

El hallazgo arqueológico más importante de los últimos años sacude al mundo de la historia prehispánica.
En la región de Cusco, Perú, investigadores identificaron el complejo monumental de T’aqrachullo, una ciudadela inca que abarca 17,4 hectáreas y que, en magnitud, se compara con Machu Picchu.
El sitio alberga viviendas, templos y recintos ceremoniales en un estado de conservación notable.

Sin embargo, lo que convirtió al descubrimiento en noticia global fue el volumen del material recuperado: casi 3.000 piezas de metal, entre lentejuelas y adornos de oro, plata y cobre vinculados a rituales incaicos.
Qué encontraron los arqueólogos en T’aqrachullo
El trabajo de campo reveló un complejo urbano prehispánico de gran escala. Las 17,4 hectáreas del sitio incluyen sectores residenciales, espacios de culto y áreas ceremoniales que los investigadores asocian con prácticas religiosas del Imperio inca.

Las piezas metálicas recuperadas, en particular las lentejuelas de oro y plata, son características de las ofrendas y vestimentas rituales que el Tawantinsuyu utilizaba en ceremonias de alto rango.
En este sentido, el hallazgo no solo aporta valor material sino también información sobre la organización social y religiosa del Imperio.

El yacimiento se ubica en la misma región que alberga Machu Picchu, lo que refuerza la hipótesis de que Cusco concentraba una red densa de centros ceremoniales y administrativos aún sin excavar en su totalidad.
Por qué es relevante para Argentina y América Latina
El descubrimiento impacta directamente en la comprensión del patrimonio cultural latinoamericano. Si bien el sitio se encuentra en territorio peruano, la cultura inca se extendió hasta el noroeste argentino, donde provincias como Salta, Jujuy y Catamarca conservan vestigios del mismo período histórico.
En este contexto, el hallazgo de T’aqrachullo renueva el interés en los sitios arqueológicos argentinos vinculados al Tawantinsuyu, como:
- Quilmes, en Tucumán.
- Tastil, en Salta.
- Pucará de Tilcara, en Jujuy.
- El Shincal de Quimivil, en Catamarca.
No obstante, el aspecto que más llama la atención de los expertos es la escala del complejo.
Con sus casi 3.000 piezas recuperadas y sus 17,4 hectáreas, T’aqrachullo redefine el mapa arqueológico de la región andina y abre nuevas preguntas sobre cuántos sitios similares permanecen sin descubrir.


















