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La tecnología está ganando terreno en el campo argentino, pero no siempre se ve y, mientras drones, sensores, imágenes satelitales e inteligencia artificial constituyen su cara más reconocible, otra innovación comienza a trabajar directamente dentro de las plantas y a una escala prácticamente invisible.

Se trata de la nanotecnología aplicada a la producción agrícola, mediante partículas extremadamente pequeñas incorporadas a bioestimulantes que buscan mejorar la respuesta de los cultivos frente a condiciones adversas.

Resultados presentados recientemente reportaron incrementos promedio de rendimiento de 10,3% en cultivos de cosecha fina, 8% en maíz y 5,3% en soja.

Las pruebas fueron realizadas en Argentina en cultivos sometidos a condiciones de estrés hídrico, térmico y químico y a daños por granizo, en diferentes establecimientos de Buenos Aires, Entre Ríos y Chaco.

La aparición de estas tecnologías coincide con un cambio que empieza a observarse entre los propios productores, que muestran una elevada predisposición a incorporar innovaciones cuando permiten aumentar la producción o reducir algunos de los riesgos del negocio agropecuario.

El campo quiere incorporar más tecnología

El último Ag Barometer Austral, elaborado por el Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral, informó que un 73% de los productores considera que la tecnología, en particular la inteligencia artificial y las herramientas de digitalización pueden aportar beneficios a la gestión de sus explotaciones. Solamente 27% no identifica ventajas significativas en su utilización.

Además, el 46% identifica como principal impacto posible un aumento de la producción, mientras que otro 35% espera una reducción del riesgo y la incertidumbre. Apenas 18% señala como principal efecto una reducción de la mano de obra.

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El relevamiento permite observar el contexto en el que empiezan a incorporarse estas innovaciones y el propio informe concluye que los productores argentinos están “muy abiertos a la adopción de innovaciones que mejoren su productividad y reduzcan sus costos”.

Esa búsqueda se vuelve especialmente relevante frente a una campaña 2026/27 para la que los productores esperan márgenes más ajustados que los obtenidos con los rendimientos excepcionales del ciclo anterior.

Qué es la “ciencia de lo invisible” que llega a los cultivos

La nanotecnología trabaja con materiales en dimensiones extremadamente pequeñas y permite desarrollar partículas con propiedades diferentes a las que presentan los mismos materiales a una escala convencional.

En agricultura, una de sus aplicaciones está vinculada con la posibilidad de llevar determinados componentes hasta los tejidos de las plantas utilizando cantidades muy reducidas de producto.

Según explicó Rodrigo Pontiggia, doctor en Química de la UBA y socio fundador de Cyclef, el objetivo es anticipar y amortiguar el impacto ambiental sobre los cultivos. La tecnología no evita una sequía, una ola de calor, un granizo ni la exposición a un herbicida, pero busca fortalecer la respuesta de la planta cuando alguno de esos eventos ocurre y disminuir la porción de su potencial productivo que termina perdiéndose como consecuencia del estrés.

“Si bien los factores de estrés no pueden eliminarse por completo en ambientes productivos reales, la nanotecnología brinda herramientas emergentes clave para promover sistemas agrícolas más eficientes, resilientes y sostenibles frente a las exigencias productivas actuales”, sostuvo Pontiggia durante una jornada organizada por el Instituto Universitario para el Desarrollo Productivo y Tecnológico.

Cuánto mejoraron los rindes que usaron nanotecnología

Los resultados presentados por la empresa permiten empezar a dimensionar ese efecto, aunque deben interpretarse como resultados de los ensayos difundidos por la propia desarrolladora de la tecnología y no como una mejora garantizada para cualquier lote o campaña.

En los cultivos de cosecha fina, la mejora promedio informada alcanzó 10,3%. En maíz, el incremento fue de 8%, mientras que para soja la compañía comunicó un promedio de 5,3%.

Además del rendimiento, las pruebas buscaron observar cómo respondían los cultivos ante distintos tipos de estrés. Según los resultados difundidos, las plantas tratadas mostraron mayor tolerancia frente al déficit hídrico y temperaturas extremas y una mejor recuperación después de daños físicos provocados por granizo.

También se evaluó la respuesta frente al estrés químico generado por herbicidas, con el objetivo de reducir el impacto sobre el desarrollo posterior de las plantas.

La empresa sostiene, además, que la utilización de cantidades menores de producto puede disminuir necesidades de transporte y, consecuentemente, parte de los costos logísticos y de la huella asociada a ese movimiento.

La tecnología entusiasma, pero la inversión sigue pasando por la calculadora

La predisposición a innovar no significa que el productor esté dispuesto a invertir a cualquier precio. El mismo Ag Barometer que muestra una elevada valoración de las nuevas tecnologías encuentra una brecha entre considerar que es un buen momento para invertir y efectivamente hacerlo.

El 64% de los productores considera actualmente que existen buenas condiciones para realizar inversiones importantes, el porcentaje más alto registrado por ese componente del índice desde que comenzó a medirse en 2018. Sin embargo, solamente 61% de ese grupo planea concretarlas rápidamente.

La selectividad responde también a que no todas las inversiones persiguen el mismo objetivo. Tierra, maquinaria y hacienda compiten por recursos con períodos de recupero y necesidades financieras muy diferentes.

El informe concluye que el productor mantiene buenas expectativas de mediano y largo plazo, pero administra con cautela sus recursos en el presente y selecciona dónde, cuándo y cómo invertir. La nanotecnología se suma ahora a la lista de posibilidades y deberá superar esa misma prueba