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Luiz Inácio Lula da Silva ganó este domingo el balotaje presidencial en Brasil y se aseguró un nuevo mandato al frente de la principal economía de América Latina. Con el 51,77%, se impuso sobre el senador Flávio Bolsonaro, que obtuvo 48,23%, y prolongó un ciclo político que tiene al Partido de los Trabajadores (PT) como protagonista desde hace más de dos décadas.

El resultado le permitirá a Lula iniciar su cuarto mandato presidencial, después de gobernar entre 2003 y 2010 y regresar al poder en enero de 2023. La victoria abre una nueva etapa para un dirigente que atravesó el ascenso sindical, la presidencia, la cárcel y un regreso al Palacio del Planalto.

El triunfo también representa una nueva derrota electoral para el espacio político de Jair Bolsonaro, expresidente condenado por su participación en un intento de golpe de Estado. Frente a Flávio Bolsonaro, Lula defendió la continuidad de su gestión, la protección social y la soberanía brasileña. La economía y la gobernabilidad serán dos de sus principales desafíos.

Del nordeste a la presidencia

Lula nació el 27 de octubre de 1945 en Caetés, en el interior de Pernambuco. Su madre, Dona Lindu, tuvo 12 hijos, cuatro de los cuales murieron en un contexto de pobreza extrema. Durante la década de 1950, migró con su familia a São Paulo.

Trabajó como tornero en el ABC paulista, un cordón industrial al sur de São Paulo. Allí llegó a presidir el sindicato de metalúrgicos de São Bernardo. A fines de los años 70, encabezó grandes huelgas contra la dictadura militar brasileña (1964-1985) y, en 1980, cofundó el Partido de los Trabajadores.

Después de perder tres elecciones presidenciales, en 1989, 1994 y 1998, moderó su discurso y amplió sus alianzas políticas. En 2002 llegó por primera vez a la presidencia, con una propuesta que combinaba crecimiento económico, inclusión social y diálogo con distintos sectores empresariales.

Lula da Silva rodeado de personas luego de votar.
Lula da Silva rodeado de personas luego de votar.Fuente: REUTERSAmanda Perobelli

Auge, cárcel y regreso

Sus dos primeros mandatos, entre 2003 y 2010, coincidieron con el auge internacional de las materias primas. Durante esos años, Bolsa Família amplió su alcance como programa de transferencias destinado a hogares de bajos ingresos. Millones de brasileños salieron de la pobreza y Lula dejó el cargo en 2010 con niveles de aprobación cercanos al 80%.

Su trayectoria política quedó atravesada después por los escándalos de corrupción. El mensalão, en 2005, expuso un esquema de sobornos a legisladores, mientras que la operación Lava Jato investigó una trama de corrupción vinculada con empresas y contratos de Petrobras.

Lula estuvo preso durante 580 días, entre abril de 2018 y noviembre de 2019. En 2021, el Supremo Tribunal Federal (STF), la Corte Suprema brasileña, anuló sus condenas en esos procesos. La decisión despejó el camino para su candidatura presidencial de 2022.

En octubre de ese año, derrotó a Jair Bolsonaro por 50,9% contra 49,1% de los votos válidos. Una semana después de su asunción, el 8 de enero de 2023, seguidores del expresidente invadieron las sedes de los tres poderes en Brasilia. En 2025, Jair Bolsonaro fue condenado a 27 años de prisión por su participación en un intento de golpe de Estado.

Intento de golpe de Estado en 2025 por seguidores de Jair Bolsonaro.
Intento de golpe de Estado en 2025 por seguidores de Jair Bolsonaro.

Buenos indicadores, economía más lenta

Durante su tercer mandato, Lula pudo exhibir indicadores económicos y sociales favorables en algunos frentes. El desempleo alcanzó mínimos históricos, la inflación cerró 2025 en su nivel más bajo en siete años y la deforestación en la Amazonía retrocedió con fuerza desde 2023.

Sin embargo, la economía perdió impulso durante 2026. Según los datos citados por JPMorgan, el crecimiento del PBI se desaceleró en el segundo trimestre, mientras que las altas tasas de interés encarecieron el financiamiento para las familias y las empresas.

Ese escenario condicionó la campaña y constituye uno de los desafíos para el próximo mandato. Antes de la elección, encuestas registraban preocupación por la situación económica y niveles elevados de desaprobación presidencial. Lula deberá lograr que la estabilidad se traduzca en mejoras percibidas por los hogares, en particular en materia de ingresos y costo de vida.

De los BRICS al choque con Trump y Milei

Desde su regreso al poder, Lula recuperó los principales ejes de su política exterior: multilateralismo, protagonismo en los BRICS y acercamiento al sur global. Esa estrategia también generó cuestionamientos, entre ellos por su participación en mayo de 2025 en el desfile del Día de la Victoria en Moscú, junto al presidente ruso Vladimir Putin.

La presión de Donald Trump le dio un nuevo sentido a su defensa de la soberanía brasileña. En julio de 2025, Estados Unidos impuso aranceles del 50% a productos brasileños y vinculó la medida con el proceso judicial contra Jair Bolsonaro. Lula rechazó negociar sobre la causa judicial y buscó diversificar los vínculos comerciales de Brasil.

Seguidora de Lula en Río de Janeiro.
Seguidora de Lula en Río de Janeiro. Fuente: REUTERSRaquel Cunha

En ese contexto, el Gobierno brasileño profundizó su relación con China y respaldó el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, una iniciativa destinada a ampliar los vínculos comerciales entre ambos bloques.

En septiembre de 2026, ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, Lula advirtió sobre las tentaciones hegemónicas en la región y afirmó: “Brasil no cabe en el patio de nadie”.

En América Latina, su liderazgo convive con el giro político hacia la derecha de varios gobiernos de la región. La relación con Javier Milei, distante desde que el mandatario argentino asumió en diciembre de 2023, atravesó un nuevo deterioro en julio de 2026, cuando Milei lo calificó de ladrón y presidiario durante un acto de Flávio Bolsonaro en São Paulo.

En agosto, Brasil rebajó el nivel de la relación bilateral al de encargado de negocios. La relación con la Argentina será uno de los frentes diplomáticos a seguir durante el nuevo mandato de Lula, junto con sus vínculos con Estados Unidos, China y los socios del Mercosur.