

La victoria de Luiz Inácio Lula da Silva en el balotaje brasileño del domingo dejó una imagen que excede el resultado electoral: la de un canal de WhatsApp que pasó de unos 50.000 seguidores antes de la primera vuelta a más de 10,8 millones en la recta final de la campaña.

El espacio, bautizado “Ejército de Lula” y coordinado por el diputado André Janones, se convirtió en una de las herramientas más visibles de la estrategia digital del oficialismo. Después del triunfo, Lula agradeció públicamente al legislador y lo llamó su “general”.
Pero ¿qué ocurrió dentro de ese canal para que alcanzara semejante escala? ¿Fue una herramienta que contribuyó a movilizar a los votantes o el resultado de una movilización política que encontró en WhatsApp una forma de multiplicarse?
Mayara Dos Santos, secretaria del núcleo del Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil en la Argentina, describió a El Cronista cómo funcionó la iniciativa y cuál era su objetivo: organizar a los simpatizantes para ampliar el alcance de los mensajes de campaña, incluso entre personas que no formaban parte de los círculos habituales de militancia.
Cómo funcionó el “Ejército de Lula” en WhatsApp
“Fue como un entrenamiento digital de cómo la gente podía ocupar y hacer llegar la información a diferentes sectores, afuera de su burbuja de amigos”, explicó Dos Santos a este diario. Según relató, los participantes recibían tareas diarias: sumar nuevos integrantes, publicar contenidos en horarios determinados y utilizar hashtags específicos. La intención era que cada simpatizante dejara de ser un receptor pasivo de mensajes y se convirtiera también en un difusor de la campaña.

La iniciativa había nacido en abril, pero cambió de escala después de que Lula terminara la primera vuelta detrás de Flávio Bolsonaro.
El canal fue reconvertido en una central de movilización digital y comenzó a distribuir videos, audios, textos y consignas para que sus seguidores replicaran los contenidos en otras plataformas.
El crecimiento fue acelerado: superó el millón de integrantes el 6 de octubre, los dos millones al día siguiente y los cinco millones el 17 de octubre, hasta rebasar los diez millones dos días antes del balotaje.

Janones alentaba a los participantes a invitar a nuevos integrantes y a llevar los contenidos a conversaciones con amigos y conocidos. El canal funcionaba, así, como un punto de coordinación desde el cual se buscaba multiplicar la presencia digital de Lula.
Dos Santos vinculó esa estrategia con lo que, desde la militancia petista, percibían como una desigualdad en la distribución de los contenidos políticos. “En Brasil hubo toda una cuestión de la diferencia de Meta en la campaña, que los videos e imágenes de la campaña de Lula llegaban menos, había menos entrega a los usuarios que los contenidos de la derecha”, señaló.
El objetivo, explicó, era conseguir que las publicaciones alcanzaran a más personas, tanto dentro como fuera de la militancia.
La movilización en las calles y la disputa por las redes sociales
El fenómeno también tuvo una dimensión institucional. Durante la campaña, el Tribunal Superior Electoral (TSE) brasileño ordenó suspender temporalmente el canal y luego condicionó su funcionamiento a que fuera registrado formalmente por la campaña de Lula.
El espacio volvió a operar tras ese trámite. La controversia mostró que la organización digital no era un asunto marginal, sino una pieza de la disputa electoral que llegó hasta la Justicia.
La discusión remite a un debate anterior sobre la relación entre tecnología y política. Durante la Primavera Árabe, a comienzos de la década de 2010, las redes sociales —en particular Facebook y Twitter— fueron señaladas como herramientas centrales para difundir información, organizar protestas y conectar a grupos de ciudadanos.

Sin embargo, los estudios posteriores advirtieron que no explicaban por sí solas las revueltas: las condiciones políticas y sociales, los agravios acumulados y las redes de organización también resultaban determinantes.
Tras la victoria, Lula anticipó que la comunicación digital tendrá más espacio en su próximo mandato. Janones, por su parte, convirtió el éxito del canal en una demostración de su capacidad de organización y reclamó reconocimiento por su papel en la campaña.













