

Después de una semana en la que el dólar volvió a concentrar la atención del mercado y el Banco Central alternó jornadas de compras con otras de intervención para contener las expectativas, la gran incógnita ya no pasa por cuánto logrará acumular de reservas, sino por si podrá sostener ese equilibrio durante el segundo semestre.
La autoridad monetaria retomó este miércoles las compras y adquirió u$s 36 millones, con lo que las reservas internacionales ascendieron a u$s 49.200 millones. El movimiento llegó apenas un día después de que la entidad decidiera no intervenir como compradora pese a la fuerte liquidación del sector energético, una pausa que el mercado interpretó como una muestra de las dificultades que empieza a encontrar para seguir acumulando divisas sin tensionar el tipo de cambio.
Según informaron fuentes del Banco Central a El Cronista, durante julio la entidad promedia compras por u$s 116 millones diarios, por encima de los u$s 97 millones diarios registrados en promedio desde comienzos de año. Sin embargo, en la City consideran que esa dinámica difícilmente pueda sostenerse durante la segunda mitad de 2026, cuando disminuye la oferta estacional del agro y las expectativas electorales comienzan a ganar peso.
En el mercado cambiario, el dólar oficial cerró en $1.515, mientras que el MEP terminó en $1.523,44 y el contado con liquidación (CCL) en $1.587,49, ambos con bajas cercanas al 0,7%. El blue, en tanto, permaneció estable en $1.570. Aunque las cotizaciones financieras retrocedieron, durante las últimas ruedas el tipo de cambio mayorista volvió a acercarse a la zona de los $1.500, un nivel que operadores consideran clave para las expectativas del mercado.
La cobertura electoral vuelve a escena
Para Ezequiel Asensio, Chief Investment Officer (CIO) de Valiant, la presión cambiaria responde a una combinación de factores coyunturales y políticos.
“Claramente el mercado cambiario sigue demandado. Un poco por el trade electoral típico, donde históricamente la gente se cubre; otro poco por el atraso cambiario y también por cuestiones técnicas de fin de mes, como el fixing de los futuros de julio y el vencimiento del D31L6”, explicó a El Cronista.
El economista considera que la evolución de las expectativas será determinante.
“Creo que se avecina mayor presión sobre el tipo de cambio, sobre todo si las encuestas no favorecen al Gobierno. Es una dinámica que habrá que monitorear día a día.”
Según Asensio, el martes el Banco Central intervino con fuerza en el mercado de bonos dólar linked para evitar que el tipo de cambio superara los $1.500, aunque remarcó que el Gobierno llega a esta etapa con una posición mucho más sólida que la del año pasado.
“Hoy tiene más dólares, un programa financiero en moneda extranjera ya armado y una tasa de interés estable, algo que no ocurría en 2025.”
Las reservas seguirán creciendo, pero más lentamente
Más allá de la presión cambiaria, los analistas consideran que todavía existen fundamentos para que el Banco Central continúe fortaleciendo sus reservas.
Para Pedro Gaite, economista jefe de FIDE, las condiciones macroeconómicas siguen siendo favorables, aunque el ritmo de compras será menor.
“Están dadas las condiciones materiales para que el dólar siga relativamente tranquilo y el Banco Central continúe comprando reservas, aunque a un ritmo menor. Los fundamentos siguen siendo un superávit comercial elevado, el endeudamiento privado en dólares y una formación de activos externos todavía contenida.”
El economista explicó que el creciente aporte de las exportaciones energéticas compensará parte de la menor liquidación del agro, mientras que la debilidad de la actividad limitará el crecimiento de las importaciones. Sin embargo, advirtió que el escenario puede cambiar rápidamente si aumentan las expectativas de devaluación.
“Si el mercado empieza a esperar una devaluación, el agro demorará la liquidación, el endeudamiento privado seguirá desacelerándose y volverá a acelerarse la formación de activos externos. El partido se juega en las expectativas.”
Una visión similar tiene Christian Buteler, analista financiero, aunque con un tono algo más optimista.
“No encuentro demasiado problema para el tipo de cambio de acá a fin de año. Si bien el segundo semestre tiene menos oferta del agro, el petróleo, con la suba de precios, va a compensar parte de esa menor oferta de dólares. El dólar probablemente acompañe la inflación o suba un poco más.”
A su entender, el Banco Central comprará menos reservas por una cuestión estacional, pero no espera un cambio abrupto en la dinámica cambiaria durante lo que resta del año. Los principales riesgos, dijo, aparecen recién cuando el mercado comience a dolarizar carteras de cara al calendario electoral de 2027.
La política monetaria entra en una nueva etapa
Si el primer semestre estuvo marcado por una fuerte acumulación de reservas y un proceso de reducción de tasas, el segundo podría mostrar un escenario diferente.
Para Pedro Martínez Gerber, economista de PxQ, el Banco Central enfrentará un contexto más exigente, con menor oferta de divisas y menos margen para flexibilizar la política monetaria.
“El segundo semestre siempre es un momento más complejo. No va a haber tanta oferta de divisas como la que hubo en el primero. Aun así, la intención del Banco Central es seguir comprando reservas y, salvo el episodio de ayer, hasta ahora pudo mantener ese ritmo.”
En ese contexto, considera que el Gobierno buscará sostener el atractivo de los instrumentos en pesos.
“Va a haber menos espacio para una baja de la tasa de interés. No vamos a tener tasas reales tan negativas como durante buena parte del primer semestre e incluso podríamos ver algunos momentos de tasa real positiva.”
Asensio coincide en que el foco seguirá puesto sobre la inflación.
“La política monetaria tiene un solo objetivo: bajar la inflación. Lo que emite el Banco Central cuando compra dólares luego es absorbido por el Tesoro. Si hubiera un salto del tipo de cambio que pusiera en riesgo ese proceso, no dudarían en subir la tasa.”
Así, el consenso entre los analistas es que el Banco Central todavía cuenta con herramientas para sostener la estabilidad cambiaria y continuar fortaleciendo las reservas. Sin embargo, el escenario que enfrenta hacia adelante será más complejo que el de los primeros meses del año: habrá menos dólares disponibles, un mercado más sensible al calendario electoral y una política monetaria que probablemente deba mantener tasas más altas para preservar el ancla cambiaria y consolidar el proceso de desinflación.













