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Durante más de un siglo, la tortuga gigante de Floreana fue considerada una especie perdida. Su desaparición parecía definitiva y se convirtió en uno de los casos más emblemáticos de extinción en las islas Galápagos. Sin embargo, una investigación científica terminó cambiando por completo esa historia y abrió la puerta a uno de los proyectos de restauración ecológica más ambiciosos del mundo.

Tras décadas de trabajo, científicos y organizaciones ambientales lograron devolver estos animales a su isla de origen, un paso que no solo busca recuperar una especie, sino también restaurar el equilibrio natural de un ecosistema que llevaba casi 200 años sin uno de sus principales protagonistas.

Fotografía de Lucas Bustamante
Fotografía de Lucas Bustamante

Cómo lograron recuperar a las tortugas gigantes de Floreana

La historia dio un giro inesperado en el año 2000, cuando investigadores de Galápagos Conservancy y guardaparques de la Dirección del Parque Nacional Galápagos encontraron, en el volcán Wolf de la isla Isabela, varias tortugas con un caparazón diferente al habitual.

Los estudios genéticos confirmaron que aquellos ejemplares eran híbridos que conservaban ADN de la tortuga gigante de Floreana, una especie declarada extinta desde mediados del siglo XIX. Los científicos creen que antiguos balleneros trasladaron algunos ejemplares entre islas como reserva de alimento y, sin saberlo, permitieron que parte de su linaje sobreviviera durante generaciones.

El regreso de una especie después de 180 años

A partir de ese descubrimiento comenzó un programa de reproducción selectiva que combinó ejemplares con mayor carga genética de Floreana. Tras años de trabajo, el proyecto consiguió criar cientos de individuos destinados a recuperar la población original.

El primer gran paso llegó este año con la liberación de 158 tortugas gigantes, de entre 12 y 14 años, en la isla Floreana. Los animales fueron preparados durante años para garantizar sus posibilidades de supervivencia y fueron reintroducidos durante la temporada de lluvias, cuando existe mayor disponibilidad de agua y alimento.

Fotografía de Lucas Bustamante
Fotografía de Lucas Bustamante

Por qué las tortugas gigantes son clave para Galápagos

Más allá de su valor simbólico, las tortugas gigantes cumplen una función esencial dentro del ecosistema. Los especialistas las consideran “ingenieras del ambiente”, ya que dispersan semillas, modifican la vegetación con su desplazamiento y favorecen la regeneración de numerosas especies vegetales.

Su regreso permitirá recuperar procesos ecológicos que permanecían interrumpidos desde hace más de 180 años y beneficiará a aves, insectos y otros animales nativos que dependen del equilibrio natural de la isla.

Cómo seguirá el proyecto de restauración

Todas las tortugas liberadas fueron equipadas con dispositivos GPS que enviarán información sobre sus movimientos cada hora, permitiendo monitorear su adaptación y actuar rápidamente ante cualquier riesgo.

Mientras tanto, los ejemplares reproductores continuarán en cautiverio para producir nuevas generaciones que serán liberadas progresivamente. El objetivo final del Proyecto de Restauración Ecológica de Floreana, impulsado por instituciones ecuatorianas junto a organizaciones internacionales, es recuperar por completo el ecosistema de la isla mediante la restauración del hábitat y la reintroducción de otras especies nativas.