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La industria láctea en el país no descansa: mientras algunas empresas crecen y toman cada vez mayor participación de mercado, otras atraviesan crisis que amenazan con poner en jaque el negocio. A la quiebra de la histórica SanCor y la delicada situación que enfrenta Verónica hace meses, ahora se le suma el caso de Sudamericana de Lácteos S.A.

La firma, que se encuentra con sus operaciones paralizadas desde comienzo de año, está en proceso de venta. Desde el año pasado está en manos de Sergio Servio, dueño a su vez de la compañía familiar Lácteos Servio de Villa María, Córdoba, quien busca ahora desprenderse de la láctea. El comprador sería Pablo González, un empresario rosarino que también está al frente de una planta aceitera en la localidad de Serodino, Santa Fe.

La empresa santafesina perteneció a La Mucca y al grupo francés Lactalis, dueño de la marca Parmalat, que se retiró del mercado local en 2023.

En marzo, tras un recorrido por la planta y sus instalaciones, ambas partes llegaron a un acuerdo para hacer el traspaso de control. Sin embargo, la operación quedó supeditada a un entendimiento con los trabajadores y con el gremio Atilra, que reclama garantías para el pago de las acreencias laborales acumuladas durante los últimos meses. Además, Sudamericana de Lácteos mantiene deudas con tamberos y proveedores.

Con ese objetivo, la Secretaría de Trabajo de Santa Fe convocó esta semana a una audiencia entre las partes para intentar destrabar la negociación. Pero el encuentro terminó sin avances y volvió a demorarse el traspaso de la compañía, según informó el medio santafesino Punto Biz.

Atilra exige que el futuro comprador otorgue garantías concretas que aseguren el cobro de la deuda con los trabajadores, quienes desde hace cuatro meses no reciben su sueldo.

Actualmente, Sudamericana de Lácteos tiene sus operaciones en la localidad de Diaz, Santa Fe. Y está detrás de las marcas Sudamlac, Tambería Holandesa, Pensilvania y Tuca.

El mapa de las lácteas en crisis

El de Sudamericana de Lácteos no es un caso aislado. En los últimos meses, diversas empresas del sector quedaron atrapadas en una crisis que derivó en quiebras, plantas paralizadas y conflictos laborales.

El más resonante es el de la cooperativa SanCor. Tras años de caída en la producción, venta de activos y sucesivos intentos de reestructuración, la Justicia decretó la quiebra de la histórica láctea, un punto de inflexión para la industria. La empresa, que llegó a procesar más de 4 millones de litros de leche diarios en su mejor momento, hoy mantiene una actividad mínima y sus activos quedaron bajo administración judicial.

Ahora, la láctea tiene cartel de venta por u$s 52,1 millones, pero todo indica que su liquidación no va a ser fácil.

La decisión del juez Marcelo Gelcich, al frente de la causa, ya está siendo cuestionada por diversos acreedores. Por un lado, un grupo de más de 1000 acreedores representados por los abogados Aldo Regali y Juan Manuel Bergallo promovió ante la Corte Suprema de Justicia de Santa Fe un pedido de jury de enjuiciamiento contra el magistrado.

La presentación cuestiona, entre otros aspectos, la valuación de los activos, el diseño del proceso de venta, el tratamiento de determinados bienes de la cooperativa y solicita suspender la licitación mediante una medida cautelar.

la láctea tiene cartel de venta por u$s 52,1 millones
la láctea tiene cartel de venta por u$s 52,1 millones

En paralelo, el empresario rosarino Gustavo Scaglione, a través de Fidulac S.A. -firma que reclama créditos en la quiebra y, al mismo tiempo, analiza participar del proceso de compra- presentó un recurso para dejar sin efecto la resolución que aprobó el pliego licitatorio.

El planteo sostiene que la venta debería privilegiar la continuidad de SanCor como una unidad económica y cuestiona la posibilidad de comercializar por separado las plantas industriales y las marcas, al considerar que ello podría reducir el valor de los activos y perjudicar a los acreedores.

Hubo intentos de vender la marca que finalmente no prosperaron
Hubo intentos de vender la marca que finalmente no prosperaron

Otro caso es el de Verónica. La firma en manos de la familia Espiñeira tiene sus tres plantas de Santa Fe paralizadas (Totoras, Lehmann y Suardi) por falta de materia prima, adeuda salarios y acumula una deuda bancaria por más de $ 4706 millones y cheques rechazados por un total de $ 11.262 millones. Esto la deja en una situación crediticia 4, en decir, “con alto riesgo de insolvencia”.

Durante el último tiempo, las especulaciones sobre su futuro se fueron profundizando. Según comentan en el sector, la situación actual se debe a una falta de acuerdo entre los integrantes de la familia sobre qué hacer con la láctea, tras la muerte de su fundador, Francisco Gonzalo Espiñeira, en 2017.

A mediados del año pasado, la multinacional francesa Savencia, dueña de las marcas Milkaut, Ilolay, Santa Rosa y Adler, fue una de las principales interesadas en quedarse con Verónica.

De hecho, concretó reuniones con la familia Espiñeira para plantearle una oferta. Había, además, otros grandes jugadores interesados en quedarse con la compañía, como la canadiense Saputo, dueña de marcas como La Paulina, que en febrero de este año vendió el 80% de su negocio en el país a Gloria Foods.

Desde enero, momento en el que la firma dejó de pagar los sueldos, sus 700 empleados están a la expectativa de qué sucederá con la láctea.