

En 2018, un grupo de científicos decidió probar una estrategia poco convencional en Coto Brus, Costa Rica. Sobre una zona de pastizales deteriorados, ubicada en un antiguo terreno agrícola, distribuyeron grandes cantidades de pulpa de café para analizar si este desecho podía acelerar la recuperación de un ecosistema degradado.
La intervención permitió comparar la evolución del terreno tratado con otra parcela que permaneció sin modificaciones. Con el paso de los años, la diferencia entre ambos sectores se volvió evidente: donde se había colocado el residuo apareció una vegetación mucho más desarrollada y comenzaron a crecer árboles nativos que prácticamente no avanzaban en el área de control.
El experimento que convirtió los residuos del café en una herramienta
Los investigadores utilizaron el equivalente a unos 30 camiones para trasladar aproximadamente 360 metros cúbicos de pulpa de café hasta el terreno. El material quedó distribuido en una capa cercana a los 50 centímetros de espesor, suficiente para cubrir las plantas invasoras que impedían que nuevas especies pudieran establecerse.

La pulpa también modificó las condiciones del suelo mientras se descomponía. Durante la temporada seca contribuyó a elevar su temperatura y, posteriormente, liberó carbono, nitrógeno y fósforo, nutrientes que favorecieron la aparición y el desarrollo de nuevas plantas.
Qué encontraron ocho años después en el terreno
La comparación entre las dos parcelas mostró una diferencia contundente. El sector tratado alcanzó aproximadamente un 80% de cobertura de dosel, mientras que la superficie que no recibió la intervención apenas llegó al 20%, una señal del fuerte avance de la vegetación.
El crecimiento de los árboles también fue notablemente distinto: en la zona donde se había aplicado la pulpa se formó un bosque joven de unos cuatro metros de altura, mientras que la vegetación del terreno de control permaneció prácticamente estancada. El resultado puso en evidencia el potencial de la pulpa de café, que representa entre el 40% y el 50% del peso fresco de la cereza y constituye uno de los principales residuos del procesamiento cafetero.
En 2026, distintas empresas procesadoras avanzan con sistemas destinados a aprovechar este material y devolverlo a las fincas convertido en abono orgánico, una alternativa que permite darle un nuevo uso a un residuo que durante mucho tiempo fue considerado simplemente un desecho.













