

El Mundial se juega en el living, en el bar, en la oficina, en la mesa compartida y hasta en la vidriera de los comercios que se tiñen de celeste y blanco. Cada partido de la Selección activa una pequeña economía alrededor del ritual de mirar fútbol: televisores más grandes, reservas en bares, pantallas gigantes, picadas, cerveza, pizzas, café, banderines, trompetas, maquillaje y gorros.
Esta vez, el fenómeno llega en un contexto de consumo más cauteloso. Por eso, para muchos negocios, el torneo aparece como una oportunidad para empujar ventas en rubros que venían golpeados o atravesaban meses de baja estacionalidad.
En ese escenario, el primer movimiento aparece en el ticket más alto: los televisores. En Newsan, fabricante de Noblex, aseguran que durante la primera mitad del año el mercado de TV registró un incremento del 25% en unidades vendidas frente al mismo período del año anterior, apalancado por el inicio del Mundial. En las últimas semanas, agregan, la tendencia llegó a duplicarse por el clima mundialista.
La compañía también observa una renovación hacia pantallas más grandes. En lo que va del año, el mercado crece 10% en unidades y 18% en facturación, mientras que las altas pulgadas ya superan el 46% del total de las ventas. En Carrefour, en tanto, detectaron a partir de abril un mayor interés por el recambio de televisores, en especial por modelos de 50 a 65 pulgadas, con descuentos y financiación en 18 cuotas sin interés.
Ritual compartido
En paralelo, el negocio mundialista también llega a los bares. En Temple Bar preparan todos los locales para transmitir los partidos y montan cinco fan fests con pantallas gigantes a la calle. “Este Mundial nos da mucha esperanza”, sostiene Juanchi Nielsen, socio y director de Franquicias de Temple Bar.
Según Nielsen, los horarios ayudan a la gastronomía porque permiten armar propuestas para distintos momentos del día y recibir público tanto para los encuentros de la Argentina como para otros partidos. A la vez, marca un cambio de hábito: cada vez más gente elige ver los partidos fuera de casa, en parte porque los departamentos son más chicos y no siempre están preparados para recibir grupos grandes.

Por su parte, Sebastián Ríos, fundador de Almacén de Pizzas, master franquiciado de Juan Valdez en la Argentina y responsable del Parque de la Cervecería en Quilmes, también ve al Mundial como una oportunidad. “La expectativa es buenísima porque la gastronomía viene muy golpeada estos meses”, señala.
En su caso, la estrategia se adapta a cada marca y a cada horario. En los locales con reservas, la idea es trabajar con menús cerrados, para asegurar un consumo mínimo y evitar que una mesa quede ocupada durante dos horas por un ticket bajo. En lugares donde no tenían televisores o pantallas, empezaron a instalarlos especialmente para el torneo.
En la comodidad del hogar
En las casas, mientras tanto, el consumo también se ordena alrededor del partido. Allí aparece el negocio de las picadas. Santiago Valenti, fundador de Santi Cheese, lanzó opciones más económicas, con quesos, fiambres, aceitunas, grisines y cerveza, pensadas para grupos de cuatro a ocho personas.
“En la Argentina, en épocas mundialistas, es difícil hacer un pronóstico, porque la cuestión emocional juega un papel preponderante”, explica Valenti. La marca también detectó demanda corporativa: empresas que encargaron picadas para enviar a empleados o para encuentros en oficinas durante los partidos. La opción más chica, para cuatro o cinco personas, ronda los $ 42.000.
También el cotillón vive su propio Mundial. En Ticoral, una casa de cotillón de Once, su gerente, Denise Sedler, cuenta que la venta arrancó antes que en otras ediciones porque la Argentina viene de ser campeona del mundo y la temática quedó latente tras Qatar 2022.
Aun así, el patrón de compra cambió. “Hay menos bolsillo”, resume Sedler. La gente, dice, busca accesorios más económicos, tanto para decorar como para ponerse. En Ticoral, los productos más demandados son banderines, maquillaje, trompetas, gorros y banderas. La venta corporativa empezó hace algunos meses, mientras que la minorista suele crecer más cerca de cada partido.














