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La inteligencia artificial (IA) ya está instalada en la agenda de las empresas, pero eso no significa que haya llegado de la misma manera al trabajo cotidiano. Mientras las organizaciones destinan cada vez más recursos a estas herramientas, uno de los principales desafíos pasa por conseguir que los empleados las incorporen efectivamente a sus tareas.
En ese escenario, los hackatones internos de IA comienzan a ganar terreno como una forma de acelerar la adopción. El objetivo ya no es necesariamente desarrollar una aplicación desde cero, sino reunir durante una jornada o varias sesiones a personas de distintas áreas para detectar problemas reales y explorar cómo la tecnología puede resolverlos.
La lógica supone un cambio respecto del hackatón tradicional. En lugar de partir de una tecnología y buscar qué hacer con ella, se parte de una necesidad concreta del negocio. “El primer punto es partir de un problema real, no de la tecnología. Preguntarse qué tarea consume demasiado tiempo, dónde existen procesos manuales o repetitivos, o qué información hoy resulta difícil de aprovechar”, explica a El Cronista Federico Guidoni, IT Director en Aditi Consulting.
La tendencia también está vinculada con la democratización de las herramientas de IA. Ya no se trata de una tecnología reservada a programadores o especialistas. “Uno de los principales cambios que trae la IA es la democratización del acceso a la tecnología. Cualquier empresa hoy puede acceder a herramientas similares a las que utilizan las grandes empresas tecnológicas. Por eso, esta revolución no pertenece a una industria en particular”, señala Guidoni.

De hecho, los hackatones pueden resultar especialmente útiles fuera de las compañías tecnológicas. Finanzas, Recursos Humanos, Marketing, Operaciones y Ventas son algunas de las áreas que pueden participar para detectar ineficiencias que conocen de primera mano.
“Quien trabaja todos los días con un proceso suele conocer mejor que nadie sus ineficiencias y oportunidades de mejora”, sostiene el especialista. Así, la IA deja de ser patrimonio exclusivo del área de tecnología y pasa a convertirse en una herramienta que puede ser explorada por toda la organización.
Qué pueden mejorar los hackatones de IA en las empresas
Según señalan desde Aditi Consulting, quienes llevan adelante hackatones de inteligencia artificial tienen como beneficios principales:
- Detectar tareas repetitivas: permiten encontrar procesos que demandan muchas horas de trabajo manual y que podrían automatizarse o simplificarse.
- Encontrar casos de uso concretos: en lugar de implementar IA sin un objetivo claro, ayudan a identificar dónde puede generar un impacto real.
- Involucrar a los empleados: quienes conocen los procesos cotidianos pueden aportar problemas y oportunidades que no siempre son visibles para los equipos técnicos.
- Probar antes de invertir: permiten transformar una idea en un prototipo y evaluar su potencial antes de avanzar con un proyecto de mayor escala.
- Compartir soluciones: una mejora desarrollada para un área puede convertirse posteriormente en una herramienta útil para otros equipos de la compañía.
Uno de los ejemplos mencionados por Guidoni muestra que el impacto no necesariamente está en transformar por completo una operación: un proyecto surgido de un hackatón buscó asistir los procesos financieros de cierre mensual, trimestral y anual, períodos en los que se concentran tareas, validaciones, información de diferentes fuentes y plazos exigentes.
En ese caso, la solución apuntó a centralizar información, facilitar el seguimiento e identificar los puntos que requieren atención. “No se buscó reemplazar el proceso financiero, sino mejorar una parte concreta de la operación utilizando tecnología para reducir trabajo manual y liberar tiempo para tareas de mayor valor”, explica Guidoni.

Del prototipo a una solución real
La velocidad con la que hoy pueden desarrollarse prototipos gracias a la IA también modificó el funcionamiento de los hackatones. “En el pasado, el hackatón dependía mucho más de la interacción entre el perfil de negocio y el developer. Uno aportaba el conocimiento de la empresa y el otro lo traducía en un prototipo, que solía quedar bastante limitado”, señala Guidoni.
Ahora, agrega, “con las herramientas de IA, los equipos pueden llegar al final de la jornada con soluciones mucho más avanzadas y ambos perfiles pueden aportar valor”. Sin embargo, esta mayor autonomía también genera un desafío: si cada participante puede desarrollar soluciones por su cuenta, puede perderse parte de la colaboración que hace valioso al hackatón.
Por eso, el prototipo no es el punto de llegada. “Finalmente, hay que separar experimentación de implementación. Un prototipo exitoso es el comienzo, no el final”, advierte el especialista.
Antes de llevar una solución a producción, explica, deben analizarse cuestiones como seguridad, privacidad de los datos, compliance, costos, escalabilidad y mantenimiento. Esa instancia es la que determina si una idea atractiva puede convertirse en una herramienta sostenible para el negocio.
En definitiva, el valor de los hackatones no está solamente en las soluciones que producen durante unas horas. También funcionan como un mecanismo para acercar la IA a quienes deberán utilizarla y demostrar, con problemas concretos, qué puede aportar la tecnología.
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