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Las empanadas y pizzas de bajo precio vuelven a ganar terreno en la gastronomía argentina. El fenómeno tiene antecedentes en las cadenas que se expandieron durante los ’90 y, con mayor fuerza, después de la crisis de 2001. Pero en los últimos años encontró un nuevo impulso de la mano de la caída del poder adquisitivo, el crecimiento del take away y el delivery.

El modelo se apoya en la expansión mediante franquicias low cost y producción centralizada, lo que permite reducir la inversión inicial y la cantidad de personal necesaria para operar.

“El precio atrae al cliente, el volumen genera escala y la eficiencia operativa es la que finalmente produce la rentabilidad”, explicó Carlos Canudas, consultor especializado en franquicias.

Este segmento de franquicias low cost se caracteriza por locales pequeños, de alrededor de 40 metros cuadrados, y que requieren una inversión inicial que se sitúa entre u$s 15.000 y u$s 50.000.

Actualmente, según datos de la Asociación Argentina de Marcas y Franquicias (AAMF), estas representan el 33% del sistema, el mayor porcentaje hoy en día.

“El gran crecimiento del formato se produjo alrededor de la crisis de 2001 y en los años posteriores. Allí se consolidó un modelo basado en locales relativamente pequeños, productos estandarizados, producción centralizada, poca elaboración en el punto de venta y precios accesibles”, dijo Canudas.

En pizzas, Ugi’s fue uno de los antecedentes más importantes desde los años ’80, luego de haber desarrollado una cadena gastronómica con una oferta simple y precios bajos.

En lo que respecta a empanadas, uno de los pioneros fue El Noble Repulgue, la empresa que nació en 1998 y que se expandió rápidamente en el mercado. Hoy está en manos, desde 2022, de Delicias Argentinas, el vehículo de inversión en empresas alimenticias de Fénix Entertainment Group, la productora del empresario de medios Marcelo Figoli.

Hacia fines de esa década apareció también Solo Empanadas, que se convirtió en uno de sus principales competidores. Lo hacía a través de un modelo de producción centralizada y una red de franquicias que, con el paso de los años, fue expandiéndose primero en el Área Metropolitana y luego hacia otras localidades bonaerenses. Incluso, llegó al exterior.

La empresa sumaría, después, nuevas marcas bajo su órbita -Morita, Kiosco de Empanadas y Fábrica de Pizzas-, una planta industrial cada vez más grande y una estructura capaz de abastecer a más de 160 franquicias. Ahora, a fines de julio, Divaflo SRL, dueña de esas cuatro cadenas gastronómicas, pidió su concurso preventivo.

La cadena Solo Empanadas se hizo conocida con las empanadas que bailaban en los semáforos tras la crisis de 2001
La cadena Solo Empanadas se hizo conocida con las empanadas que bailaban en los semáforos tras la crisis de 2001

La caída del consumo afecta a toda la gastronomía, y las franquicias económicas no quedan afuera de ese problema. Pero al mismo tiempo se produce una migración del consumidor. Por eso decimos que estos modelos pueden comportarse mejor en períodos de menor poder adquisitivo. No son inmunes a la caída del consumo, pero tienen una ventaja: pueden captar consumidores que siguen comprando, aunque buscan bajar el ticket”, apuntó el consultor.

Los principales jugadores

La expansión se refleja en el ritmo de apertura de algunas de las principales cadenas del segmento que cada vez comen una mayor participación de mercado.

La clave de este sistema es que el franquiciado recibe un producto prácticamente terminado y solo se tiene que ocupar de calentarlo, hornearlo o despacharlo.

Por caso, Big Pizza, la empresa que se fundó en 2018, ya cuenta con 280 locales en casi la totalidad del país -a excepción de Salta, Jujuy, San Juan y Entre Ríos- y prevé llegar a las 80 aperturas este año. Su expansión no es menor: durante 2025 abrió alrededor de 60 locales.

La compañía tiene una fábrica propia en Ciudadela, Buenos Aires, donde elabora las pizzas y empanadas que luego distribuye a todos los franquiciados. Tiene un volumen de ventas de alrededor de 20 millones de empanadas al año.

“Notamos que la gente tiene menos poder adquisitivo, pero los locales se sostienen muy bien. Ahora queremos apuntar a todos los segmentos. Lo que está sucediendo es que nos empiezan a consumir segmentos que antes no lo hacían”, sostuvieron en la empresa.

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En Buenos Aires se expande con locales pequeños, de take away, de aproximadamente 35 metros cuadrados. En otras provincias de Argentina cuenta con locales más grandes que pueden alcanzar los 150 metros cuadrados.

La inversión para este tipo de locales comienza desde los u$s 25.000, con un recupero de la inversión entre 18 a 24 meses, hasta los u$s 60.000, dependiendo de su tamaño y ubicación.

Brozziano, en tanto, nació en 1999 de la mano de los amigos Alejandro Folatti y Gonzalo Carreau, y bajo el nombre de Pizza Gigante. Llegó a tener 10 franquicias hasta que el negocio se transformó, en 2017, en el actual.

“Vimos que en esa época estaba naciendo el mercado de las low cost, que era un segmento que no estaba explotado y que, con la infraestructura que teníamos, podíamos seguir haciendo nuestras empanadas a un precio muy competitivo pero con mayor volumen”, apuntó Carreau.

La compañía tiene 56 locales -6 propios y el resto franquicias- distribuidos en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Dentro de sus proyectos está el plan de expandirse al Gran Buenos Aires y duplicar la cantidad de franquicias en los próximos dos años. De hecho, el año pasado contaba con 35 franquicias.

Los locales tienen un tamaño entre 30 a 40 metros cuadrados que requieren una inversión inicial de alrededor de u$s 30.000.

Su producción está centralizada en una planta propia de 1500 metros cuadrados ubicada en Pompeya, Buenos Aires, y con capacidad para duplicar su nivel de producción. Hoy, ese volumen se encuentra en los 3 millones de empanadas al mes. Tanto las pizzas como las empanadas las produce la empresa y las distribuye a todos los franquiciados.

Cada local de Brozziano vende un promedio de 40.000 empanadas a nivel mensual.

Tomasso vende sus productos a mitad de precio
Tomasso vende sus productos a mitad de precio

“El cliente va migrando entre segmentos. Nosotros al ser un segmento low cost no estamos tan ligados al estado general de la economía. A esto se le suma que hay gente que antes no accedía al consumo de empanadas que ahora lo puede hacer”, explicó.

“Es un mercado difícil, hay muchos competidores, aperturas y marcas nuevas. Va a terminar siendo un mercado donde subsistan los que tengan mejor calidad”, agregó.

En el mercado también se encuentra Tomasso. La compañía, con más de 17 años, nació como una pizzería de barrio en 2007. Desde el comienzo apostó al modelo de locales exclusivos para take away de pizzas y empanadas. Hoy tiene más de 70 sucursales en el país y está presente en Buenos Aires, Entre Ríos, Santa Fe y La Pampa.