

La historia de la isla de Majuli, ubicada en el río Brahmaputra en la India, cambió para siempre gracias a la perseverancia de un solo hombre. Jadav Payeng, un modesto trabajador de la tierra, logró una hazaña sin precedentes: transformar un banco de arena estéril en una exuberante selva.
Este pulmón verde abarca actualmente unas 550 hectáreas, una superficie que supera el tamaño del Central Park de Nueva York, y es el resultado de un trabajo ininterrumpido que comenzó a fines de la década del setenta.
El punto de inflexión para Payeng ocurrió en 1979, cuando tenía apenas 16 años. Tras unas fuertes inundaciones que azotaron la región, el joven encontró decenas de serpientes muertas sobre la arena caliente por la falta de sombra y vegetación. Impactado por la escena y preocupado por el avance de la erosión que amenazaba con hacer desaparecer su hogar, decidió acercarse a las autoridades locales.
Al recibir como única respuesta que intentara plantar bambú por su cuenta, asumió el desafío personal de reforestar la zona sembrando al menos una planta cada día.

El proceso fue arduo y demandó una paciencia monumental. Durante los primeros años, el agricultor transportó semillas, pequeños brotes e incluso hormigas y lombrices para alterar las propiedades del suelo árido y devolverle su fertilidad natural. Con el paso del tiempo, lo que comenzó como un modesto monte de bambú evolucionó hacia un ecosistema complejo, permitiendo la introducción de especies maderables y árboles frutales que terminaron de consolidar la flora del lugar.
El impacto ambiental de esta iniciativa individual superó todas las expectativas. A medida que la vegetación se volvía más densa, la fauna silvestre comenzó a regresar a un hábitat del que había sido desplazada. En la actualidad, el llamado “bosque de Molai” (bautizado así por el apodo de Payeng) es el refugio de una rica biodiversidad que incluye rinocerontes de un cuerno, tigres de Bengala, ciervos, distintas especies de aves y una manada de elefantes que visita la zona durante varios meses al año.
Curiosamente, la dimensión de esta obra pasó desapercibida para el gobierno indio hasta el año 2008, cuando funcionarios del departamento forestal llegaron al lugar persiguiendo a unos cazadores furtivos y se toparon con la inmensa selva. A partir de ese momento, la figura del agricultor cobró notoriedad internacional. Fue condecorado con el Padma Shri, uno de los galardones civiles más importantes de su país, y la prensa mundial lo consagró definitivamente como el “Hombre Bosque de la India”.
Hoy, superando los sesenta años de edad, Jadav Payeng mantiene intacta su rutina y se levanta de madrugada para seguir expandiendo los límites de su creación. Su trabajo no solo frenó el declive territorial de la isla de Majuli frente a las crecidas del río, sino que demuestra de manera concreta cómo la acción sostenida de una persona tiene el poder real de restaurar la naturaleza y hacer frente a la crisis climática global.













