

En 2007, Jim Stevenson y Tara Tanaka compraron en Florida un terreno para evitar que se le construyera encima. La pareja adquirió unas 18 hectáreas de humedal que conocían desde hacía años y decidieron convertirlas en un refugio para la fauna.
La pareja vivía cerca de aquel bosque de cipreses desde la década de 1990 y había observado la cantidad de especies que dependían del lugar. Stevenson, biólogo retirado, y Tanaka, dedicada a la fotografía y videografía de naturaleza, asumieron que protegerlo requería mucho más que simplemente impedir su urbanización.
El resultado comenzó a hacerse visible con el paso de los años. En 2022, un relevamiento del Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos registró 275 cigüeñas de bosque reproduciéndose allí, además de numerosas especies de garzas, patos y otras aves.
El pantano que se convirtió en un santuario para la fauna
La pareja realizó trabajos para conservar las condiciones del humedal, entre ellos el control de árboles invasores y de la vegetación que podía alterar las superficies de agua utilizadas por las aves. Tanaka explicó a la National Audubon Society: “Cada vez pienso más que, si los propietarios privados no protegen sus tierras, puede que no quede hábitat para la vida silvestre, especialmente los humedales”.

El santuario terminó convirtiéndose en hogar de una amplia variedad de animales. Allí conviven grandes garzas azules, garcetas, anhingas, patos de Carolina y gallinetas, mientras que entre los mamíferos aparecen linces rojos, mapaches, zorros, nutrias, castores, coyotes y conejos de pantano.
Por qué los caimanes ayudan a proteger a las aves
Los caimanes también desempeñan una función importante dentro del ecosistema. Las cigüeñas construyen sus nidos sobre árboles rodeados de agua, una ubicación que dificulta el acceso de depredadores terrestres, mientras que los reptiles contribuyen a mantener alejados a animales capaces de atacar huevos y crías.
Para favorecer esa dinámica, Stevenson llegó a construir una pequeña isla destinada a los caimanes. Tanaka, por su parte, registra desde su vivienda gran parte de la actividad del humedal y describió el trabajo conjunto de ambos: “Nuestro trabajo ha convergido para apoyar este esfuerzo”.
Una protección que seguirá después de ellos
La pareja también buscó garantizar que el terreno permaneciera protegido cuando ya no estuvieran a cargo. En 2016 establecieron una servidumbre de conservación permanente, que permite mantener la propiedad privada pero impide legalmente determinados usos que podrían perjudicar el ecosistema.
La recuperación de las cigüeñas de bosque da otra dimensión a la historia. La especie había caído de unas 20.000 parejas reproductoras en los años 30 a menos de 5.000 durante la década de 1970; para 2022 ya superaba las 10.000 parejas y en febrero de 2026 fue retirada de la lista federal estadounidense de especies amenazadas y en peligro.














