad a diario, crecen también los pedidos sectoriales por entrar a la lista de actividades exceptuadas. Queda claro que en el AMBA no habrá flexibilización: no hay margen sanitario para esa alternativa, en especial en la provincia de Buenos Aires.

Y ahí trabajaron muy fuertemente la Iglesia y algunos gremios. De algún modo cuando la CGT (que también se reunió por estos días de manera virtual) pidió formar parte de la mesa chica que define futuras excepciones está mirando en la misma dirección en que comenzaron a trabajar algunos empresarios.

Hubo una reunión clave hace aproximadamente dos semanas con la cúpula de la Pastoral Social y la Iglesia más cercana al Papa Francisco y las empresas que más facturan y emplean en el país. Los curas villeros fueron los primeros en acercar números alarmantes: sin comida en la calle y en los sectores sociales más vulnerables que ya suman un mes sin trabajar y recién ahora empiezan a cobrar la asistencia de $ 10.000 para abril, la situación social será insostenible y se agitan fantasmas de desmadres sociales y eventuales saqueos.

Tras esa advertencia letal, comenzaron a gestarse donaciones para alimentos. La Iglesia esperaba bolsillos más generosos por parte del empresariado: se calculó un monto original cercano a los $ 1000 millones y sólo se llevan recaudado unos $ 350 millones, que no es poco pero suena a escaso esfuerzo en este especial contexto de pandemia mundial.

En parte, cuando se agita el posible impuesto extraordinario a los multimillonarios argentinos se mira este gesto. La dirigencia política está muy atenta a los bolsillos empresarios. En los últimos días, por ejemplo, un grupo de legisladores porteños del Frente de Todos donaron alimentos y artículos de limpieza en el centro barrial 7 del Bajo Flores: se los entregaron al padre Gustavo Carrara, y fueron comprados en el Mercado Central.

De algún modo, se reencendió dentro del sector privado una grieta que no estaba cerrada, aunque sí en stand by. En paralelo surgió la otra colecta: esta vez para respiradores. Hay quienes enmarcan esta última decisión en una postura más cercana al Gobierno que la anterior. Veremos; por ahora hay consenso de ambas partes de no salir a confrontar. Claramente no es el momento ni lo que necesita la Argentina.

Los movimientos políticos no son exclusividad del oficialismo, también dentro del PRO empiezan a moverse fichas con más fuerza. Los líderes de la oposición protestan por lo bajo por las fotos del jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, al lado del presidente Alberto Fernández. Y no es únicamente porque lo "pone demasiado cerca del peronismo"; también hay celos políticos escenográficos.

Lo cierto es que ya hay un equipo trabajando para una batería de propuestas que se empezarían a hacer públicas dentro de un mes. La excusa podría ser el capítulo de la deuda pero no será lo único; también se pondría el eje en el aislamiento del gobierno nacional en los países vecinos del Mercosur, como Brasil, Uruguay, Chile o Paraguay teniendo en cuenta que de esta crisis mundial no se sale solo, sino potenciando las alianzas multilaterales.

En este sentido, se explica el silencio de referentes de Cambiemos (al menos por ahora no se han expresado casi sobre el tema) y el regreso a escena de otros como el ex ministro Hernán Lacunza o los economistas Ricardo Delgado y Rodrigo Álvarez, CEO de Analytica.

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