Vassalli, la histórica fabricante de cosechadoras de Firmat, Santa Fe, busca dejar atrás uno de los períodos más críticos de su historia. Después de ocho meses con sus operaciones paralizadas, salarios adeudados y problemas con proveedores, ahora la nueva conducción trabaja en un plan para recuperar la producción y volver a competir en el mercado de maquinaria agrícola.
A comienzos de mes la compañía quedó bajo el control de un nuevo grupo inversor en una operación por un valor simbólico de u$s 1, que implica además asumir los pasivos acumulados.
El proceso de cambio de manos estuvo encabezado por Roberto Santiago Chinelli, un ejecutivo con una extensa trayectoria dentro de la empresa, que ya había ocupado la gerencia general durante la gestión anterior de Eduardo Marsó. Ahora Chinelli quedó al frente de la transición y comenzó a delinear los primeros pasos para reactivar la fábrica.
El primer objetivo será recuperar capacidad operativa hasta restablecer la plena actividad industrial hacia noviembre de este año. De hecho, en julio, cerca de 240 trabajadores retomaron la actividad bajo un esquema inicial de cuatro horas diarias. La intención es avanzar gradualmente hasta recuperar la jornada completa para el personal.
La empresa conserva además una infraestructura industrial de gran escala. Tiene tres plantas cubiertas que suman 99.000 metros cuadrados y concentran la fabricación de cosechadoras, plataformas y repuestos.

Una de las metas que trascendió es comenzar con un programa de alrededor de 30 cosechadoras, aunque para alcanzarlo será necesario recomponer primero la relación con los proveedores y garantizar el acceso a los insumos necesarios para fabricar las máquinas.
La estrategia también contempla el desarrollo de nuevos productos. La intención es que la compañía pueda actualizar su oferta y recuperar competitividad frente a fabricantes que cuentan con mayor escala y respaldo financiero. El desafío es particularmente grande porque la empresa vuelve a un mercado en el que las multinacionales tienen una posición dominante como John Deere, CNH Industrial -con marcas como Case IH y New Holland- y AGCO.
Un valor simbólico
Fundada en 1949 por Roque Vassalli en Firmat, la compañía fue durante décadas uno de los nombres centrales de la industria argentina de maquinaria agrícola. En sus mejores años llegó a vender más de 1000 cosechadoras anuales.
Pero su historia reciente estuvo marcada por sucesivos cambios de propietarios y procesos de reestructuración.
Desde 2020, y por cuatro años, la empresa estuvo en manos de uno de los integrantes de la familia Eskenazi: Esteban Eskenazi, hijo mayor de Enrique, fundador de Grupo Petersen, que tenía la mayoría accionaria; y Matías Carballo (hermano de ‘Delfín’ Jorge Ezequiel Carballo, expresidente de Banco Macro y tío de Jorge Brito).
En 2024, la tradicional compañía pasó a ser controlada por Marsó, en una operación valuada en u$s 8 millones. Marsó es un empresario entrerriano exdueño de Las Camelias, firma que cedió a favor de sus hermanos y una de las principales avícolas del país. Además, pasó por Procesadora Ganadera Entrerriana, dedicada a la faena de bovinos.

Sin embargo, la gestión no logró consolidar la recuperación y, apenas dos años después, la empresa volvió a pasar de manos.
Ahora, el precio de la operación es uno de los datos que mejor refleja la situación financiera que atraviesa la compañía. El valor simbólico de u$s 1 no representa el valor de sus activos ni de sus instalaciones, sino el esquema elegido para transferir las acciones: el nuevo grupo debe hacerse cargo de las obligaciones que arrastra la empresa.
La crisis se profundizó durante los últimos años. En 2023, la sequía histórica golpeó con fuerza al agro y, en consecuencia, al mercado de maquinaria agrícola y Vassalli dejó de tomar nuevas ventas. De hecho, según trascendió, llegó a tener 39 cosechadoras pendientes de fabricación.
















