

Lo que comenzó como un proyecto destinado a impulsar una actividad económica terminó transformándose en uno de los mayores desafíos ecológicos de la región. En 1946 fueron introducidos en el sur del país apenas 40 castores canadienses, con la expectativa de desarrollar una industria basada en sus pieles.
La iniciativa nunca alcanzó los resultados previstos, pero los animales sí lograron adaptarse con enorme facilidad al nuevo entorno. La combinación de abundantes cursos de agua, extensas áreas boscosas y la ausencia de depredadores naturales favoreció una expansión que continuó durante décadas.
Actualmente, se estima que la población supera los 100.000 castores en el archipiélago de Tierra del Fuego. Su presencia ya no se limita a zonas puntuales, sino que ocupa una parte significativa del territorio, generando alteraciones profundas en los ecosistemas locales.
Las represas que modificaron el paisaje fueguino
Una de las señales más evidentes del avance de esta especie son las construcciones que realizan sobre ríos y arroyos. Estas estructuras modifican el flujo natural del agua, provocan inundaciones y afectan amplias superficies de bosque nativo.

El impacto quedó reflejado en un estudio realizado por investigadores del Centro Austral de Investigaciones Científicas (CADIC). A través del análisis de imágenes satelitales de alta resolución, los especialistas detectaron más de 200.000 represas distribuidas en distintos sectores del archipiélago fueguino.
Una invasión que atraviesa la frontera entre Argentina y Chile
Los datos obtenidos por los científicos revelaron que los castores ya ocupan cerca de la mitad de la superficie insular. Además, su expansión no distingue límites geográficos, por lo que el fenómeno afecta tanto a Argentina como a Chile.
El relevamiento contabilizó más de 206.000 diques construidos por estos animales. La distribución aparece prácticamente equilibrada entre ambos países, reflejando la magnitud que alcanzó una población que continúa creciendo gracias a su gran capacidad reproductiva y adaptación al ambiente.
El plan binacional para intentar frenar el problema
Frente a este escenario, Argentina y Chile comenzaron a coordinar acciones conjuntas hace varios años. En 2008 firmaron un acuerdo de cooperación orientado a recuperar los ecosistemas dañados mediante estrategias de control y erradicación progresiva de la especie.
Posteriormente se desarrollaron experiencias piloto en distintas zonas del archipiélago para evaluar métodos de manejo y obtener información científica. Aunque estos programas aportaron conocimientos valiosos para futuras intervenciones, los especialistas consideran que el desafío sigue vigente y que controlar la expansión de los castores continúa siendo una de las tareas ambientales más complejas de la región.















