

En el extremo sur de Chile existe un pueblo que rompe con todas las reglas de las ciudades tradicionales. Allí no hay avenidas, semáforos ni circulación de vehículos en el casco urbano. En cambio, la rutina de sus habitantes se desarrolla sobre una extensa red de pasarelas de madera que conecta viviendas, comercios y espacios públicos.
Se trata de Caleta Tortel, una localidad de poco más de 500 habitantes ubicada en la Región de Aysén, muy cerca de la frontera con Santa Cruz. Su diseño urbano, único en la Patagonia, la convirtió en uno de los destinos más llamativos para quienes buscan conocer paisajes diferentes y disfrutar de un ritmo de vida completamente distinto.
El pueblo patagónico donde todos los recorridos se hacen a pie
Quienes llegan a Caleta Tortel deben dejar sus vehículos en el acceso al pueblo. Desde ese punto, cualquier traslado se realiza caminando, ya sea para ir de compras, visitar a un vecino o transportar pertenencias entre distintos sectores de la localidad.

La característica más emblemática del lugar es una red de más de ocho kilómetros de senderos elevados, escaleras y puentes construidos principalmente con ciprés de las Guaitecas, una especie nativa reconocida por su resistencia a la humedad. Además, las viviendas no se identifican por calles, sino mediante una numeración que los residentes conocen perfectamente. Esta singular planificación urbana motivó que la localidad fuera declarada Zona Típica de Chile.
Glaciares, fiordos y un patrimonio histórico que completan la experiencia
Además de su particular trazado, Caleta Tortel funciona como uno de los principales puntos de acceso a algunos de los paisajes más impactantes del sur chileno. Situado entre los Campos de Hielo Norte y Sur, el pueblo permite realizar excursiones hacia los glaciares Jorge Montt y Steffen, donde predominan enormes masas de hielo, témpanos y escenarios naturales de gran belleza.
Otra de las visitas más elegidas es la navegación hasta la Isla de los Muertos, ubicada en la desembocadura del río Baker. Declarado Monumento Histórico Nacional, este sitio conserva las tumbas de trabajadores fallecidos a comienzos del siglo XX durante la explotación del ciprés y representa uno de los episodios más recordados de la historia de la colonización de la Patagonia austral.













