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La revancha de Silicon Valley: los emprendedores de San Francisco reviven gracias a la inteligencia artificial

El gran momento ha llegado. Estamos aquí para detectar a los primeros ganadores en medio de la exageración.

A fines de mayo, 300 emprendedores, inversores, periodistas y una selección de autodenominados líderes de opinión se apiñaron en Shack15, un elegante club social en el segundo piso del Edificio del Ferry de San Francisco, donde la mayoría se expresó en términos altivos sobre lo que consideraban la nueva fiebre del oro. El encuentro, llamado "Reunión de Mentes de la IA Generativa", habría sido impensable durante la pandemia y difícil a comienzos de este año, cuando las principales obsesiones de la ciudad eran las roturas de autos y el cierre de comercios minoristas. La noche tuvo una sensación como de resurgimiento religioso. "Algo está pasando, algo se está abriendo", opinó el anfitrión de la cita, el escritor futurista Peter Leyden, en el primero de varios discursos optimistas. Justo cuando todos "hablaban de la muerte de San Francisco, de que todos se iban de la zona de la Bahía, de cómo nadie quiere vivir en California, de cómo estamos en un círculo vicioso, justamente ahora nos damos cuenta de que este es el lugar indicado para abrirse a la reinvención", afirmó Leyden en medio de aplausos. El discurso, todo el encuentro, resumió el sentimiento que por estos días atraviesa a los círculos tecnológicos: Silicon Valley está de regreso.

Apenas unos meses atrás los despidos, la destrucción del precio de las acciones y del valor de las startups y las secuelas de los escándalos en FTX y Silicon Valley Bank dominaban los titulares. Parecía que todo el sector se encaminaba a una larga retirada tras años de parodia y rechazo. Ahora todos hablan de la inteligencia artificial: chatbots como ChatGPT y Bard de Google, herramientas de creación de imagen como Dalle-E o Midjourney. Existe la esperanza de que la tecnología pueda inferir otra muesca en el universo.

"Algo está pasando, algo se está abriendo".

"Nada funcionaba de verdad en la industria tecnológica: el trabajo a distancia, la gente que se iba, las cripto, que fueron desplazadas de los Estados Unidos. Había un ánimo muy malo", señala Sam Altman, director Ejecutivo de la startup OpenAI, que en enero fue bendecida con una inversión de Microsoft Corp por US$ 10.000 millones. "Por lo tanto, el hecho de que la IA ocurrió aquí, y que las compañías de IA tienen personas en medio de un mundo de trabajo a distancia, creo que atrajo por completo el centro de gravedad hacia San Francisco".

Puede señalarse que fueron ocho investigadores en Google los que prepararon el terreno para el cambio. En un documento pionero de 2017 titulado "Todo lo que necesitas es atención", propusieron un sistema novel para que las máquinas aprendieran como humanos, o al menos eso parecía. Los dispositivos debían considerar largas secuencias de datos, como trozos de texto, y sopesar cada palabra en relación a la anterior, mientras evaluaban pautas gramaticales. La idea no era sólo una versión remozada de la función de "autocompletar"; representaba una avance para conseguir que las computadoras pudieran imitar mejor el razonamiento humano y características como el lenguaje y los códigos informáticos.

Cuando en diciembre de 2017 los empleados de Google presentaron el documento en una conferencia de IA en el sur de California, entre el público había investigadores de OpenAI tomando notas. La primera versión del GPT de OpenAI, que empleaba esa arquitectura, fue presentada el verano boreal siguiente. (GPT significa "transformador generativo preentrenado"). A las versiones posteriores les cargaron más información tomada de la web, como artículos de Wikipedia, publicaciones en Reddit y notas de prensa. Luego el ChatGPT, que se basa en una versión del GPT-3 y fue lanzado de manera general el pasado otoño boreal, deslumbró con sus habilidades para conversar, al que siguió este año el más avanzado GPT-4. "Esto cambia el juego, cambia el mundo", asegura Oren Etzioni, profesor emérito de ciencia informática en la Universidad de Washington, al expresar un entusiasmo que hoy es habitual entre los académicos de IA. "Estamos apenas en el comienzo y el fenómeno avanza muy rápido".

"Hay muchos turistas de IA que se hacen pasar por nativos"

La consecuencia ha sido un frenesí que no se veía desde la fiebre de las puntocom de fines de los años ‘90. Los CEO tecnológicos están reorientando sus compañías hacia la IA y hacen subir el precio de sus acciones con solo mencionar el tema al comunicar ganancias. Los inversores de venture capital están reexaminando sus carteras y se vuelcan a startups de IA. JPMorgan Chase & Co calcula que el entusiasmo con la IA impulsó el 45 por ciento de las ganancias de este año en el S&P 500 hasta el mes de abril. Ese entusiasmo también llevó a una reevaluación sincera de tendencias previas, como la web3 y el metaverso, cuyo atractivo entre personas corrientes hoy parece escaso o se imagina relegado a la perspectiva de máquinas inteligentes que respondan preguntas elevadas. Por debajo de las frases de marketing subyace el potencial de avances auténticamente sorprendentes, como el reciente descubrimiento, asistido por IA, de un nuevo tipo de tratamiento con antibióticos para una superbacteria.

