

La carne es una de las proteínas más presentes en las mesas argentinas, con innumerables cortes y preparaciones que la convierten en un elemento clave de la mesa familiar. Sin embargo, hay un error muy extendido a la hora de prepararla.
El paso que muchos repiten sin saber que es un error es lavar la carne cruda antes de cocinarla. Aunque parece un gesto de higiene, los especialistas advierten que puede aumentar el riesgo de contaminación en la cocina.
Al lavar la carne, el agua salpica el fregadero, los utensilios y las superficies cercanas, lo que favorece la propagación de bacterias como la Salmonella o la Escherichia coli hacia otros alimentos y elementos de la cocina.
Esas bacterias, en cambio, se eliminan de manera efectiva durante la cocción, siempre que se alcance la temperatura interna correcta según el tipo de carne que se esté preparando en cada caso.
Por qué mucha gente lava la carne y qué es realmente el líquido rojo
Detrás de este hábito hay varias razones. Una es la costumbre cultural o familiar, heredada de generaciones que asociaban el lavado con una mayor limpieza del alimento antes de cocinarlo.
También influye la necesidad de eliminar lo que muchos identifican como restos de sangre, aunque ese líquido rojizo en realidad es mioglobina, una proteína natural del músculo y no sangre, según explican los especialistas en seguridad alimentaria.

Por último, persiste la creencia errónea de que lavar mata bacterias, cuando en realidad estas se encuentran adheridas o en el interior de la pieza y solo la cocción adecuada logra eliminarlas por completo.
Qué hacer con la carne cruda, según los expertos
Los especialistas recomiendan evitar directamente el lavado: alcanza con retirar la carne del empaque y, si es necesario, secarla con papel absorbente antes de cocinarla, sin pasarla por agua.
También aconsejan usar una tabla exclusiva para carnes crudas, lavarse bien las manos antes y después de manipularlas, y desinfectar todas las superficies y utensilios que estuvieron en contacto con el alimento.
Organismos internacionales de seguridad alimentaria, como el CDC de Estados Unidos, recomiendan evitar esta práctica para reducir riesgos sanitarios en el hogar, y remarcan que se trata más de un hábito cultural que de una medida de higiene real.
Lavar la carne también puede afectar su calidad, ya que se pierden jugos naturales que aportan sabor y textura. Confiar en una buena higiene de manipulación y en una cocción adecuada es, según los expertos, la forma más segura de garantizar alimentos sanos.














