Hace menos de un año, Sidersa consiguió la aprobación del primer proyecto industrial bajo el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). Desde entonces, la compañía avanza con la construcción de una nueva acería en San Nicolás, una obra que demandará una inversión de u$s 305 millones y que entrará en operación en 2028.

Hernán Spoto sigue de cerca cada etapa. Presidente de la compañía y tercera generación de la familia fundadora, asegura que la decisión de avanzar con la inversión no tiene que ver con el cambio de ciclo económico. “Venimos trabajando en esto desde hace varios años. El RIGI ayudó a impulsar el proyecto que teníamos en mente”, sostiene.

La nueva planta será una de las más modernas del mundo. El equipamiento principal proviene de la italiana Danieli y, según la compañía, forma parte de una tecnología presente en apenas una veintena de acerías en todo el mundo.

Spoto asegura que la próxima etapa de crecimiento de la industria estará vinculada al avance de los proyectos mineros y energéticos que empiezan a tomar forma en distintas regiones del país. “Van a cambiar por completo la escala de consumo de acero en la Argentina”, remarca.

El proyecto le permitirá ingresar en la producción de aceros largos para la construcción y más que duplicar su capacidad actual. La obra ya supera el 30% de avance y demandó desembolsos cercanos a los u$s 100 millones. De los u$s 305 millones previstos, alrededor de u$s 200 millones corresponden a contrataciones realizadas en la Argentina, mientras que las importaciones se concentran principalmente en la tecnología de producción.

La compañía opera desde hace más de 70 años en el país, emplea a unas 650 personas y abastece a más de 2000 clientes de sectores vinculados a la construcción, el agro y la industria. En paralelo, completó buena parte del esquema de financiamiento necesario para ejecutar la inversión y prepara una nueva emisión de obligaciones negociables por hasta u$s 50 millones, luego de una primera colocación realizada a fines de 2024.

—¿Cómo viene el proyecto?

—El avance viene muy bien. Hoy la obra supera el 30% de ejecución y ya se puede ver desde la autopista Rosario-Buenos Aires una parte de la estructura. Estamos construyendo una acería que no tiene antecedentes en la región y eso nos genera mucho orgullo. Para nosotros tiene un valor especial porque es una inversión hecha por una empresa argentina, con capitales argentinos y pensada para producir en la Argentina durante las próximas décadas.

Es una inversión de más de u$s 300 millones que estamos llevando adelante en la Argentina y con una participación muy importante de proveedores locales. De los u$s 305 millones, alrededor de u$s 200 millones corresponden a contrataciones realizadas en el país. Solo importamos la tecnología. Todo lo demás decidimos hacerlo acá porque creemos que detrás de cada contratación hay trabajo, desarrollo y capacidad industrial.

—¿Qué peso tuvo el RIGI?

—Fue muy importante porque aporta previsibilidad para un proyecto de largo plazo. Cuando uno encara una inversión de esta escala necesita tener cierta estabilidad en cuestiones fiscales y cambiarias. Nosotros además contamos con la adhesión al régimen provincial y con beneficios impulsados por el municipio de San Nicolás. Todo eso ayuda a generar condiciones para invertir.

Pero también hay una decisión empresarial detrás. Nosotros venimos reinvirtiendo en la Argentina desde hace décadas y entendemos el mercado donde operamos. El proyecto no nació con el RIGI. Nosotros veníamos trabajando en él desde mucho antes. Lo que hizo el régimen fue ayudarnos a acelerar una decisión que ya estaba tomada y darle mayor previsibilidad a una inversión que va a convivir durante muchos años con distintos ciclos económicos.

—¿Por qué hoy no aparecen tantos proyectos industriales?

—No es sencillo encontrar proyectos industriales que superen los u$s 200 millones de inversión. Tiene que existir una necesidad concreta del mercado. Nosotros conocemos a nuestros clientes desde hace muchos años y detectamos una demanda que no estaba siendo atendida. Ahí apareció la oportunidad.

Después ayudan herramientas como el RIGI, el financiamiento y un contexto más estable. Pero el proyecto tiene que tener sentido por sí mismo. Nosotros llevamos décadas abasteciendo distintos sectores productivos y veíamos que había espacio para ofrecer algo distinto, con más eficiencia, más productividad y menores costos de transformación. Esa fue la base sobre la que construimos todo el proyecto.

—¿Qué impacto pueden tener sectores como minería y energía?

—Son sectores muy importantes porque detrás de cada proyecto aparecen caminos, puentes, infraestructura, estructuras metálicas y una enorme demanda de productos siderúrgicos. Todo desarrollo minero o energético necesita acero.

Cuando uno mira la magnitud de los proyectos que empiezan a aparecer en distintas regiones del país entiende que estamos frente a una oportunidad muy importante. Son inversiones que movilizan cadenas productivas completas y que generan demanda durante muchos años. Si esos desarrollos avanzan como están previstos, van a tener un impacto directo sobre toda la industria siderúrgica local.

—¿Cómo ve hoy a la industria del acero y el nivel de actividad?

—La demanda se está comportando dentro de lo que habíamos previsto. Después de varios años de mucha actividad hubo un ajuste que era esperable y que está vinculado al proceso de ordenamiento de la economía. Hoy estamos produciendo y vendiendo en niveles similares o incluso superiores a los del año pasado, por lo que no vemos una situación de preocupación.

—¿Qué es lo que todavía falta corregir?

—La estabilidad macroeconómica es positiva y ayuda a proyectar inversiones de largo plazo, pero todavía hay cuestiones sobre las que trabajar. La carga impositiva sigue siendo muy alta, los costos logísticos son elevados y existe un déficit de infraestructura que afecta la competitividad de muchos sectores productivos.

La Argentina tiene un enorme potencial industrial. Lo vemos todos los días cuando trabajamos con clientes de distintos sectores. Pero para aprovecharlo plenamente, hace falta seguir mejorando las condiciones para producir, invertir y competir. La productividad es un trabajo conjunto entre las empresas, que tienen que seguir incorporando tecnología y eficiencia, y el Estado, que debe ayudar a reducir los costos que hoy restan competitividad.

—¿Cómo responde el mercado financiero?

—Muy bien. La realidad es que recibimos mucho interés. Nosotros financiamos la mayor parte de la inversión con recursos propios y tomamos deuda de manera muy prudente. De hecho, algunos inversores nos plantean que podríamos apalancarnos más. Ya hicimos una emisión de obligaciones negociables muy exitosa en 2024 y en los próximos días estaremos lanzando una nueva colocación que esperamos que tenga el mismo resultado.

—¿Qué expectativas tiene para 2027?

—Somos optimistas. No vemos un boom de demanda, pero sí condiciones para seguir creciendo. La Argentina necesita más inversiones productivas y creemos que, si se continúa trabajando sobre competitividad, infraestructura y financiamiento, la industria tiene una oportunidad muy importante por delante.