Que buena parte de esa energía siga concentrada en Silicon Valley, la región en transformación constante ubicada entre las ciudades de San Francisco y San José, le confiere otro giro. En lo peor del Covid-19 los evangelistas de la diáspora tecnológica proponían ciudades más baratas y menos restrictivas. En 2020 Larry Ellison llevó la sede central de Oracle a Austin, Texas, y Elon Musk lo siguió en 2021 con Tesla Inc.. El alcalde de Miami, Francis Suárez, cobró fama nacional casi enteramente debido a su promoción de la ciudad como nodo de las criptomonedas. Los expatriados del Valle tuiteaban de manera incesante e insufrible sobre los encantos de Miami o Los Angeles o Nueva York o Puerto Rico.

Con todo, las principales compañías tecnológicas siguen en la zona de la Bahía y en su pariente del norte, Seattle. Alphabet, Apple y Meta, Microsoft y Amazon.com llevan años contratando talentos en IA. En tanto la mayoría de ellas reducen personal y ajustan sus operaciones para dar cuenta de la relativa austeridad que acompaña la suba en las tasas de interés, al mismo tiempo están creando nuevos competidores de manera indirecta. Por ejemplo, la fusión de las dos divisiones de IA de Alphabet Inc., Google Brain y DeepMind, "hará que la gente se vaya y los mejores crearán startups, porque se mueven por una misión antes que por cobrar un sueldo", observa Vinod Khosla, fundador de Khosla Ventures y uno de los primeros partidarios de Open AI. "Esa es la materia prima que nos alimenta y que de aquí a cinco años se verá como hoy es OpenIA".

Para San Francisco el auge de la IA es un extraño punto brillante en medio de la vergüenza por titulares sobre delincuencia, falta de vivienda y venta de droga al aire libre que amenazó con vaciar a la ciudad de su clase tecnológica. Ivan Porollo fue uno de esos fundadores que llegó a la zona de la Bahía atraído por la famosa escuela de startups Y Combinator. Pero emigró durante la pandemia, primero a Nueva York, luego a Los Angeles, después a Lisboa. En enero regresó para fundar una empresa que promueve encuentros y conferencias de programadores sobre IA, y que se llama Cerebral Valley, el nombre informal otorgado al distrito de Hayes Valley, donde se aglutinan las startups de IA. "Todos empezaron el año con esta nueva energía en torno a la IA", informa Porollo.

Muchos de los evangelistas se conocen y disfrutan de sus pequeñas rivalidades. En las oficinas atestadas en Palo Alto de Character.IA, un servicio que permite que los usuarios creen chatbots con rasgos de personalidad simulada o interacciones entre personas reales e imaginarias como Musk y Harry Potter, una decena de empleados están sentados hombro con hombro frente a enormes pantallas de computadora mientras un diminuto bichón maltés cubierto con un chaleco azul a cuadros se pasea por el lugar. "Inventamos muchas cosas. Le enseñamos a OpenAI mucho de lo que saben", se jacta el cofundador Noam Shzeer, uno de los autores del documento pionero de Google sobre IA. Shazeer atribuye la permanencia del Valle a su disposición a reorientar rápidamente las energías y recursos de modas viejas -como la minería de bitcoins- a intereses nuevos, como correr algoritmos de IA.

JP Morgan Chase calcula que el entusiasmo por la IA impulsó el 45% de las ganancias de este año en el S&P 500. En enero la startup OpenIA recibió US$ 10.000 millones en inversiones de Microsoft.

  Anteriores auges de Silicon Valley terminaron con bajas: dinero perdido, sueños frustrados y el cierre de cantidades de startups. Alexandr Wang, CEO de Scale AI en San Francisco, piensa que hay más potencial de ganancias en herramientas que tornen más eficientes e inteligentes a las organizaciones. Su compañía de siete años de vida recientemente entrego bajo licencia su "plataforma de toma de decisiones impulsada por IA", llamada Donovan, al XVIII Cuerpo Aerotransportado del Ejército estadounidense, donde procesará miles de actualizaciones de situación e informes de inteligencia que ayuden a los planificadores militares a tomar mejores decisiones. Pero Wang reconoce que el mundo tecnológico se guía por el mismo manual de siempre, financiando un exceso de compañías para encontrar un puñado de ganadores, lo que atrae abundancia de aspirantes y malas inversiones. "Hay muchos turistas de la IA que simulan ser nativos -ironiza-. Al final solo venden humo".

Los escépticos de la IA tienen buenos motivos para serlo. Se toman de la dudosa precisión de las nuevas herramientas; los riesgos de desinformación, engaños o sesgos contra mujeres y personas de color; y las consecuencias en caso de que las promesas ambiciosas del sector acaben en nada. Y apuntan además a la historia reciente. Hace una década la industria tecnológica prometió autos sin chofer. Hoy quedan un puñado de programas piloto de taxis sin conductor y sistemas de control de crucero mejorados en los autos más modernos, pero el sector se ha caracterizado por el repliegue y la retirada. "Si hay un auge sin dudas habrá una caída", resume Mar Hicks, profesor adjunto de historia de la tecnología en el Instituto de Tecnología de Illinois.

En San Francisco muchos no están dispuestos a considerar que el auge de la IA sea una burbuja más. Eso también podría explicar la asombrosa resistencia de la zona como centro de la tecnología estadounidense. Los jóvenes ingenieros y emprendedores que llegan a Cerebral Valley y sus alrededores no necesariamente conocen las lecciones dolorosas del ciclo anterior sobre la mutabilidad de las tendencias y los riegos de competir contra los recursos de los gigantes tecnológicos. Son placenteramente ingenuos, rebosantes de ideas y listos para poner de pie a la región y cambiarla por completo, al menos hasta que les pegue el próximo ciclo de entusiasmo.

Esta nota se publicó en el número 357 de revista Apertura.

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