
La Bioferia 2026, en su séptima edición, volvió a consolidarse como uno de los principales eventos de consumo sustentable en la Argentina. Durante tres días, el Hipódromo de Palermo reunió a más de 45 mil personas y a cientos de proyectos que, desde distintos sectores, buscan cambiar la forma de producir y consumir, con foco en la economía circular, la reducción de residuos y nuevos hábitos de consumo. En ese contexto, entre grandes marcas y emprendimientos emergentes, tres casos permiten entender cómo esta tendencia empieza a crecer: la app Cheaf, Caos y Fluye fragancias.
Escalar el cambio de hábito desde una app
La app Cheaf propone combatir el desperdicio de alimentos a través de un modelo simple: ofrecer a menor precio productos que los comercios están por descartar.
La plataforma ya opera en Argentina, Chile, México y Colombia, y busca seguir expandiéndose en la región. “Además de ser un negocio, ayudamos al medioambiente eliminando desperdicio de alimentos”, explicó Juan Ignacio Ronquillo, Project Manager de Cheaf. En el país, ya suman acuerdos con supermercados y cafeterías, con la intención de ampliar la red.
El objetivo, aseguran, va más allá de la transacción. Apunta a modificar conductas de consumo, acercando una alternativa concreta y accesible.
De los descartes textiles a prendas únicas
El emprendedurismo joven también tuvo su lugar en la Bioferia, con historias como la de Isabel Montanari, una joven de 20 años que creó su marca de indumentaria sustentable “Caos”. El proyecto empezó a tomar forma en 2023, cuando todavía cursaba el último año del colegio. En esos viajes largos por ruta desde su Pergamino natal, uno de los principales polos textiles del país, su curiosidad terminó convirtiéndose en motor emprendedor.

“Me enteré que hacían todos los jeans en mi ciudad. Así que empecé a visitar fábricas, a conocer los procesos, y por suerte los dueños me abrieron las puertas”, contó. A partir de ese vínculo, comenzó a recolectar descartes y retazos que no se utilizaban, desde sobrantes de corte hasta prendas que no pasaban el control de calidad por fallas. Con esos materiales, diseña piezas únicas, hechas a partir de distintos jeans. “La propuesta apunta a que cada prenda exprese identidad”, aseguró.
Reinventarse en familia con un proyecto sustentable
Otra historia que llamó la atención en la feria fue la de Fluye fragancias, el emprendimiento de Claudio Suárez y su familia. Tras el impacto de la pandemia en su negocio gastronómico en el microcentro, decidieron cambiar de vida y mudarse a Capilla del Señor, donde empezaron de cero.
Ahí desarrollaron una línea de aromas sustentables con foco en materiales reutilizables y de bajo impacto. Usan vidrio, madera y promueven el refill de velas para extender la vida útil de los envases. “Hoy hay más conciencia sobre el cuidado del medio ambiente”, señaló Suárez.

Para ellos, participar en la Bioferia no fue solo una oportunidad comercial, sino también simbólica. Tanto Isabel como la familia Suárez participaron por primera vez de la Bioferia. Desde el interior de la provincia de Buenos Aires, llegaron con sus proyectos y se encontraron compartiendo espacio con grandes marcas.
La feria funcionó no solo como un espacio de venta, sino también como una oportunidad de visibilidad para emprendimientos emergentes que buscan llegar a nuevos públicos.
Tres caminos, un mismo objetivo
Tanto Isabel como la familia Suárez y el equipo de Cheaf coincidieron en que los consumidores valoran estas propuestas. La sustentabilidad, muchas veces asociada a un nicho o a un consumo más “cool”, empieza a mostrar señales de masificación. El desafío es lograr que estas alternativas sean accesibles y competitivas para llegar a más personas.
De la tendencia al impacto real
En ese sentido, la Bioferia funciona como un espacio donde la sustentabilidad deja de ser un concepto abstracto y se convierte en propuestas concretas. Casos como Caos, Fluye o Cheaf muestran que el cambio no solo pasa por grandes marcas, sino también por emprendimientos que empiezan a escalar y encontrar su lugar en el mercado.
El punto es que esas iniciativas logren sostenerse y crecer. Porque si algo dejó esta edición es que hay demanda y un consumidor más atento, dispuesto a probar nuevas alternativas.
El desafío, hacia adelante, será que esa tendencia gane escala. Que el consumo sustentable deje de ser una elección puntual y se convierta en un hábito más extendido, con impacto tanto en el mercado como en el medio ambiente.














