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Durante años, Carsa encontró una salida cada vez que parecía quedarse sin opciones.

Cerró locales; renegoció con bancos, proveedores y bonistas; atravesó un concurso preventivo, redujo casi a la mitad su estructura y reestructuró miles de millones de pesos de deuda. Incluso sobrevivió al divorcio con su histórico socio en Musimundo. Esta vez, no alcanzó.

La Justicia chaqueña decretó la quiebra de Carsa, la empresa que opera la cadena Musimundo, y puso fin al segundo intento de la compañía por reordenar sus deudas. La decisión llegó apenas un mes y medio después de que, el 17 de julio, se abriera su concurso preventivo.

El Juzgado Civil y Comercial N° 23 de Resistencia resolvió el 2 de septiembre revocar aquella apertura y decretar la quiebra. En el medio había ocurrido algo determinante: Carsa cerró sucursales y se frustró una operación para transferir 45 locales, mientras intentaba llevar adelante un nuevo plan para reducir su estructura. Para el juez, esos hechos revelaban un estado de cesación de pagos y hacían inviable continuar con el concurso.

El desenlace se había empezado a hacer visible en las vidrieras. En los últimos días, Musimundo bajó persianas en distintos puntos de Corrientes, Chaco, Misiones y Formosa. Hubo despidos y empleados que quedaron esperando definiciones sobre indemnizaciones y salarios.

Pero la historia que terminó en la quiebra empezó mucho antes.

De Megatone a Musimundo

Carsa, una empresa de origen chaqueño, formaba parte de la red Megatone junto con Electrónica Megatone (EMSA) y Bazar Avenida. En 2011, Carsa y EMSA dieron un salto: compraron Musimundo al fondo Pegasus por alrededor de u$s 15 millones.

La marca también estaba atravesando su propia transformación. Había sido uno de los grandes nombres de la venta de discos, películas y libros, pero el avance de las descargas digitales había golpeado aquel negocio. Bajo sus nuevos propietarios, Musimundo aceleró su reconversión hacia los electrodomésticos, la tecnología y los artículos para el hogar.

Carsa, dueña de Musimundo, había pedido el concurso preventivo el 17 de julio
Carsa, dueña de Musimundo, había pedido el concurso preventivo el 17 de julio

Carsa y EMSA reemplazaron progresivamente Megatone por Musimundo en sus sucursales y se distribuyeron territorialmente la explotación de la marca. Durante años convivieron bajo el mismo cartel. Hasta que los problemas financieros de Carsa empezaron a romper ese equilibrio.

Una crisis que nunca terminó de irse

En 2018, Carsa pidió su primer concurso preventivo, con un pasivo que entonces se calculaba en $ 3000 millones. Logró salir pocos meses después mediante acuerdos con sus acreedores, pero el final del concurso no significó el final de la crisis.

La compañía siguió renegociando sus obligaciones y comenzó a cerrar sucursales. En 2019 volvió a incumplir pagos de sus obligaciones negociables y llegó a reconocer un faltante de caja de $ 706 millones. En apenas un año había reducido fuertemente sus ventas y acumulaba pérdidas.

Fue entonces cuando apareció nuevamente EMSA.

En octubre de ese año, Electrónica Megatone absorbió 37 de los 82 locales que Carsa todavía manejaba bajo la marca Musimundo. El acuerdo permitió preservar más de 330 puestos de trabajo y alivió los costos de la chaqueña, que redujo su estructura un 43%. Carsa quedó con 45 puntos de venta.

El número reaparecería siete años después.

El divorcio y el nacimiento de On City

La reestructuración continuó durante la pandemia. Finalmente, en 2021 Carsa anunció que había renegociado unos $ 5500 millones de deuda, entre obligaciones con proveedores, la AFIP, entidades financieras y bonistas. Parecía haber conseguido otra vez una salida.

Pero también empezaba a desarmarse el esquema empresario que sostenía a Musimundo.

Carsa ya había pedido su primer concurso en 2018. Salió a los pocos meses y luego reestructuró $ 5500 millones. En julio de este año volvió a concursarse.

En 2024, EMSA tomó otro camino. Dejó de operar bajo Musimundo y convirtió su red de más de 200 sucursales en On City, una nueva marca con la que buscó desarrollar su propio modelo de retail. Carsa quedó entonces como la compañía que continuaba explotando Musimundo.

La separación dejó dos historias muy diferentes detrás de empresas que durante años habían compartido una misma marca.

El último intento

Para Carsa, los problemas volvieron a acelerarse. Durante el último año, la caída del consumo de electrodomésticos, la pérdida de rentabilidad, el aumento de la morosidad y las dificultades para sostener el capital de trabajo volvieron a deteriorar sus cuentas. En julio pasado, la empresa recurrió por segunda vez al concurso preventivo con la intención declarada de mantener la operación y reestructurar sus pasivos.

Esta vez no hubo tiempo para una nueva renegociación.

A fines de agosto, el directorio aprobó otro plan de reducción de estructura. Para entonces ya había cerrado sucursales y había fracasado la transferencia de 45 locales, justamente la cantidad de puntos de venta con la que Carsa había quedado después del gran traspaso a EMSA de 2019.

Aquella operación había servido siete años atrás para achicar Carsa y mantenerla en pie. La nueva transferencia debía volver a reducir una estructura que ya no podía sostener. Pero no llegó a concretarse.

El concurso que debía darle tiempo terminó durando apenas unas semanas. Después de años de cierres, refinanciaciones y sucesivos intentos por salvar la compañía, la Justicia consideró que ya no había margen para otra reestructuración y decretó la quiebra.