

Después de más de siete años de funcionamiento, El Santa Evita, el restaurante temático de Palermo dedicado a la figura de Eva Perón y a la cocina popular argentina, anunció su cierre definitivo.
El local, ubicado en Julián Álvarez 1479, va a funcionar hasta el 30 de septiembre y después dejará de atender al público, según confirmaron sus responsables en un comunicado difundido en redes sociales.
La noticia impactó en la escena gastronómica porteña. El Santa Evita se había convertido en un clásico de Palermo gracias a una carta que combinaba locro, pastel de papa, polenta, mondongo y empanadas con una fuerte identidad cultural.
Durante años, además, funcionó como punto de encuentro para músicos y artistas que se presentaban en vivo entre las mesas.
Por qué cierra un clásico de la gastronomía porteña
Según explicaron sus propios responsables, la decisión está atada a la crisis que atraviesa la gastronomía argentina. La combinación de caída del consumo, pérdida de poder adquisitivo y aumento de los costos operativos golpeó a buena parte de los locales del rubro en los últimos meses.
El chef Gonzalo Alderete Pagés, uno de los responsables del restaurante, había planteado meses atrás una frase que resume el dilema del proyecto: la cocina del pueblo es la más cara de producir.
La paradoja es clara: una propuesta gastronómica identificada con lo popular no necesariamente resulta barata de sostener puertas adentro de un restaurante.
La carta despedida de El Santa Evita
“Fueron 8 años difíciles pero hermosos en los que hicimos lo que más nos gusta: dar de comer, hacerle cosquillas a los sentidos. Pero como no se puede ser feliz en soledad, y tenemos el deseo de disfrutar mucho este último mes, queremos volver a verlos una vez más”, introdujeron sus dueños.
“Vamos a estar llenos de eventos. Van a poder venir a muchos shows del Santa Cultural. Van a tener la oportunidad de comer por última vez el locro del Gonza, el histórico flan de Flor o clásicos de otros tiempos. Y agárrense porque va a haber sorpresas de todo tipo. Fue hermoso mientras duró. Gracias a todos y a todas porque esto, que no vamos a olvidarnos más, lo construimos juntos”, concluyeron.
Quienes quieran despedirse del lugar todavía tienen tiempo hasta fin de septiembre para pasar por Julián Álvarez 1479 y probar por última vez los platos que hicieron historia en el barrio.
Después del 30, la persiana de este ícono de Palermo va a quedar baja de forma definitiva, y con ella se va una de las propuestas gastronómicas más particulares que tuvo la Ciudad en la última década.

















