

Después de más de cuatro décadas, Argentina y Chile podrían estar a las puertas de una de las obras de infraestructura más ambiciosas de su historia conjunta.
Un consorcio privado —con capitales de Singapur y Chile— presentó un proyecto para perforar 54 kilómetros bajo la Cordillera de los Andes y devolver el tren hacia el corredor Mendoza-Valparaíso, el mismo que quedó en el olvido en 1984.
El túnel más largo bajo los Andes: por qué 54 kilómetros bajo la montaña cambia todo
El Paso de los Libertadores es estratégico pero vulnerable: cada invierno, las nevadas lo clausuran durante días o semanas, frenando el comercio binacional y dejando camioneros varados en la ruta. La solución que propone este proyecto no es mejorar el paso existente, sino evitarlo por completo.
Un túnel subterráneo de 54 kilómetros atravesaría la cordillera sin exponerse al clima, garantizando circulación los 365 días del año. Para tener dimensión: sería uno de los túneles ferroviarios más largos de América del Sur.
Las comisiones técnicas de ambos países ya están evaluando la geología de la zona —con sus fallas activas incluidas— para definir el método de perforación más seguro.

Carga, pasajeros y petróleo: un tren que sirve para todo
No se trata de un tren turístico solamente turístico. El diseño es bimodal —carga pesada y pasajeros de alta velocidad— pensado estratégicamente para dos propósitos distintos.
Pun lado, convertir el corredor Mendoza-Valparaíso en un puente bioceánico que conecte los mercados sudamericanos con Asia a través de los puertos del Pacífico. Por el otro, un ramal hacia el sur apuntaría directamente a Vaca Muerta: transportar arena y insumos para la explotación petrolera por tren en lugar de por camión reduciría costos, tiempos y emisiones de carbono en una de las zonas energéticas más valiosas del país.
Privado, millonario y todavía en pañales: qué falta para que el proyecto sea real
La inversión estimada ronda los 9.600 millones de dólares aportados por firmas internacionales, lo que lo convierte en una iniciativa privada —sin depender del presupuesto estatal— pero también en un proyecto de maduración lenta.
Por ahora, los equipos técnicos trabajan en estudios de factibilidad geotécnica e impacto ambiental, mientras que en paralelo se inician gestiones políticas para conseguir el respaldo formal de ambos gobiernos.
Los especialistas advierten que la complejidad constructiva es extrema y que la concreción final llevará varios años. Dicho eso, si avanza, el impacto sería transformador: pueblos de montaña que perdieron su razón de ser cuando murió el tren original podrían ver cómo la historia les da una segunda oportunidad.















